27 de noviembre de 2010

El pleito imposible de ganar

Cuenta Guillermo en La Aldea Irreductible la historia (o quizá chascarrillo) del pleito imposible de perder... y que sin embargo se perdió. Sin embargo, la anécdota, aunque es divertida, tiene su trampa: en realidad lo que había en aquel caso eran dos pleitos, no uno solo.

Y, sin embargo, sí que ha habido al menos un pleito que era imposible de perder. O de ganar. O ambas cosas. O ninguna, según se mire.

El primero de los protagonistas del caso se llamaba (y se sigue llamando, hasta donde yo sé) Robert Lee Brock, aunque es más conocido como "Two Souls Walker", un apodo que hasta suena poético y todo, ¿verdad? La carrera judicial de Brock se inició hace ya unos cuantos años, a consecuencia de un involuntario cambio de domicilio: tras haber sido pescado por la policía cometiendo un robo pasó a residir en la prisión estatal de Virginia, en EE.UU.

Muchas personas, al entrar en la cárcel, deciden dar un cambio radical en su vida. Eso mismo hizo "Two Souls Walker": dejó de ser el azote de las casas ajenas para convertirse en el azote de los tribunales, exigiendo que respetasen sus derechos más elementales. Tal y como relata esta resolución del Tribunal de Apelación, Brock


...presentó veintinueve apelaciones ante este Tribunal solo en 1995-96, haciendo de él uno de los más frecuentes litigantes, si no el que más, en esta demarcación judicial.

Brock tiene una larga historia de apelaciones frívolas, en lo que parece un esfuerzo para minar el sistema legal que le envió a prisión. A lo largo de su hisotira litigiosa, Brock se ha quejado acerca de todos los aspectos de su tratamiento legal y las condiciones de la prisión, incluyendo, entre otros, comida, vestuario, acceso y malas condiciones de la biblioteca jurídica de la prisión, reparto del correo, agua caliente, el incorrecto emplazamiento de un espejo para discapacitados, teléfonos, necesidades de la cantina, suministros de material artístico, estrés mental y el precio del café. Una de las apelaciones anteriores de Brock, interpuesta cuando solo tenía pendientes treinta reclamaciones en varios juzgados, exigía "un millón de dólares por crueldad mental y crueles e inusuales castigos" porque las enfermeras de la prisión dijeron que no cuando Brock les pidió que sus comidas contuvieran "carne extra" o "vitaminas en vez de vegetales". El Tribunal del distrito desestimó este caso por frívolo. Brock respondió interponiendo numerosas demandas adicionales, incluyendo una reclamación contra la víctima del delito por el que fue encarcelado...

El Tribunal sigue relatando que Brock interpuso en su día demandas por terribles violaciones de sus derechos constitucionales, como que


...había sido "alojado con negros" y que "estaba encarcelado a doscientas millas de su familia".

La cosa llegó hasta el extremo de que en otra de sus reclamaciones Brock solicitaba

...entre otras cosas la reconsideración de todas sus demandas previas y el pago de 72.000.000 de dólares como indemnización.

Sin embargo, todo esto cambió en 1995, cuando por lo visto Brock se dio cuenta de que la culpa de sus tribulaciones no era del sistema judicial, sino de su propia conducta. De modo que decidió demandar al otro protagonista de la historia, que es... sí, lo adivinaron: Robert Lee Brock, alias "Two Souls Walker".

Basaba su demanda en que la conducta del demandado (o sea, la suya) había llevado al demandante (a él) a una situación de alcoholismo y delincuencia a consecuencia de la cual el demandante (y demandado) había dado con sus huesos en la cárcel. Por lo cual solicitaba su propia condena al pago de una indemnización de cinco millones de dólares.

Pasta que el demandado, por supuesto, no podía pagar debido a que, al estar en prisión, carecía de ingresos. De modo que el demandante exigía que fuese el Estado de Virginia, como responsable último de esa falta de ingresos, quien se la pagase.

Ingenioso, ¿verdad? De hecho, demasiado ingenioso, como debieron pensar los Tribunales. Que, por supuesto, desestimaron la demanda y la correspondiente apelación.

