14 de octubre de 2008

Prada y los molinos de viento

Porque ves allí amigo Sancho Pança, donde se descubren treynta, o pocos mas desaforados Gigantes con quien pienso hazer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos começaremos a enriquecer, que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios, quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

Que Gigantes, dixo Sancho Pança?

Aquellos que alli ves, respondio su amo, de los braços largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

Mire vuestra merced, respondio Sancho, que aquellos que alli se parecen no son Gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen braços, son las aspas, que bolteadas del viento, hazen andar la piedra del molino.



Hace unos días, como contaban Luis Alfonso Gámez o Mauricio-José Schwarz, Juan Manuel de Prada demostró ser un alumno aplicado de las tesis del "Diseño Inteligente", esa corriente creacionista que, disfrazada con bata de laboratorio, intenta hacer pasar por ciencia lo que no es otra cosa que pura y simple fe. Y con el término "aplicado" no me refiero a que sea brillante o especialmente lúcido; simplemente digo que sigue con toda fidelidad el sistema de argumentación de los que día a día se ganan a pulso el adjetivo de "IDiots".

Como muestra nuevamente esta semana, en un artículo titulado "Incrédulos". Así, cuando dice que

por mucho acopio de información que uno recopilara, nunca podría explicarse por qué el hombre de las cavernas se puso un día a pintar; tampoco podría, por cierto, entender por qué, al salir de las cavernas, se puso de rodillas y empezó a adorar a Dios.


está acudiendo de nuevo al "argumento" creacionista por excelencia: atrincherar a Dios en la ignorancia. Es decir, que como (táchese lo que no proceda)

no hay explicación científica,
o la hay pero él no lo sabe,
o la hay pero no la comprende, no le gusta o no la acepta,
o aun conociéndola y comprendiéndola, afirma que no la hay

acerca de la aparición de las primeras manifestaciones artísticas y religiosas, pues hay que atribuirlas a algún tipo de acción divina.

Se trata de una falacia, por supuesto. Generalmente se la catalogaría como una llamada a la ignorancia, aunque de un modo menos formal la podríamos calificar como "ignorantio elenchi": lo que sucede es que la premisa (el desconocimiento de la causa de algo) no tiene absolutamente nada que ver con el resultado (que la causa en cuestión sea la acción de un "diseñador inteligente", en este caso). Aunque fuera cierto que no sabemos la causa de la aparición de las primeras manifestaciones artísticas o creencias religiosas (y no es cierto, algo sí que sabemos -gracias por el vídeo, Manolo-), eso sólo significa exactamente eso mismo, es decir, que lo ignoramos, no que por ello tengamos que atribuirlo a una acción divina, a la intervención evangelizadora de los extraterrestres del Cinturón de Orión, a una partícula de inspiración impactando en el cerebro de algún primitivo homo sapiens (y homo neanderthalensis, no lo olvidemos) o, en fin, a cualquier otra cosa que se nos ocurra. La ignorancia no es motivo para aceptar, ni siquiera como posibilidad, cualquier explicación, incluyendo las improbables o disparatadas, y lo único que implica es, insisto, sencillamente que no lo sabemos

O quizá habría que decir "que no lo sabemos aún", que es lo que convierte el "argumento" que emplea Prada en algo incluso contraproducente para lo que intenta defender, porque si algo caracteriza a la ciencia es precisamente que va reduciendo esas pequeñas parcelitas de ignorancia o desconocimiento en las que los creacionistas quieren colocar a Dios. Por emplear otro ejemplo IDiota, se ha sostenido que el flagelo bacteriano es uno de esos ejemplos de "complejidad irreductible" que la ciencia no puede explicar y en los que, por lo tanto, se apreciaría la huella indubitada del creador divino. Lo cual pudo ser cierto en su momento, pero desde luego ya no lo es, por mucho que siga habiendo creacionistas que repitan como loritos la misma historia. ¿Se ha reducido Dios cuando la ciencia le ha arrebatado esa parcelita? ¿Se reducirá más cuando se le arrebate otra? Y, teniendo esto en cuenta, ¿no parece razonable suponer que, si se empeñan en mantener como "pruebas" de la existencia de Dios los hechos que la ciencia aún no ha explicado, tan pronto como se encuentre esa explicación naturalista su Diseñador Inteligente puede sufrir el mismo desprestigio que padeció Thor como Dios del Trueno cuando se descubrió la causa de este fenómeno natural?

Para no olvidar, finalmente, otro dato: es cierto que aún hay fenómenos cuyo mecanismo evolutivo desconocemos, "huecos" en la evolución, por así decirlo. Pero en el resto de los casos sí que vamos conociendo esos mecanismos, y son coherentes con la Teoría de la Evolución, de modo que por una elemental aplicación del principio de parsimonia lo más razonable es esperar que la explicación a esos "misterios" sea también coherente con la evolución. Del mismo modo que si tenemos un puzzle con algunos agujeros lo que podemos esperar es que los rellenen otras piezas del puzzle, puestos a hacer de la ignorancia una bandera lo lógico es aceptar que la respuesta a esos interrogantes también cuadrará con la Teoría de la Evolución.

