26 de septiembre de 2006

El bombo real


Tarde o temprano tenía que pasar. Y ha pasado temprano (demasiado temprano, si hacemos caso de las prescripciones médicas tras un parto con cesárea). La princesa esta trist... digo, está embarazada, y se reabre la discusión sobre la reforma de la Constitución. En concreto, sobre ese artículo 57.1 que dice eso tan feo de que

La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.


(Las cursivas son mías).

Reforma que, dicho sea de paso y con los tiempos que corren, seguramente se extenderá al resto del Título II, para poner esas cosas tan rematadamente cursis que se ponen ahora. Por ejemplo, el artículo 57.2 quedaría monísimo diciendo que

El Príncipe heredero o la Princesa heredera, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, tendrá la dignidad de Príncipe o Princesa de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor o sucesora de la Corona de España.


Y el 62.2, no digamos:

El Príncipe heredero o la Princesa heredera, al alcanzar la mayoría de edad, y el Regente o Regentes o Regenta o Regentas al hacerse cargo de sus funciones, prestarán el mismo juramento, así como el de fidelidad al Rey o Reina.


Y si eso les parece confuso no se quejen, que no es nada al lado del lío que nos armaríamos con el artículo 58:

La Reina consorte o el consorte de la Reina o la consorte de la Reina o el consorte del Rey no podrán asumir funciones constitucionales, salvo lo dispuesto para la Regencia.


Pero en fin, que no iba por eso la cosa.

Decía que el embarazo letiziense ha disparado de nuevo el debate sobre esa anacrónica disposición que dice que tendrá preferencia para sentarse en el trono, dentro del mismo grado, el varón sobre la mujer. Debate que no se centra en la conveniencia o no de eliminar esta norma (en lo que todos estamos de acuerdo), sino más bien en su oportunidad: el Título II está "blindado", porque los redactores de la Constitución pensaron -con acierto, en mi opinión- que un cambio en la forma política del Estado tiene tal trascendencia que requiere un procedimiento excepcional para llevarlo a cabo. Pero no se dieron cuenta -y ahí metieron la pata hasta las cejas- de que a lo mejor no se trataba de derrocar a la Monarquía, sino simplemente de hacer una pequeña modificación... que trae consigo un lío monumental.

Y es que el procedimiento, detallado en el artículo 168 de la propia Constitución, consiste en la aprobación de la reforma por mayoría de dos tercios tanto en el Congreso como en el Senado para, a continuación, disolver las Cortes, convocar nuevas elecciones, y someter de nuevo la reforma a la aprobación del Congreso y el Senado, también por mayoría de dos tercios. Y para redondear la fiesta, la reforma debe ser ratificada en referéndum.

Claro, a los políticos lo de referéndum les trae más o menos sin cuidado, pero lo de disolver las Cortes y convocar elecciones, tal y como están las encuestas, les da más miedo que un nublao. De hecho, con la sequía que padecemos, les da muchísimo más miedo que un nublao.

Así que por un lado tenemos a nuestros políticos a punto de ponerse de acuerdo en que la reforma es necesaria y urgente, y que la dejarán para más tarde, y a tertulianos y opinadores de todo pelaje apretando filas sobre la conveniencia de reformar el artículo 57.1 para, dicen "evitar discriminaciones".

Y a eso es, por fin, a lo que iba.

Dicen que suprimiendo la preferencia del varón sobre la mujer se evitan discriminaciones. Pues no. Si acaso, se reducen un poco. Pero no se "evitan" porque, para empezar, todo el mundo parece estar de acuerdo en que eso valdrá para los nietos del Rey, pero no para sus hijos: el sucesor al trono es y debe ser, dicen, el Príncipe Felipe. Y lo dice, insisto, todo el mundo. Bueno, casi.

Pero ni siquiera dando el cambiazo principesco y nombrando sucesora a la Infanta Elena se arregla la cosa, no. Porque por mucho que fastidie a esos opinadores tan correctos, el caso es que seguirá habiendo discriminación por razón del nacimiento.

Porque, vamos a ver, ¿por qué tienen que ser herederos al trono los hijos y descendientes de Juan Carlos I, y no, pongamos por caso, los de Manuel Pérez García? ¿Por qué no los suyos, o los míos?