Así que, en definitiva, el pobre Robert Lee Brock también perdió el pleito... incluso cuando se demandó a sí mismo.


P.S. para curiosos: dado el historial del pájaro, quizá se pregunten ustedes de qué iba el caso en el que el Tribunal de Apelaciones relataba su larga carrera de pleitos.


Pues se trataba simplemente de que Brock demandaba a las autoridades penitenciarias porque, según afirmaba, estaba


..."siendo bien envenenado o bien sometido a un experimento", ya que uno de los ingredientes listados en la etiqueta de la botella de sirope para las tortitas servidas en la prisión es glicol de propileno, que el demandante afirma que se emplea también en desodorantes y anticongelantes.


El Tribunal decidió... bueno, seguro que eso ya lo han adivinado, ¿verdad?



Los antivacunas y su derecho de vida y muerte



Tarde o temprano tenía que ocurrir: los movimientos antivacunas, que poco a poco se han ido introduciendo en nuestro país, ya se hacen notar por las consecuencias de su postura. Por suerte esta vez las autoridades sanitarias han reaccionado a tiempo, y el escándalo de lo sucedido en Granada parece que ha animado a que sectores habitualmente bastante pasivos ante las supercherías científicas (a veces incluso cómplices de ellas) vayan movilizándose y advirtiendo a la sociedad de los peligros de esta moda. Algo es algo.

Por desgracia, en estos tiempos en que los medios de comunicación se han olvidado por completo de la Ley de Okrent, que los movimientos antivacunas salgan a la luz pública implica también que se les ceda espacio en los medios de comunicación para que puedan exponer sus "argumentos".

La mayoría de ellos se basan simplemente en ideas erróneas. Otros, en creencias insostenibles o puras y simples estupideces. Pero, en todos los casos, su última línea de resistencia es la misma: la negativa a la vacunación como expresión de libertad individual. Es lo que, por ejemplo, hemos podido escuchar esta tarde en es.radio, cuando un tal Juan Manuel Marín, que no ha tenido reparos en indentificarse como médico y "colaborador científico" de la "Liga para la libertad de vacunación" (organización que encuentro tan especialmente indeseable que me tendrán que perdonar que no ponga ningún enlace a ella) y que ha defendido varias veces su postura como una especie de ejercicio de un derecho inalienable.

Dejemos de lado el resto de sus argumentos, consistentes en una mezcla amorfa de falacias y embustes, y vayamos con aquello de que a este señor le escandalice que las autoridades sanitarias, previa autorización judicial, hayan tomado

medidas que, bueno, que pueden cuestionar digamos los derechos civiles y constitucionales de las personas que deciden no vacunar, ¿no?

Pues no. Evidentemente eso de la "libertad" es muy importante para ellos (como ha recalcado por detrás una locutora del programa), y que presentan esto como una "decisión personal" (como ha acabado resaltando el presentador, Luis Herrero). Pero dejémonos de ensoñaciones y vayamos a la cruda realidad.

Para empezar, no deberíamos olvidar que estos individuos no defienden su libertad para decidir si se vacunan o no o; lo que ellos reclaman es un supuesto derecho a decidir si vacunan o no a sus hijos. O, dicho de otro modo, si los someten a un procedimiento que ha demostrado de forma irrebatible su eficacia para prevenir enfermedades que pueden ser graves y hasta mortales, o los exponen al riesgo de contraerlas.

Vale, es un derecho. O, mejor dicho, lo fue, porque entraría dentro de las facultades derivadas del ius vitae necisque, el derecho de vida y muerte de los primeros siglos de Roma, que confería al paterfamilias, al cabeza de familia, la facultad de decidir sobre la vida y la muerte de sus hijos. Y es que, para el Derecho Romano arcaico, los hijos eran una más de las propiedades del padre (que de hecho también podía ejercitar el ius vendendi y venderlos) quien podía legítimamente hacer con ellos lo que le diera la real gana.

