1 de octubre de 2010

¿Se estrellará la Universidad de Alicante?

Es lógico que para un astrónomo, profesional o aficionado, la astrología resulte especialmente rechazable. La astrología no solo no tiene nada que ver con la realidad de los objetos celestes, sino que ni siquiera tiene nada que ver con la simple apariencia del cielo. Es una bobada de principio a fin.

Por eso el anuncio de que la Sede Ciudad de Alicante de la Universidad de Alicante va a albergar una "Jornada de Divulgación Astrológica" resulta patético. Y doloroso: la Universidad de Alicante destaca precisamente por la labor de divulgación de la astronomía que lleva a cabo tanto institucionalmente como a través de sus profesores, sus alumnos y sus ex alumnos.



Por eso no es raro que desde que Luis Alfonso Gámez diera la noticia se hayan sucedido las reacciones pidiendo al Rectorado de la UA que rectifique. Tal y como contaba Javier Armentia, la Sociedad Española de Astronomía ha hecho pública una nota de protesta. Magonia informaba más tarde que los astrónomos de la propia Universidad de Alicante también habían protestado ante el Rector. Y Círculo Escéptico, por supuesto, ha enviado también su propio mensaje.

Y es que, claro, semejante burrada ha conseguido que el buen nombre de la Universidad de Alicante se una a una pseudociencia (además, como decíamos, especialmente boba), como ya han reflejado La lista de la vergüenza o incluso el diario Público, así como iniciativas particulares como la de Mauricio José Schwarz y comentarios como este de Homínidos.

Y los últimos (de momento) en unirse a la protesta son los amigos de la Agrupación Astronómica de Alicante, que se las han apañado para expresar una protesta contundente y, al mismo tiempo, lograr que los demás tengamos muy poco que añadir. Lean, lean:


Estimados Amigos de la Sede Universitaria Ciudad de Alicante:

Advertidos por diversos medios de la celebración de lo que podría llamarse "Jornada Astrológica"  en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante, quisieramos manifestar nuestra opinión sobre esta incalificable agresión contra el conocimiento y el sentido común, en no menor medida que contra la propia dignidad universitaria alicantina.

La Universidad de Alicante tendría que ser coherente y a partir de ahora reformar por completo su configuración. No debería limitarse a este evento, sino que debería cambiar la Facultad de Química por la de Alquimia, la Facultad de Ciencias de la Educación por la de Parapsicología, y la escuela de Enfermería por la de Chamanismo y Curanderismo. Tendría que eliminar la Facultad de Ciencias, o tal vez complementarla con una Facultad de Seudociencias, que incluya también la enseñanza de la magia, el esoterismo y las llamadas ciencias ocultas. Tendría, en una palabra, que proclamar la Contrarreforma y volver a la Edad Media de manera explícita. La admisión en la Sede universitaria alicantina de enseñanzas seudocientíficas como la astrología es un golpe bajo a las aspiraciones de la Ilustración, que nos retrotrae a los momentos históricos presididos por la superstición y la más embrutecida irracionalidad. Simboliza, en suma, el intento de destruir todo lo conquistado desde la Revolución Científica de 1600.

Así ocurre porque es mucho más fácil estafar a los incautos que buscar la verdad y ponerla en práctica. Además, es rentable. Una persona sin estudios puede aprender toda esa farsa anticientífica en pocos días y no necesita estudiar durante décadas. Puede empezar a ganar dinero enseguida. La única motivación es comercial, no hay motivación intelectual.

Por el contrario, el método científico es la única garantía contra el fanatismo y el dogmatismo. Exige la comprobación empírica y demostración lógica. No se acepta nada que no sea comprobable en principio. Se opone al dogmatismo y fanatismo, razón por la cual es tan criticado desde posiciones fundamentalistas y pseudocientíficas. Prescindiendo de él, todo resulta más fácil a los embaucadoresl, porque entonces no es necesario estudiar ni saber.

En todo caso esperamos que recapaciten e impidan -aunque sea tarde y mal- esta ofensa a la dignidad intelectual de los alicantinos, cuya exclusiva responsabilidad moral recaerá en aquellos que la han autorizado, quienes, a su vez, dejan en evidencia cuán holgados les vienen los puestos académicos que desempeñan.