Así que, ya que vamos a toquetear el Título II de la Constitución "para evitar discriminaciones", hagámoslo con todas las consecuencias. Que se puede hacer incluso conservando la Monarquía, no crean. Y hasta dando gusto a la prensa rosa, que ya se está relamiendo con los nueve meses que nos quedan a cuenta del "bombo real".

Porque lo que yo propongo es eso, un "bombo real". O sea, que la condición de Rey (bueno, vale, "o Reina") se confiera mediante un sorteo, aprovechando los medios del Organismo Nacional de Loterías. Vamos, mediante un bombo.

En un principio había pensado en proponer que el sorteo fuese diario. Así incrementaríamos las posibilidades de que todos fuésemos "Reina por un día" (bueno, vale, o "Rey por un día"). Pero luego he pensado que a lo mejor el afortunado tiene algún compromiso precisamente ese mismo día (la boda de un primo segundo, un "Barça-Madrid" o cualquier otro de esos "partidos del siglo" que se producen cada mes, una cita ineludible con el dentista...) y resulta que nos quedamos sin Rey, con todos los trastornos que eso supondría para la marcha del país. Además, hay que reconocer que un día es muy poquito tiempo para ocuparse del esquí en Baqueira, la regata en Mallorca o cualquier otro de los numerosos quehaceres regios.

No. Mejor por un año. Un sorteo anual, que podría coincidir con el de la Lotería de Navidad. Incluso con señor calvo anunciándolo y todo, aunque quizá conviniera cambiar el vals de "Doctor Zivago" del anuncio por una versión adecuada de la Marcha Real. Y en vez de décimos, se participaría con el número del DNI, con lo cual nos ahorraríamos tener que comprar la participación pro viaje de fin de curso de los alumnos del curso SEIP de diplomado en parapsicología que todos los años viene a vendernos el hijo del vecino del quinto.

Piénsenlo. En primer lugar, todos tendríamos una posibilidad razonable -y sobre todo igualitaria- de llegar a ser reyes. Sin necesidad de seguir el engorroso procedimiento habitual, es decir, que tu papá sea Rey y nazcas antes que tus hermanos. Y sin necesidad de organizar oportunos "accidentes de caza" para esos hermanos mayores, o despanzurrar al Rey anterior en singular combate, o cualquiera de los demás métodos que, aunque hoy en día están en desuso, también sirvieron en su época para inaugurar nobilísimas dinastías reales.

A la ilusión de comprar el periódico la tarde del 22 de diciembre para ver si te ha tocado alguna "pedrea" o la misma nada de todos los años se añadiría la de ver si te ha correspondido ser Rey, o si el agraciado ha sido alguno de tus vecinos, familiares y conocidos. ¡Hasta podríamos darle un nuevo significado al Día de Reyes, aprovechando para coronar al ganador del sorteo!

¿Y qué me dicen de la animación que supondría para la vida social? Imaginen lo que sería para los periodistas de las vísceras poder cotillear acerca de una nueva Familia Real cada año. Por no hablar de los ex-monarcas de años anteriores. ¡Si hasta podrían montar un "Gran Hermano Real" o un "La Isla de los ex-Reyes" para solaz y esparcimiento de la mente y del espíritu!

Y todo ello, como decía, sin necesidad de meternos en engorros de cambio de régimen político. Y, sobre todo, eliminando absolutamente todas las discriminaciones por razón de sexo, primogenitura o nacimiento. Absolutamente todas.

Y manteniendo el "bombo real", que chifla a tanta gente.

Y ahora les dejo, que estoy trabajando en una idea que he tenido acerca del nombramiento de los ministros y el cupón de la Once...

3 comentarios:

  1. Yo ya estoy apuntado, pero, mejor que para rey, preferí para pariente cercano que no pega chapa pero que está en todos las fietas. Ya sé saludar con la mano como escayolada, y todo.

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  2. Menuda ecografía, genial. Yo sobre el particular me remito a mi blog, y no es por hacerme publicidad, pero es que no entiendo por qué se confunden y creen que cambiando un artículo se moderniza la monarquía?

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  3. Buenas:

    Yo también había pensado en esto :D, y no te creas que tan en broma... recuerdo que había por ahí un relato de cf en el que el megaordenador al mando elegía un ciudadano de entre todos, al azar, para hacer de "presidente" (un puesto meramente figurativo, justo como el de...) durante un añito.

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