16 de noviembre de 2012

Papel de periódico: Tópicos y montañas



Desde que, como cuenta la leyenda, Arquímedes saltó de su bañera y recorrió las calles de Siracusa gritando su famoso “¡eureka!”, “¡lo encontré!”, la imagen típica y tópica del científico es la de un personaje, generalmente masculino, vestido de bata blanca y tan centrado en sus pensamientos que a menudo hasta olvida ponerse los calcetines (la anécdota, en este caso, se la cuelgan a Einstein). Y no es una simple caricatura propia del cine, la televisión o la mala literatura: mucha gente considera normal y hasta deseable que un buen científico se centre en su especialidad, aunque sea a costa de mostrar una ignorancia sobre cualquier otra cosa que no perdonaríamos en cualquier otra persona.

Pero se trata de un tópico: aunque es cierto que la ciencia moderna exige muchas veces un grado increíble de especialización, también lo es que muchos científicos extienden su curiosidad a muchas otras materias, dentro y fuera de la ciencia. Y de hecho hay ocasiones en las que esa curiosidad, esa multidisciplinariedad, les ha permitido salir de algún que otro atolladero científico.



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