Rafael Alemañ
Vcpte. AAA



Sinceramente, a mí también me gustaría que la Universidad de Alicante recapacitara e impidiera esta barbaridad. Pero, por si acaso, no estaría de más que siguiésemos haciéndoles saber nuestra preocupación y nuestra indignación, al Rectorado y a la dirección de la Sede Ciudad de Alicante. Ni la astronomía, ni los alicantinos, ni la Universidad de Alicante se merecen esto.

25 de septiembre de 2010

Cosmos y Público

Lo que más recuerdo de la emisión original de Cosmos en televisión es una sensación de sorpresa. Sorpresa por lo que contaba Carl Sagan, por la forma tan clara en que lo hacía y, también, por el modo en el que lograba no solo mostrar su entusiasmo por las maravillas de lo que nos rodea, sino incluso contagiarlo. Sagan no se limitaba a enseñarnos el Universo: nos subía a su nave y nos hacía acompañarle en ese viaje personal.

Han pasado ya tres décadas desde su estreno, y la ciencia ha avanzado mucho. Sin embargo, Cosmos ha resistido muy bien el paso del tiempo, en parte por una sabia selección de contenidos, pero sobre todo porque el entusiasmo de Sagan sigue siendo igual de contagioso que entonces. Poco importa que la serie no pudiera recoger los descubrimientos del Grand Tour de la Voyager II, las huellas sobre el suelo de Marte dejadas por el Sojourner o las imágenes captadas por el Hubble, porque lo que logra Sagan es, sobre todo, despertar el interés por esos descubrimientos. Por conocerlos, por comprenderlos y, también, por disfrutarlos.

A partir de mañana, el diario Público ofrece a sus lectores la serie Cosmos en DVD. Es una iniciativa estupenda por parte del periódico, que sigue la línea que ha permitido a su sección de ciencia (y esto es casi una primicia) obtener el Premio Prismas de la Casa de las Ciencias de La Coruña. Pero, más que al periódico a quien hay que felicitar es a quienes van a tener así la posibilidad de conocer, o de recordar y volver a disfrutar, esta estupenda serie. No se la pierdan.

23 de septiembre de 2010

ABC, naufragando entre las aguas del Mar Rojo

Vaya semanita que lleva la sección de ciencia de ABC. Si el otro día nos pasmábamos con la noticia de las fotos que un "investigador" aseguraba haber obtenido del asteroide 2010RF12 (que, a pesar de ser falsa hasta el ridículo, por increíble que parezca sigue estando en la edición digital del periódico y en lugar destacado de la portada de la sección),


hoy los ¿responsables? de la sección nos obsequiaron con esto:


Sí, han leído bien el titular. Dice

Un fuerte viento le abrió a Moisés las aguas del Mar Rojo

Así, con un par.

¿Se han recuperado ya? Pues sigamos. Según el artículo,

Un viento de unos cien kilómetros por hora pudo haber provocado la separación de las aguas en el Mar Rojo y permitido el paso de los israelitas guiados por Moisés, tal como relata la Biblia en el Exodo, según un estudio basado en catorce modelos realizados por ordenador.

Curiosamente, el autor (que, al César lo que es del César, se llama Emili J. Blasco) no parece mosquearse ni lo más mínimo cuando añade a continuación que

La investigación no busca negar la intervención divina, sino examinar la posibilidad de que efectivamente las aguas se abrieran y ofrecieran el cruce a pie a través del lecho del mar, algo a lo que da credibilidad.

Una declaración de intenciones como mínimo un tanto desconcertante. Como desconcertante es que ante esto el autor no realizase una mínima investigación que le hubiese llevado a localizar imágenes tan reveladoras como esta en que se muestra al principal firmante de la investigación, Carl Drews, cantando lo que no parece ser precisamente una selección de pasajes escogidos de "El origen de las especies":



Vamos, que muy imparcial no parece el muchacho.