Pero, por suerte, hoy en día las cosas no son así. Los menores de edad son también sujetos de derechos, y merecen protección incluso ante las decisiones desquiciadas de sus padres. La libertad de los padres les permite decidir si se vacunan o no o, ya puestos, si se hacen o no un piercing, si se cortan una oreja para guardarla en un frasquito como recuerdo, o si se queman a lo bonzo para protestar contra el hecho de que actualmente se considere a los niños como personas y no como meros objetos. Incluso tienen el derecho a educar a sus hijos en el sistema de creencias que deseen, por desquiciadas y peligrosas que sean, como en este caso. Pero lo que ninguna defensa de la libertad individual puede amparar es que los padres tengan derecho a exponer a sus hijos a riesgos perfectamente evitables y que, a veces, pueden resultar mortales.

Pero es que hay más: estos irresponsables no solo pretenden tener el derecho de decidir si ponen en peligro o no la vida de sus hijos, sino que además también creen que pueden hacer lo mismo con el resto de las personas de su entorno. Además de la inmnunización individual, la vacunación tiene un efecto de inmunización de grupo: cuanto mayor sea el porcentaje de personas vacunadas, menor será la posibilidad de que alguien infecte a las no vacunadas. Un ejemplo dramático lo comentamos aquí hace algún tiempo, pero merece la pena repetirlo: la pequeña Dana McCaffery, el bebé de la foto que encabeza esta entrada, murió con tan solo cuatro semanas de edad a consecuencia de la tosferina. La tosferina había sido prácticamente erradicada en Australia, como en el resto de los países desarrollados, pero la creciente presencia de grupos antivacunación hizo que volvieran a aparecer brotes de la enfermedad, y una de las personas que se contagiaron fue la pobre Dana, que aún era muy pequeña para recibir la vacuna.

Hoy los padres de Dana luchan para hacer comprender la irracionalidad y, sobre todo, la irresponsabilidad de los grupos antivacunación. No estaría de más que aquí hiciésemos todos lo mismo, especialmente los medios de comunicación.

Antes de que esos "derechos civiles y constitucionales de las personas que deciden no vacunar" desemboquen en la muerte de una pequeña Dana en nuestro país.


Actualización. Absolutamente imprescindible: Qué atrevida es la ignorancia... sobre las vacunas.

24 de noviembre de 2010

Una de fantasmas

Cuando este blog hace una visita a los fantasmas (o, bueno, cuando los fantasmas visitan este blog, que también sucede) suele hacerlo en un tono muy diferente del de esta entrada, pero seguro que sabrán entender el cambio de registro.

El pasado mes de julio Kurioso lanzó una interesante iniciativa: fotografiar la España fantasma, los lugares públicos de una España cuyas calles iban a estar vacías durante la final del mundial de fútbol de Sudáfrica. No sé si esperaba que aquello tuviera la repercusión que tuvo, pero fuimos muchos los que participamos (reconozco que en mi caso con muy poca fortuna) y contribuimos a crear una imagen absolutamente insólita de nuestro país.

La cosa hubiese podido quedarse ahí. O un poco más allá, si tenemos en cuenta que Kurioso se las arregló para que La Información patrocinase un premio entre los participantes. Pero claro, él no podía dejar las cosas quietas, no, así que siguió moviéndose y ahora tenemos esto:






Se trata, ya lo ven, de un espléndido libro de fotografías que ya está a la venta, y cuyos beneficios irán destinados íntegramente a un proyecto que Save the Children desarrollará en Sudáfrica.

La historia la cuenta mejor que nadie el bueno de Kurioso, que habla de quiénes le han ayudado y menciona también a algunos de los que no han querido hacerlo, los verdaderos fantasmas de esta historia. Lean la entrada, que merece la pena.

Pero luego no le hagan caso: no compren un libro. Es decir, no se limiten a comprar un solo libro. Que las fiestas ya están aquí, todos tenemos compromisos y, vaya, además de una labor solidaria es un regalo estupendo, ¿verdad? Y ustedes, por supuesto, tampoco se van a quedar sin su ejemplar, digo yo...