Pero bueno, estas falacias ya las han explicado mucho mejor que yo. Las que comete Prada, en las entradas de Magonia o El retorno de los charlatanes que enlazábamos al principio, y las del Creacionismo y el "Diseño Inteligente" en general en textos tan imprescindibles como el libro de Ernesto Carmena El creacionismo, ¡vaya timo!.

A lo que íbamos hoy es a la "defensa" que hace Prada de sí mismo y sus creencias en su nuevo artículo. Prada no es tonto, o al menos no lo tengo como tal, y por tanto quizá sabe que su argumentación en favor del "Diseño Inteligente" es tan sólida y defendible como un castillo de cartulina, y probablemente es por eso por lo que ahora ha optado por una línea de defensa mucho más cómoda y, en apariencia, mucho más sostenible: el ataque.

Y digo "en apariencia" porque se queda en eso, en apariencia. Y es que dice Prada que

Vivimos una época extraña. El hombre de nuestro tiempo lee, por ejemplo, el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces y sonríe con suficiencia; pero a continuación coge sus ahorrillos y los pone en manos de un agente de bolsa que le ha prometido devolvérselos en unos pocos meses convertidos en una suma fastuosa. Para refutar el milagro del Evangelio, el hombre de nuestro tiempo argumentará empleando las leyes de la ciencia empírica; para aceptar que sus ahorrillos le depararán una fortuna, recurrirá a abstrusas leyes bursátiles de dudoso cumplimiento. Lo cual nos confirma que los incrédulos suelen ser, precisamente, las personas que más denodadamente creen en aquellas cosas que el sentido común juzga increíbles. 

O que

El mismo incrédulo que se burla de la existencia de un cielo donde los justos se están quietecitos, contemplando el rostro de Dios, cree a pies juntillas en la existencia de espectros viajeros que acuden a la llamada de un espiritista.


¿Qué les parece? Desde la "ignoratio elenchi" nuestro amigo Prada se ha pasado con armas y bagajes al empleo del hombre de paja, acometiendo con fiereza contra unos "incrédulos" de pacotilla. Porque "incrédulos" así, por supuesto, existen, y ya decía Chesterton (a quien cita Prada, haciéndole un flaco favor) aquello de que "cuando los hombres ya no creen en Dios no es que no crean en nada, es que se lo creen todo". Pero generalmente esos creyentes en espectros son precisamente los que más dispuestos están a aceptar cualquier explicación mágica, maravillosa, misteriosa o paranormal, y a huir como de la peste de esa misma "ciencia empírica" que tanto yuyu le da al pobre Prada. Atacando a esos "incrédulos" Prada no está atacando a los científicos, sino a sus propios compañeros de trinchera.

Se acerca más quizá a la verdad cuando dice que

El mismo incrédulo que se carcajea de los enfermos que se confían a la intercesión de un santo está convencido de que vivirá más de cien años, gracias a no sé qué avances de la ingeniería genética que hasta la fecha sólo se han verificado en el ámbito especulativo.


Pero en este caso pisa terreno resbaladizo. Ya se encargó Mauricio José Schwarz de llamar la atención sobre el detalle de las gafas que luce Prada en su rostro, gafas que no debe haber obtenido mediante invocaciones a Santa Lucía, sino que funcionan gracias a no sé qué avances de la óptica sin los cuales, seguramente, vería menos que un gato de escayola. Y aunque ignoro por completo su historial médico, me atrevería a decir que, como buena parte de las personas de su generación (que así a ojo es también la mía) está vivo no por los resultados prácticos de sus oraciones a los santos, sino gracias a esa misma ciencia materialista de la que tanto abomina, y que probablemente le proporcionó inmunidad contra la polio, la viruela y la tuberculosis, le evitó más de una infección bacteriana a base de administrarle antibióticos, y posiblemente hasta le haya salvado de alguna que otra enfermedad que habría sido mortal en otros tiempos más lejanos, o dejada al simple cuidado y encomienda de las oraciones a los santos. Es más, puestos a apostar estoy seguro de que llegado el caso de que ese ámbito especulativo del que habla se convirtiese en realidad no le haría ascos a vivir cien años aprovechándose de los avances científicos en lugar de confiar su longevidad a los buenos oficios del santo patrón de los longevos, sea quien sea. Santo patrón que, por cierto, seguramente llevará muerto un montón de tiempo; ¿se burlaba Prada de que alguien crea que los espectros acuden a la llamada de los espiritistas, y acepta sin embargo que algunos de ellos acudan en auxilio de un cristiano devoto? ¿No atenta un poquito eso contra el sentido común?