Claro que más desconcertante aún es lo que cuenta Emili Blasco a continuación, cuando dice que

El estudio, realizado por el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica de Estados Unidos y la Universidad de Colorado, sitúa el paso del Mar Rojo muy cerca del Mar Mediterráneo, donde mediciones a través de satélite muestran que un antiguo brazo del delta del Nilo se acercaba al lago Tanis, de poca profundidad y próximo a la costa, cerca de la actual ciudad de Port Said. La fuerza del viento habría repartido las aguas del Mar Rojo -la lengua que sube desde Suez- entre el lago y el brazo del Nilo.

No sé cómo andarán ustedes de geografía, pero probablemente mucho mejor que el señor Blasco, que echando mano de cualquier mapa de la zona podría haber comprobado (si es que no lo recordaba de sus tiempos del cole) que entre el Delta del Nilo (que desemboca en el Mediterráneo) y el Golfo de Suez (que pertenece al Mar Rojo) lo que hay es el Itsmo de Suez. Y allí, francamente, no hizo falta que ni Moisés ni el viento abriesen ningunas aguas hasta que Fernando de Lesseps terminó el correspondiente canal, allá por 1867.



Con este patinazo, evidentemente, parece difícil compartir la conclusión final del artículo,

“A la gente siempre le ha fascinado esta historia del Exodo, preguntándose qué de verdad hay en ello. Lo que este estudio muestra es que la descripción de la partición de las aguas realmente tiene base en leyes físicas. La partición puede entenderse mediante la dinámica de fluidos. El viento mueve el agua de un modo que, de acuerdo con leyes físicas, crea un pasillo seguro con el agua a los dos lados y luego abruptamente permite que el agua vuelva a su sitio”, afirma Carl Drews, responsable de la investigación.

 Pero nos equivocaríamos si pensásemos que no hay que dar crédito a la historieta simplemente por el despiste geográfico de Emili Blasco. Ni mucho menos. Es por todo lo demás.

Vamos a verlo, como debe ser, echando un vistazo al artículo original, que se encuentra aquí por cortesía de PlosOne. O, al menos, voy a verlo yo; ustedes pueden dedicarse si quieren a otras cosas, que ya les resumo las jugadas más interesantes. De nada.

En síntesis, el artículo explora la posibilidad de que el viento pueda llegar a descubrir un camino en el lecho de un cuerpo de agua. Semejante hazaña, que hasta la fecha solo parecía estar al alcance de Cecil B. DeMille, fue por lo visto presenciada por un general británico, Alexander B. Tulloch, en 1882. Escribía Tulloch que


One day, when so employed [surveying] between Port Said and Kantarah, a gale of wind from the eastward set in and became so strong that I had to cease work. Next morning on going out I found that Lake Menzaleh, which is situated on the west side of the [Suez] Canal, had totally disappeared, the effect of the high wind on the shallow water having actually driven it away beyond the horizon, and the natives were walking about on the mud where the day before the fishing-boats, now aground, had been floating. When noticing this extraordinary dynamical effect of wind on shallow water, it suddenly flashed across my mind that I was witnessing a similar event to what had taken place between three and four thousand years ago, at the time of the passage of the so-called Red Sea by the Israelites.

[Un día, actuando así (en tareas de vigilancia) entre Port Said y Kantarah, se levantó un temporal de viento del este que llegó a ser tan fuerte que tuve que detenerme. A la mañana siguiente descubrí que el lago Menzaleh, que está situado en la ribera oeste del Canal de Suez, había desaparecido por completo, ya que el efecto del fuerte viento sobre sus aguas poco profundas las había arrastrado más allá del horizonte, y los nativos estaban caminando sobre el fango donde el día anterior habían estado flotando las barcas de pesca, hoy embarrancadas. Cuando contemplé este extraordinario efecto dinámico del viento sobre aguas poco profundas, pensé de pronto que estaba contemplando un suceso similar al que ocurrió entre tres y cuatro mil años antes, en la época del cruce del llamado Mar Rojo por los Israelitas].


De nuevo, a primera vista puede apreciarse algún elemento que no cuadra del todo. El general hablaba de un pequeño lago de aguas poco profundas que habían sido totalmente barridas por el viento, circunstancia que, por mucho que le emocionara, parece que tiene poco que ver con que el viento abra un camino en un mar grande y profundo. Sin embargo, el relato también debió de emocionar a los autores del estudio, que ni cortos ni perezosos decidieron comprobar si había podido ocurrir algo así. Bueno, no algo exactamente así: ellos querían comprobar, como nos decía con ingenuidad Emili Blasco, la posibilidad de que el viento abra un camino en las aguas.