22 de noviembre de 2010

El ombligo del "Hombre de la Sábana"

"Omphalos", que significa "ombligo" en griego, es el nombre que ha recibido una hipótesis formulada en 1857 por Philip Henry Gosse, un naturalista británico que se empeñó en intentar reconciliar las evidencias acerca de la antigüedad de la Tierra con la doctrina cristiana que situaba la Creación del mundo hace menos de diez mil años.    El mismo lo declaraba ya desde el primer momento, puesto que su libro, titulado precisamente Omphalos, incluía como subtítulo, con juego de palabras incluido, Un intento para desatar el nudo geológico.


Y es que Goose escogió como ejemplo para ilustrar su propuesta precisamente el del omphalos, el ombligo. Concretamente el de Adán y Eva. Según la teología cristiana más rancia, Adán y Eva no tenían ombligo, puesto que, al haber sido directamente creados por Dios en lugar de nacer de una madre mortal como cualquier hijo de vecino, evidentemente no podían mostar esa cicatriz dejada por el cordón umbilical. Y, ojo, al decir "rancia" me refiero a eso, a rancia y trasnochada, lo cual no quiere decir que sea del todo cosa del pasado...

El planteamiento de Goose, en cambio, era que Adán y Eva habían sido creados con ombligo y, del mismo modo, la Tierra y el Universo entero habían sido creados ya con signos de antigüedad, como si llevasen miles de millones de años dando vueltas por ahí.

Aunque a primera vista pueda parecer una solución genial, la hipótesis del omphalos no deja de tener sus consecuencias negativas. Al fin y al cabo, implica considerar a Dios como un gran mentiroso que ha creado una gigantesca farsa cualquiera sabe con qué peregrinos propósitos. Pero como para esto último los teólogos siempre tienen respuestas (aunque solo les satisfagan a ellos), la idea fue rápidamente acogida entre muchos cristianos, que aun hoy en día siguen defendiéndola con todo el morro.

Lo cual nos lleva al famoso Hombre de la Sábana, que es como llaman los creyentes en la Sábana Santa de Turín al personaje dibujado en ella cuando prefieren no reconocer abiertamente que se trataba del mismísimo Jesucristo en carne mortal carne y hueso.

Y es que el otro día, gracias a las alertas de Google, me tropecé nada menos que con esto:


Se trata de la consulta de un atribulado fiel a un experto (por lo visto, un sacerdote), formulada en los términos siguientes:

En la Sabana Santa(en la que creo como auténtica reliquia)las huellas de los clavos están en las muñecas de Nuestro Señor, que es el lugar donde, anatómicamente además, se corresponde con el único lugar posible (asi opinan los expertos)en donde un clavo que la atraviese podrìa aguantar(la muñeca)el peso del cuerpo, por estar los huesecillos del carpo unidos por una poderosa unión ligamentosa, lo cual abunda en el realismo, historicidad y autenticidad de la Síndone. ¿Cómo se explica entonces que en los Santos con los Estigmas de Cristo aparezcan en las palmas de las manos y no en las muñecas?

La pregunta, la verdad, no es nueva. Modestamente, yo mismo la dejaba caer en el primer acto de Tomás y la Sábana Santa, trepidante drama sacro que por cierto prometo terminar cualquier día de estos. Y, la verdad, cuando yo la he planteado la respuesta que he obtenido ha sido bastante típica, pero claramente insuficiente.



El autor de la consulta, sin embargo, formulaba una posible solución:

En su sabiduría infinita,pienso humildemente,la diferencia de posición permite a estos Santos estigmatizados valerse mejor con sus manos y decir Misa.

Que no está mal pensada, la verdad. Lo malo es que, teniendo en cuenta que muchos de esos "Santos" emplean sus estigmas para forrarse a costa de la ingenuidad de los crédulos creyentes, el desplazamiento en la posición de los clavos puede ser un inconveniente: resulta difícil llenarse las manos de dinero si luego se le va a ir cayendo a uno por los agujeros...

El responsable del consultorio, por su parte, reconoce que

Solo que esa misma extrañeza la comparto yo, y no tengo una explicación que darle.

Pese a lo cual, como buen teólogo, pasa a continuación a darle esa explicación que decía que no tenía:

Solo se me ocurre lo de que Dios quiera que se produzca esa expulsión de sangre en un sitio más visible como tengo entendido en el Padre Pio.