Y eso que, ya que estamos, tampoco el sentido común es muy buena guía, por mucho que Prada lo llame en su auxilio en el párrafo que citábamos más arriba. Si hacemos caso al sentido común, desde luego La Tierra es plana, los programas de televisión los hace gente pequeñita que vive dentro de los televisores (algo seguramente más aceptable para Prada que cualquier explicación relacionada con la despreciable ciencia materialista), y si usted está leyendo esto es porque he ido hasta su casa para escribirlo sobre la pantalla de su ordenador. Ciertamente, el sentido común también nos dice que las similitudes y el patrimonio genético que el ser humano comparte con otros animales indica la procedencia de antepasados comunes, que cuanto mayor sea esta coincidencia más próximo será el parentesco, y que, en vista de que biológicamente los seres vivos -incluyéndonos a nosotros- estamos compuestos de una larga serie de soluciones de compromiso que van desde lo brillante hasta lo decididamente chapucero, más que de un diseñador inteligente parecemos proceder del ingenio de Pepe Gotera y Otilio.

Y, en fin, el sentido común nos dice también que una persona culta, leída e inteligente como aparenta ser Prada es ya mayorcito como para escribir estas cosas.

Como vemos, las conclusiones que nos proporciona el sentido común pueden ser en algunos casos escandalosamente erróneas, en otras totalmente acertadas y en otras -bueno, en otra- más o menos dudosas. Así que no tiene mucho sentido que Prada lo invoque de nuevo cuando dice que

Hace algunas semanas publiqué en estas mismas páginas un artículo titulado Creacionismo en el que me atrevía a afirmar –¡oh, réprobo!– que la ciencia nunca podrá refutar la intervención divina en el origen del hombre; y que, en cambio, el mero sentido común nos enseña que ciertos misterios que rodean dicho origen no son explicables a la mera luz de las teorías evolutivas.


Porque precisamente el sentido común a lo que nos lleva, como decíamos antes, es a suponer más que razonablemente que si "las teorías evolutivas" han sabido explicar perfectamente el resto de esos "ciertos misterios", los que quedan probablemente tendrán también una explicación evolutiva y perfectamente natural.

Que no tiene que ver con "refutar la intervención divina en el origen del hombre". La ciencia, como Prada debería saber, no se ocupa de esas cosas. La ciencia nos proporciona una explicación de cómo son las cosas. Su por qué, o incluso el hecho de si hay un por qué, son una cuestión de fe ajena al conocimiento científico.

Salvo que la fe se ponga en el camino de ese conocimiento científico, claro. Porque si Prada y los restantes creacionistas siguen empeñados en mostrar esos "ciertos misterios" que aún permanecen como tales como "pruebas" de esa "intervención divina en el origen del hombre", se pueden encontrar en la misma situación en la que se vio Don Quijote cuando acometió contra aquellos gigantes: la dura realidad se impondrá, y conforme el conocimiento científico vaya desentrañando esos misterios conseguirán precisamente eso que ahora niegan, que la ciencia vaya refutando esa intervención divina tal y como ellos la presentan. 

Porque, cachis, lo de los gigantes era muy bonito, pero mira por donde quien tenía razón era Sancho Panza. Justito, justito, como Darwin.


P.S.: En realidad quería haber ilustrado esta entrada con algún vídeo de youtube en el que se pudiera escuchar el "Canta in prato" de Vivaldi, que no tiene nada que ver con el tema, pero que suena parecido a la "cantada de Prada" y además, qué narices, me gusta mucho. Pero no lo he encontrado, así que les dejo con el Quijote, que también me gusta mucho. Y que, para qué negarlo, prefiero con creces a lo poquito que he leído del Prada novelista. 

12 comentarios:

  1. Tengo mis sospechas de que el desagradecido que muerde la mano que le alimenta quiere aprovechar que le llaman la atención por analfabeto científico para hacerse la víctima en un lamentable juego de primero de magufo en el que no deberíamos caer.

    Hay gente que solo vive cuando tiene un micrófono delante o cuando ve que papá por fin le hace caso, no sé si me explico.

    Saludetes. Lola.

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  2. Al filo de su invocación chestertoniana (que no lo acerca en nada al genio de Chesterton), me ha dado por pensar que las excavaciones de Atapuerca confirman cada vez más que eso del arte no es privativo del Homo sapiens, sino que también lo tuvo el Homo neandertalensis... lo cual mete en un brete mayúsculo la argumentación pradiana.

    No creo que Prada sea un magufo. No le pone demasiado interés a su argumentación. Lo que le gusta es oírse. Y leerse.