Para lo cual, dirán ustedes, se fueron al Mar Rojo, ¿verdad? Pues no. Se fueron (y de ahí la confusión de Emili Blasco) al Delta del Nilo. Concretamente al Lago de Tanis, cuya peculiar geografía era perfecta para lo que buscaban los autores.

Y no, no lo busquen ni en Google Maps ni en la Wikipedia. El Lago de Tanis dejó de existir hace siglos, y solo nos quedan algunas alusiones en relatos antiguos e intentos de reconstrucción más o menos afortunados. Los autores del estudio emplean, concretamente, este. Y como ni aun así, les vale, le hacen unas cuantas modificaciones. Ajustando algún otro detalle geográfico aquí y allá, creando un par de lagunas adicionales, moviendo lo necesario la costa del Mediterráneo, asignando la profundidad adecuada al Lago de Tanis y retocando aquí y allá el caudal del Nilo, los investigadores descubrieron que, ¡albricias!, el modelo funciona, y un viento constante de 28 m/s (unos 100 Km/h) soplando desde el este durante doce horas seguidas consigue abrir un camino en el lecho del lago.

Y pertrechados con semejante hallazgo se dirigen al Golfo de Suez y repiten el estudio. Que requiere, por supuesto, crear un modelo de Golfo de Suez totalmente distinto al de la realidad: mucho menos profundo y con una cresta submarina que lo cruza de este a oeste a una profundidad de dos metros. Ni uno más: como descubrieron con desmayo, al aproximar su modelo a la forma real de la cresta resultaba que un pequeño aumento de profundidad en algún tramo se traducía en una "brecha" en el "camino" de más de un kilómetro.

Pero bueno; suponiendo como decíamos que la cresta estuviese solo a dos metros de profundidad, que fuese totalmente llana, y que soplase un viento de, ejem, 33 m/s (118,8 Km/h) constantemente durante veinticuatro horas, y siempre en el caso de que el viento se iniciase y terminase de forma brusca, la hazaña era perfectamente posible, y Charlton Heston Moisés y los suyos podrían haber cruzado el Mar Rojo sin más preocupación que la de no salir volando.

El milagro se ha producido.



Milagro que, por supuesto, no es que Moisés cruzase el Mar Rojo (para lo cual tendría primero que haber existido, cosa bastante improbable), sino que semejante cosa haya colado en una revista científica como PLoS.

Lamentablemente, lo que ya no parece milagroso es que ABC se haya vuelto a dejar colar una "noticia" que incluso un periódico tan poco sospechoso de hacer honor a su nombre como La Razón ha reproducido en su sección de "noticias curiosas".

Y ni siquiera vale como excusa el hecho de que se trate de un estudio aparecido en una revista científica. Eso podría servir para una gaceta trimestral de una comunidad de vecinos, pero no para un periódico supuestamente serio. Si se van a creer que todo lo que ha sido objeto de estudio en un artículo científico existe, tendrán que ir preparando reportajes sobre los ataques de zombies (pdf), la piropsicología y sexualidad de los dragones (pdf), los achaques de la familia Simpson (pdf) o el lamentable estado psíquico de Gollum (en el British Medical Journal; requiere suscripción gratuita).

Y, en cualquier caso, al paso que van tendrán que cambiar también la cabecera de la sección de ciencia por otra más ajustada a la realidad.



Lo cual, se mire por donde se mire, sería una pena, ¿verdad?

21 de septiembre de 2010

La semana de la quiropráctica: ¿qué le pasa, "doctor"?

Les propongo un ejercicio facilito. Vayan a Google y busquen los términos "quiropráctica" y "profesión sanitaria". Les aparecerá algo tal que así:


Muchos de ellos, la verdad, se limitan a copiarse entre sí. Es difícil establecer cuál es la fuente original, pero en todos los casos empiezan diciendo más o menos que

La quiropráctica es la profesión sanitaria...

Bueno, pues no.