Una explicación que contiene un matiz sutil pero importante: el experto habla en este caso solamente de "expulsión de sangre", lo cual permite obviar la cuestión de los agujeros, que en caso de los estigmatizados suelen brillar por su ausencia. El único pero es que esta explicación da pie a que sigamos tirando del hilo y lleguemos a la conclusión de que, a lo mejor, quienes buscan esa mayor visibilidad son los propios estigmatizados, sin necesidad de intervención divina alguna...

Lo cual nos deja... bueno, con la intervención, un poco más abajo, de Andrés Brito, que dice que

Soy el Delegado en Canarias del Centro Español de Sindonología (www.linteum.com). Esta pregunta me la han formulado en varias ocasiones y, si bien no hay una respuesta "oficial", creo poder apuntar una línea de reflexión: los estigmas son un signo MÍSTICO, no anatómico. Por tanto, su función no es motrar CÓMO y DÓNDE claravon a Jesús en la cruz, sino LOS MOTIVOS por los que Jesús permitió este martirio. De haber aparecido en la muñeca no hubieran sido interpretados por los estigmatizados como signos de la Pasión, puesto que ellos desconocían las investigaciones médico-forenses efectuadas sobre la Síndone, y les hubiera generado confusión y no piedad. Dios se adapta a la mentalidad y grado del conocimiento del vidente a la hora de mostrar sus revelaciones, cosa que también aparece en la misma Biblia cuando vemos a los profetas expresando las enseñanzas divinas con las categorías mentales y filosóficas de su entorno y época. Es un ejemplo de la pedagogía de Dios a la hora de comunicarse con Su pueblo. Gracias.

Que es, en fin, una explicación absolutamente maravillosa. En primer lugar por eso de que los estigmas no sirven para "motrar CÓMO y DÓNDE claravon a Jesús en la cruz, sino LOS MOTIVOS por los que Jesús permitió este martirio"; bueno, digo yo que para eso Dios les debería haber dado un cartelito explicativo en lugar de convertirlos en una especie de anuncios ambulantes de una película de cine gore. O haberlos dotado de la suficiente labia como para dar esa explicación, en vez de dejar que sigan diciendo las simplezas de siempre y, encima, vayan por ahí dejándolo todo perdidito de sangre.

Y, sobre todo, porque lo que esgrime este señor es ni más ni menos que una actualización de la hipótesis del omphalos aplicada a los clavos de la crucifixión. Algo así como una hipótesis del piercing umbilical. Lo que viene a decir este experto es que Dios, en lugar de molestarse en sacar de su error a los estigmatizados y a su enfervorizado público, perpetró un auténtico fraude pío. Y ojo, no me refiero a que el Padre Pío sea un fraude (que también), sino a que todo este montaje de los estigmas en las manos sería, siempre según este reputado sindonólogo (con perdón por el oxímoron), un pia fraus, una falsedad perpetrada en nombre de la religión.

Lo cual, desde mi punto de vista, no parece muy de recibo. Aunque, bien mirado, teniendo en cuenta que estamos hablando de la Sábana Santa, a lo mejor eso de intentar explicarla hablando del fraude pío no anda tan desencaminado...

19 de noviembre de 2010

Homeopatía en la Universidad de Sevilla: no todo van a ser malas noticias

Pues eso, que a veces se ve brillar una lucecita en la oscuridad:


El hecho de que Eugenio Manuel Fernández Aguilar vaya a impartir esta charla, dentro del ciclo de Divulgación Matemática para la Química, es ya toda una garantía, y una buena noticia para la ciencia, a la que los responsables (con perdón) de la Universidad de Sevilla parecen empeñados en vapulear de lo lindo.

Pero, además, la noticia también es buena para los creyentes en la homeopatía: este humilde blog está en condiciones de confirmar que Eugenio Manuel se suicidará durante la charla, mediante la ingestión de una sobredosis de un remedio homeopático. Así que, si tienen razón y la homeopatía funciona, se quitarán de encima a un escéptico de talla.

Aunque, a la vista de los precedentes, yo no contaría con ello...