15 de mayo de 2009

La BCA contra Simon Singh (II)

Hablábamos el otro día de las últimas y malas noticias respecto a la demanda que la British Chiropractic Association ha interpuesto contra Simon Singh, y más concretamente de la situación en la que ahora se encuentra Singh y las alternativas entre las que tiene que optar. La situación, en fin, parece a primera vista óptima para la BCA, que de momento tiene bien encarrilado el procedimiento judicial gracias a la insólita decisión del Juez Eady. Pero... ¿de verdad le van tan bien las cosas?

Yo diría que no. Para empezar, por el conocido y esperable Efecto Streisand: Al buscar "British Chiropractic Association" en Google, de los veinte primeros resultados que yo obtengo dos pertenecen a la propia BCA, otros dos a simples directorios, dos a medios de comunicación, uno a la Wikipedia... y los trece restantes a blogs y foros en los que se manifiesta un claro apoyo a Singh. Hasta donde yo he tenido la paciencia de ver, en los siguientes resultados la proporción más o menos se mantiene, con una rotunda mayoría de referencias partidarias de Singh y críticas con la BCA.

De hecho, no me cabe duda de que el artículo original de Simon Singh tuvo bastante difusión, pero tampoco me cabe ninguna duda de que esta difusión se ha multiplicado gracias a la demanda de la BCA, y no me extrañaría que si no fuera por este procedimiento judicial mucha gente jamás hubiera ni oído hablar de la BCA ni leído las críticas de Singh hacia la quiropráctica.

Fue también lo que ocurrió aquí con la demanda formulada por JJ Benítez contra Luis Alfonso Gámez: aunque el magufo hispano por excelencia ganó el pleito, a efectos prácticos lo único que consiguió fue que los artículos que consideraba dañinos para su honorabilidad tuvieran una difusión mucho mayor. En el caso de Singh, además, la demanda ha tenido el efecto adicional de que las críticas científicas hacia la quiropráctica se hayan multiplicado, aunque en ocasiones se hayan añadido "disclaimers" más o menos irónicos en previsión de nuevos pleitos. Lo cual, de nuevo, recuerda lo que ocurrió con la sentencia del procedimiento de JJ Benítez contra Luis Alfonso Gámez, que generó ríos de tinta en torno a la cuestión de por qué, tras demostrar que Benítez no decía la verdad, que lo hacía conscientemente y que hasta encargó la creación de "evidencias" falsas para hacerlo, resulta que decirle mentiroso es atentar contra su honor.

Por otra parte, recordemos que el meollo de todo este asunto, la frase que ha puesto de uñas a los responsables de la BCA, era aquella en la que Singh explicaba que la asociación se dedica felizmente a promover tratamientos falsos. Ante ello, la BCA podría haber optado por publicar una andanada de datos científicos que avalasen la efectividad de esos tratamientos que promueve y luego, si aún siguen enfadados, demandar a Singh, pero en lugar de mostrar sus evidencias han decidido mostrar su musculatura legal. En cierto modo, la actitud de la BCA hace que "se le vea el plumero", y probablemente haya quien se dé cuenta de que lo que ocurre es que esas evidencias científicas sencillamente no existen, que en efecto la BCA está promoviendo tratamientos falsos, y que además su reacción confirma que lo hace a sabiendas. Una sospecha que puede incluso acrecentarse a la vista del fallo del Juez Eady: bien mirado, al centrar el juicio en si la BCA está o no promoviendo tratamientos falsos de forma deliberada podría parecer que el Juez también da por sentado que los tratamientos quiroprácticos son falsos, y por eso la única cuestión a considerar es si la BCA lo sabe y a pesar de eso los promueve. No es el caso, pero pudiera parecerlo.

Pero hay más: el caso está generando un cierto efecto que podríamos llamar "de David contra Goliath". A los partidarios de las pseudomedicinas se les suele llenar la boca hablando del poder de las grandes industrias farmacéuticas, pero olvidan -o no quieren ver- que el negocio de las "terapias alternativas" también mueve ingentes cantidades de dinero, y que en él existen grandes empresas y potentes grupos asociativos. De modo que la demanda de la BCA contra Singh no se percibe como un caso de intento de censura ante una opinión crítica, sino también como la embestida de una poderosa -y rica- asociación frente a un divulgador científico prestigioso, pero económicamente mucho más débil. No es de extrañar que las simpatías estén sobre todo del lado de Singh, incluyendo las de grupos defensores de la libertad de expresión, que ya llevan bastantes años con la mosca detrás de la oreja a cuenta de la legislación británica sobre el libelo.

Y, ya puestos, hasta de los grupos defensores del uso riguroso del lenguaje. A pesar de la peculiar interpretación del Juez Eady, el significado del término "bogus" no parece tener necesariamente connotaciones de fraude o engaño deliberado. Claro que esta cuestión seguramente carecerá de importancia para un señor con un historial que le ha llevado a convertirse en uno de los ejes sobre los que gira el llamado "turismo del libelo.

En fin, si recapitulamos, al demandar a Singh la BCA ha conseguido generar un montón de publicidad (y no sólo en internet, y ni siquiera sólo entre los medios de comunicación), pero no precisamente muy favorable. Más bien todo lo contrario: la difusión de todo esto está consiguiendo poner de manifiesto la inconsistencia de la quiropráctica y que su única respuesta a una crítica científica es echar mano de sus abogados, ya que no puede recurrir a ninguna evidencia seria.

Lo cual no tiene por qué ser bueno para Singh, ni mucho menos. Tal y como están las cosas, quizá lo más inteligente que pudiera hacer la BCA sería intentar también por su parte llegar a un acuerdo y echar tierra cuanto antes sobre todo este asunto. Pero, si no es así, no le quedará más remedio que intentar ganar el juicio y confiar en que una sentencia favorable pueda ayudarle a tapar esos pies de barro que ella misma se ha encargado de enseñar. Ya veremos.


PS: A todo esto, el próximo lunes está previsto un interesante encuentro escéptico en Londres que contará con la presencia de Simon Singh. Por ahora, sus respuestas a algunos medios parecen dar a entender que se inclina por apelar la decisión del Juez Eady y, por tanto, seguir luchando, pero quizá el lunes salgamos de dudas.

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