El concepto de "profesión sanitaria" no es como para tomárselo a la ligera, ya que afecta a algo tan básico como la salud de los ciudadanos. Por ese motivo, en España está regulado por la Ley 44/2003, de ordenación de las profesiones sanitarias, que dice entre otras cosas que



Artículo 2. Profesiones sanitarias tituladas.

1. De conformidad con el artículo 36 de la Constitución, y a los efectos de esta Ley, son profesiones sanitarias, tituladas y reguladas, aquellas cuya formación pregraduada o especializada se dirige específica y fundamentalmente a dotar a los interesados de los conocimientos, habilidades y actitudes propias de la atención de salud, y que están organizadas en colegios profesionales oficialmente reconocidos por los poderes públicos, de acuerdo con lo previsto en la normativa específicamente aplicable.

2. Las profesiones sanitarias se estructuran en los siguientes grupos:

a) De nivel Licenciado: las profesiones para cuyo ejercicio habilitan los títulos de Licenciado en Medicina, en Farmacia, en Odontología y en Veterinaria y los títulos oficiales de especialista en Ciencias de la Salud para Licenciados a que se refiere el título II de esta Ley.

b) De nivel Diplomado: las profesiones para cuyo ejercicio habilitan los títulos de Diplomado en Enfermería, en Fisioterapia, en Terapia Ocupacional, en Podología, en Óptica y Optometría, en Logopedia y en Nutrición Humana y Dietética y los títulos oficiales de especialista en Ciencias de la Salud para tales Diplomados a que se refiere el título II de esta Ley.

3. Cuando así resulte necesario, por las características de la actividad, para mejorar la eficacia de los servicios sanitarios o para adecuar la estructura preventiva o asistencial al progreso científico y tecnológico, se podrá declarar formalmente el carácter de profesión sanitaria, titulada y regulada, de una determinada actividad no prevista en el apartado anterior, mediante norma con rango de ley.

Conforme a lo establecido en la Ley 10/1986, de 17 de marzo, sobre odontólogos y otros profesionales relacionados con la salud dental, tienen carácter de profesión sanitaria la de protésico dental y la de higienista dental.

Y que

Artículo 3. Profesionales del área sanitaria de formación profesional.

1. De conformidad con el artículo 35.1 de la Constitución, son profesionales del área sanitaria de formación profesional quienes ostentan los títulos de formación profesional de la familia profesional sanidad, o los títulos o certificados equivalentes a los mismos.

2. Los profesionales del área sanitaria de formación profesional se estructuran en los siguientes grupos:

a) De grado superior: quienes ostentan los títulos de Técnico Superior en Anatomía Patológica y Citología, en Dietética, en Documentación Sanitaria, en Higiene Bucodental, en Imagen para el Diagnóstico, en Laboratorio de Diagnóstico Clínico, en Ortoprotésica, en Prótesis Dentales, en Radioterapia, en Salud Ambiental y en Audioprótesis.

b) De grado medio: quienes ostentan los títulos de Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería y en Farmacia.

3. Tendrán, asimismo, la consideración de profesionales del área sanitaria de formación profesional los que estén en posesión de los títulos de formación profesional que, en la familia profesional sanidad, establezca la Administración General del Estado conforme a lo previsto en el artículo 10.1 de la Ley Orgánica 5/2002, de 19 de junio, de las Cualificaciones y de la Formación Profesional. 

La "profesión sanitaria quiropráctica", como podemos ver, ni está ni se le espera. De hecho, podría decirse que hasta está mal vista:


Artículo 44. Publicidad del ejercicio profesional privado.

1. La publicidad de los servicios y prestaciones ofrecidos al público por los profesionales sanitarios deberá respetar rigurosamente la base científica de las actividades y prescripciones, y será objetiva, prudente y veraz, de modo que no levante falsas esperanzas o propague conceptos infundados.

2. Los profesionales sanitarios podrán facilitar a los medios de comunicación, o expresar directamente en ellos, informaciones sobre sus actividades profesionales, siempre que la información facilitada sea verídica, discreta, prudente y se manifieste de manera fácilmente comprensible para el colectivo social al que se dirige.