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  3. En principio estoy de acuerdo con los dos, también creo que lo de Prada es fundamentalmente una "pose", una manera de conformarse al personaje público que él mismo se ha construido. No es que le ponga o no interés a la argumentación, sino que parece más meditada que espontánea. A lo mejor por eso parece poco entusiasta.

    Y en ese sentido puede tener razón Lola, pero no estoy tan de acuerdo. Quizá le estemos haciendo el juego al criticarle, pero creo que de todos modos hay que ponerle públicamente en evidencia. No me importa el personaje, sino lo que dice.

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  4. Pues a mí me parece que Prada es más bien un "militante" activo de su fe. Lo he escuchado a menudo interrumpir a algún contertulio cuando la perorata de este afectaba, siquiera fuera mínimamente, al "Creador" y el tema central fuera otro.

    El hecho de que no sea magufo se explica también muy bien desde el hecho de que las instituciones cristianas condenan todo eso.

    En todo caso, estoy con Yamato, hayq ue poner en evidencia lo esencialmente tonto de su postura.

    (Por cierto, "Las máscaras del Héroe", es, desde mi punto de vista, una magnífica novela. El resto no me convence tanto)

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  5. No quiero decir que no deba criticarse lo que dice (yo también estoy tentada de repasar una a una sus falacias si tuviera un hueco).

    Tengo la sensación de que este tipo en particular es como uno de esos predicadores televisivos que sabe emplear bastante bien los recursos que tiene para jugar al hombre de paja tras hombre de paja porque conoce a su público, la gente que no sabe de ciencia, incluso me atrevería a decir que su público es gente como él, que desprecia la ciencia.

    Es pedante e ignorante, cosas ambas de las que parece presumir con mucha alegría y sabe devolver los ataques con estrategias "de libro" que funcionan con su público, me temo.

    Lo que quiero decir es que ya que sabemos todo esto, si hay que refutar sus tontunas, que sea con estilo y sin que le sea tan fácil jugar al hombre de paja.

    Saludos. Lola.

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  6. Citado en http://golemp.blogspot.com/2008/10/el-hombre-de-paja-y-un-mundo-de.html
    Saludos

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  7. Menos mal que está don Juan Manuel de Prada para informarme en qué creo y en qué no creo. Causa cierta desazón no saberlo. Benditos sean el señor Prada y su práctica de la chestertomancia, que es el arte adivinatorio que permite saber, leyendo a Chesterton, en qué creen los demás.

    Y allá va don Prada, heroico, a seguir luchando contra hombres de paja mental.

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  8. Este hombre no merece demasiada atención. La justa para, como coinciden varios aquí, poner en su sitio lo que dice, que es necesario porque tiene difusión.

    Aunque se haya hecho un hueco editorial y cultive pose de escritor serio o de literatura, no es un artista de calidad. Y está muy desprestigiado como intelectual desde que airea que practica el catolicismo. He visto que algunos lo tratan en sus críticas con un respeto del tipo "aunque sea muy leído y sepa de literatura..."; pero no hay que dejarse engañar por las poses de este mundillo. Como muchos otros, está ahí más por habilidad social, por haberse sabido meter en las cuadrillas de artistas (con Umbral y Garci, por ejemplo), que por ser un intelectual de valía.

    No hay más que leer estos últimos artículos para conocer su altura intelectual. Y no lo digo por lo que defiende, sino por cómo lo hace. Cualquier discusión de lista de correo entre escépticos es más inteligente que estos artículos.

    Nos ha salido porfiado y contumaz en su necedad, como más o menos diría él.

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  9. O estupefaciente, como también diría él mismo (y Ortega y Gasset ante que él -perdón por la odiosa comparación, si alguien la hace).

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  10. Vicente9:10

    Juan Manuel de Prada encaja en una definición de "intelectual" que leí hace tiempo:"Aquel que emplea más palabras de las que necesita, para decir más de lo que sabe". Dicho de otro modo, es un pedante que se ha buscado "un lugar al sol" como tertuliano vociferante.

    Pensad por un momento que este tipo no defendiese estas cosas ¿Se hablaría de él? ¿Lo invitarían a algún programa? Os haré otra pregunta más sencilla ¿Conoceis el título de algún libro suyo que no sea "coños"? Pues eso, sin provocación no es nadie. Su estilo me recuerda al de Sánchez Dragó, es un polemista, pero poco creíble. Parece más el típico niño que se porta mal en clase para llamar la atención.

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  11. estamos compuestos de una larga serie de soluciones de compromiso que van desde lo brillante hasta lo decididamente chapucero, más que de un diseñador inteligente parecemos proceder del ingenio de Pepe Gotera y Otilio.

    Probablemente pienses, como Alfonso el Sabio, que si Dios hubiera podido gozar de tus servicios como consejero habría hilado más fino.

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  12. irichc:

    Me temo que lo que piensa Yamato es que Dios no existe. Y mal se puede ejercer como consejero para un personaje imaginario.

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