3. No podrán ser objeto de publicidad las actividades o productos sanitarios no autorizados, o sobre los que no exista evidencia de sus efectos beneficiosos para el ser humano, quedando prohibida la publicidad de productos y servicios de carácter creencial y de los productos-milagro.

4. El incumplimiento y, en su caso, la sanción que corresponda, de lo dispuesto en los apartados anteriores se exigirá de acuerdo con la Ley 14/1986, General de Sanidad, y, en lo que sean de aplicación, con las Leyes 26/1984, General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, y 34/1988, General de Publicidad.

El último punto es una especie de broma, como pueden imaginarse dada la pasividad que muestra la administración para este tipo de fraudes. Porque sí, es un fraude; los quiroprácticos no están ni mucho menos utilizando un, digamos, sentido coloquial de la expresión (que en cualquier caso seguiría estando prohibido por la ley, como hemos visto). Porque no se quedan aquí, no. Volvamos a Google y busquemos otra cosa distinta; esta vez "doctor" y "quiropráctica":


Se mire como se mire, 131.000 son muchos resultados. ¿A qué se debe semejante alegría?

Según la Asociación Española de Quiropráctica,

La formación de los quiroprácticos es universitaria, equivalente a una licenciatura en España. La carrera de Quiropráctica tiene una duración de seis-siete años académicos (el número de cursos académicos varía según los países), lo que equivale a unas 5.500 horas lectivas. Finalizada la carrera se obtiene el título de Doctor en Quiropráctica (Doctor of Chiropractic), como se hacen llamar muchos de estos profesionales sanitarios, o bien el de Licenciado en Quiropráctica (si cursan los estudios en alguna universidad europea).

Lo cual puede ser un buen argumento propagandístico para sus asociados, pero nada más. Dejando aparte el hecho de que, aun avalándola una Universidad, una formación basada en una pseudociencia sigue siendo eso, una formación pseudocientífica, lo cierto es que la carrera de quiropráctico no está reconocida en España. El título de "doctor" en quiropráctica tiene tanta validez a efectos legales como, por ejemplo, este:



Que encima es más bonito. Y si bien es cierto que el de "doctor" en quiropráctica está reconocido oficialmente en algunos países... bueno, el mío también.

Con la diferencia de que yo lo puedo exhibir públicamente y los quiroprácticos... pues más bien no. O al menos eso es lo que se desprende del Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales y el Real Decreto 1002/2010, de 5 de agosto, sobre expedición de títulos universitarios oficiales.

Pero claro, queda de nuevo la salida del uso coloquial del término, ¿verdad?

Pues tampoco. Como bien dice, por una vez, la Real Academia Española de la Lengua, en su uso coloquial "doctor" significa


Médico, aunque no tenga el grado académico de doctor.

Que es, en definitiva, de lo que se trata: de hacerse pasar por médicos sin serlo.

Lo cual, por cierto, es también una costumbre muy acreditada del gremio. En un interesante artículo del New Zealand Medical Journal, Andrew Gilbert comprobó que el uso del título de "doctor", aun no siéndolo, era extraordinariamente habitual entre los quiroprácticos de aquel país, hasta el punto de que de los 146 casos estudiados lo empleaban nada menos que 120. Y, lo que es más significativo: cuando, con motivo de la batalla judicial entre la British Chiropractic Association y Simon Singh, los quiroprácticos británicos pasaron a estar bajo la lupa de los organismos reguladores de la publicidad, sus asociaciones profesionales se apresuraron a enviarles recomendaciones como esta de la McTimoney:

Si utiliza tarjetas de visita u otros artículos de papelería en los que aparezca el título de "doctor" y no se especifique claramente que usted es un doctor en quiropráctica o que no posee titulación médica acreditada, DEJE DE UTILIZARLOS inmediatamente.

O esta otra de la propia BCA:

Tenga cuidado con el uso del título de Doctor. Asegúrese de que no pueda haber ninguna duda de que usted es un quiropráctico y no un médico. No emplee el título de doctor en ningún impreso sin aclarar expresamente que usted es un quiropráctico.

Así que ya sabe: usted es plenamente libre de acudir a un quiropráctico. Pero tenga en cuenta que ni es "doctor" ni "profesional sanitario", y que lo más probable es que ni su diagnóstico sea real ni su tratamiento le haga nada. O, peor aún, que sí que se lo haga. La decisión, como su salud, es completamente suya.

Lucecitas en el cielo

Reconozco que la noticia me saltó a la cara como... bueno, como algo que te salta a la cara. La portada de la edición web de ABC la publicaba tan solo en un recuadrito, pero era suficiente como para llamar la atención:


En el interior, el reportaje publicaba una segunda fotografía,


y contaba que

Manuel Moriones, un madrileño aficionado a la astronomía, ha logrado captar en Isla Cristina (Huelva) unas imágenes inéditas de lo que parece ser el paso de un asteroide sobre la Tierra. Según el autor de la fotografía, se trata de la roca espacial 2010 RF12 que hace unos días pasó muy cerca de nuestro planeta. La instantánea fue captada con una simple cámara, sin telescopio.

Precisamente fue eso último lo que más me llamó, que captase las fotos sin telescopio. ¿Es eso posible?

Pues más bien no. Y vamos a verlo con los datos que proporciona el propio artículo, sin ir más lejos.

Dice el texto que


El primer asteroide, el 2010 RX30 con un tamaño de entre diez y veinte metros de diámetro, pasó a las 9:51 a menos de 0.6 distancias lunares de la Tierra (unos 248.000 kilómetros), mientras que el segundo, el 2010 RF12, con tamaño de entre seis y catorce metros, pasó a 0.2 distancias lunares (unos 79 000 kilómetros) una horas después, a las 23:12.

Moriones realizó las fotografías a las 23:25 horas en la playa onubense, de forma que sería el segundo objeto el que se refleja en las imágenes. El investigador, afincado en Madrid, ha indicado que sólo tuvo que adentrarse unos metros en el mar para captar una imagen que considera "histórica".


No nos complicaremos mucho y utilizaremos la técnica del "cálculo del reverso de sobre". Tal que así:


Como ven el sobre no deja mucho espacio disponible, pero tampoco hace falta demasiado. De hecho, para empezar basta con un par de reglas de tres. Según la mayor de las estimaciones que cita el periódico, el asteroide tendría 14 metros de diámetro. Por otra parte, se encontraba a 79 000 Km de distancia. Haciendo unos numeritos


Lo que ha conseguido este señor equivaldría a fotografiar un disco de 14 mm de diámetro a... ¡79 Km de distancia! Para que se hagan una idea, un céntimo de euro mide algo más de 16 mm de diámetro. No hace falta tener muchas luces para darse cuenta de que semejante proeza es sencillamente imposible, ¿verdad?

En fin, que ni siquiera hemos necesitado el poco espacio libre que nos dejaba el sobre para darnos cuenta de que la noticia es un disparate. Pero, ya que lo tenemos, vamos a seguir.

Podemos verlo de otra manera. Una fotografía capaz de captar un objeto de 14 metros a 79 000 Km de distancia, ¿qué podría captar sobre la superficie de la luna? Haciendo de nuevo unos cálculos (y redondeando para no echar mano de la calculadora) tenemos que


¿Es posible desde La Tierra resolver objetos de 70 m situados sobre la superficie lunar? Una primera aproximación a la cuestión nos dice que no. Por ejemplo, observen esta foto:


Fue captada a través de un telescopio (de hecho, con la cámara de mi teléfono).

Volvamos al sobre. La Luna tiene un diámetro de 3476 Km. Vamos a suponer que la cámara del fotógrafo portentoso, que dice que era más o menos normal, tuviese una resolución de 12,1 Megapíxeles, de modo que sus fotografías serían de 4000x3000 píxeles. Para seguir sin echar mano de la calculadora vamos a aceptar que la Luna ocupase esos 4000 píxeles y redondear el resultado. Tendríamos que


Es decir, cada píxel de la imagen equivaldría a un kilómetro de superficie lunar. Y eso, recordemos, en el caso de una foto tomada por un telescopio. Sin entrar en detalles (que no caben en el sobre), parece evidente que una "simple cámara" no podría llegar nunca a tanta resolución, de modo que el fotógrafo se quedaría aún más lejos de esos 70 metros. O, lo que es lo mismo, no tendría resolución suficiente para fotografiar el asteroide.

De hecho no podría hacerlo ni él ni nadie. Volvamos a nuestro sobre, pero esta vez vamos a hacer un cálculo un poco más complicado (y sí, ahora con calculadora). La llamada "fórmula de ángulo pequeño" relaciona (aproximadamente) la distancia de un objeto, su tamaño aparente y su diámetro real. En su forma más habitual se suele escribir como

D=ad/206.265

Donde D es el diámetro real del objeto, a su tamaño aparente en segundos de arco, y d la distancia.

En este caso lo que conocemos es precisamente la distancia (79 000 Km) y el diámetro real del objeto (14 m), de modo que podemos emplear la fórmula para encontrar su tamaño aparente:


¿Cómo podríamos observar un objeto de 0,0366 segundos de arco? Pues difícilmente. Ni con la cámara de este señor, ni con mi telescopio, ni con el mismísimo Hubble. De hecho, el Hubble alcanza una resolución óptica de 0,1 segundos de arco, y aunque su óptica no le permite alcanzar la cantidad de "aumentos" que los mayores telescopios con base en tierra, estos se ven lastrados por los efectos de la atmósfera, que impiden obtener resoluciones mayores de 0,5 arcosegundos. 

Eso directamente, claro. Se podría llegar a captar un objeto como el asteroide de marras gracias a la luz solar que reflejaba, y aunque su tamaño sería insuficiente para llegar a resolverlo y captar su forma, el fotógrafo quizá podría haber captado un puntito brillante. De hecho así es como fueron descubiertos estos objetos y así es como se ha podido captar algunas fotos de ellos... que no tienen nada que ver con las que publica el periódico, a pesar de haber sido obtenidas con telescopio. Porque resulta que 2010 RF12 alcanzó una magnitud aparente de aproximadamente 12, es decir, unas 250 veces menos brillante que las estrellas más débiles que pueden observarse a simple vista. Y, desde luego, muchísimo menos luminoso que lo que podría captar una "simple cámara".

De todos modos reconozco que todos estos cálculos sobran. Bastaría con el primero, es decir, el hecho de que las fotos equivaldrían a fotografiar desde Madrid un céntimo de euro situado en Ávila, para darse cuenta de que la afirmación es un puro disparate. Por muy brillante que fuera el céntimo de euro.

Lo cual, por cierto, no ha impedido que la "noticia" se publicase no solo en ABC, sino en Huelva Información, ADN, El Día o Terra Noticias. En algunos casos, para más sarcasmo, en la sección de ciencia y tecnología. Evidentemente, en ninguno de estos medios hubo nadie que se mosquease lo más mínimo ante la noticia y hubiese hecho unas mínimas comprobaciones, pero es que tampoco lo hubo en la fuente de la noticia, la Agencia Efe, que no parece preocuparse demasiado por estar a la altura de ese lema que nos coloca Google cuando buscamos su dirección de internet.



Claro que tampoco parece que se mosquease mucho el autor de las fotos. Algo muy extraño si tenemos en cuenta que, según la noticia, este buen señor es un "investigador". Pero, ¿qué clase de investigador?

Pues la respuesta la tenemos en alguna otra publicación de las que han picado, como La Vanguardia, que dice que este señor

trabaja para el Centro de Investigador de Fenómenos Extraños (CIFE) de la Comunidad madrileña

Centro Investigador, que como su nombre indica, es... bueno, esto.

De modo que ya lo ven: Manuel Morriones es un investigador... del fenómeno ovni. Sí, de esos que se van con su chaleco multibolsillos a las alertas ufológicas y demás parafernalia. Como yo, en el fondo, soy un pedazo de pan, pensaré que este animoso investigador, sencillamente, es incapaz de saber lo que ha fotografiado (porque la alternativa, es decir, que sí que sepa lo que ha fotografiado, le dejaría en peor lugar aún). Pero, en cualquier caso, si esto es una muestra de la calidad de sus investigaciones ufológicas...

Pero, ¿saben? En realidad no hay problema. Estas cosas no son tan raras en la ufología española. Y, como hemos visto, tampoco en los medios y agencias de noticias. En fin...