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14 de noviembre de 2010

Por la libertad de expresión en Inglaterra. Y en el resto del mundo.

Por Simon L. Singh.

Esta semana se cumple el primer aniversario del informe Free Speech is Not For Sale, que puso de relieve la naturaleza opresiva de la Ley inglesa sobre el libelo. En pocas palabras, la Ley es extremadamente hostil hacia los escritores, mientras que resulta irracionalmente complaciente hacia las corporaciones e individuos poderosos que desean silenciar a sus críticos.

La Ley inglesa sobre el libelo es particularmente peligrosa para los autores de bitácoras, que generalmente no cuentan con el respaldo de empresas editoriales, y que pueden acabar siendo demandados en Londres independientemente de dónde haya sido publicada su entrada. Internet permite a los blogueros alcanzar una audiencia mundial, pero también permite que los Tribunales de Londres tengan un alcance mundial.

Pueden leer más acerca de la peculiar y enormemente injusta naturaleza de la Ley inglesa sobre el libelo en la página web de la Libel Reform Campaign. Como podrán comprobar, esta campaña no pretende la derogación de la ley, sino una reforma que la haga más justa y que permita que los escritores tengan una posibilidad razonable de expresar su opinión y defenderla.

La buena noticia es que el Gobierno británico se ha comprometido a elaborar un borrador de reforma de la Ley, pero es esencial que los autores de bitácoras y sus lectores envíen una señal clara a los políticos para que cumplan esta promesa. Pueden hacerlo uniéndose a mí y a las más de cincuenta mil personas que también han firmado la petición en http://www.libelreform.org/sign.

Recuerden que pueden firmar la petición sea cual sea su nacionalidad o el lugar en el que viva. De hecho, la presencia de firmantes de otros países recuerda a los políticos británicos que esta Ley está desfasada con respecto a las del resto del mundo libre.

Si ya ha firmado la petición, anime a sus amigos, familiares y colegas para que también lo hagan. Más aún, si tiene una bitácora puede unirse a centenares de otros blogueros publicando esta entrada en su página. Existe una posibilidad real de que los autores de bitácoras puedan ayudar a cambiar la Ley sobre libelo más censora de todo el mundo democráctico.

Debemos alzar la voz para defender la libertad de expresión. Por favor, firmen la petición para la reforma de la Ley inglesa sobre el libelo en http://www.libelreform.org/sign.

18 de septiembre de 2010

La semana de la quiropráctica



Estamos en la Semana de la Quiropráctica. Así que hablemos de ella.

Contábamos hace algún tiempo que los estudios científicos demuestran que la efectividad de la quiropráctica es prácticamente ninguna. De hecho, ni siquiera los propios quiroprácticos han podido encontrar ningún estudio riguroso que demuestre que la quiropráctica sirva para otra cosa que no sea aliviar el dolor lumbar y, quizá, la migraña, dolencias que en cualquier caso mejoran con cualquier masaje sin necesidad de acudir a conceptos como el "complejo de subluxación vertebral". Algo que, a pesar de ser un pilar básico de la doctrina de la quiropráctica, los propios quiroprácticos están teniendo que reconocer a regañadientes que sencillamente no existe. En su día lo hizo, como contábamos, el British Chiropractic Council, y ahora también parece que lo está haciendo (aunque de tapadillo) nada menos que el Council of Chiropractic Education USA. Teniendo en cuenta que la quiropráctica se basa en la creencia de que todas las dolencias son causadas por esas "subluxaciones", y en consecuencia en el poder curativo de su corrección mediante la "manipulación quiropráctica", evidentemente si aquellas no existen estas tampoco tienen ninguna razón de ser, ¿verdad?

Pero en aquella entrada comentábamos también que

si en la mayoría de las pseudoterapias el principal peligro es que un enfermo no siga o incluso abandone un tratamiento médico real, la manipulación quiropráctica y la parafernalia que la rodea sí que pueden resultar peligrosas. Lo veremos otro día.

Así que vamos a inaugurar esta Semana de la Quiropráctica (o "Semana Q", como la llaman) dando un repaso a esos peligros.

El primero es bastante obvio para todo el que haya visitado alguna vez a un quiropráctico. El (recordemos, inexistente) "complejo de subluxación vertebral" es un supuesto mal alineamiento de las vértebras, y la mejor forma de verlo (teniendo en cuenta que solo los quiroprácticos son capaces de verlo) es mediante una radiografía.

Ahora bien; como resulta sobradamente sabido, la exposición a los rayos X siempre supone un cierto riesgo, motivo por el cual en la práctica médica, digamos, "normal" se procura limitarla a lo estrictamente necesario. Una radiografía no incrementa excesivamente el riesgo de padecer cáncer, pero generalmente se realiza solo cuando los beneficios superan claramente ese pequeño riesgo. Pero el tratamiento quiropráctico suele requerir la realización no de una, sino de varias radiografías, tanto para la "diagnosis" como para comprobar la "evolución" del "tratamiento" (pdf). Si tenemos en cuenta que, como decíamos, la evidencia muestra que la quiropráctica no tiene efectos terapéuticos que justifiquen esta reiterada exposición a los rayos X, calculen ustedes mismos si merece la pena someterse a una práctica de riesgo, por pequeño que sea, para nada.

Otro peligro de la quiropráctica y, en general, de todas las pseudoterapias, es que los pacientes no acudan a un tratamiento médico real. Se trata de un riesgo bajo, en parte porque la quiropráctica suele emplearse para dolencias de escasa importancia o incluso para realizarse chequeos rutinarios, y en parte porque los quiroprácticos, por suerte, no suelen llegar a extremos como desaconsejar a sus pacientes seguir un tratamiento médico que podría haber salvado su vida o proponerles que, en vez de vacunarse, se "protejan" con alguno de sus remedios ficticios. De hecho, los quiroprácticos suelen hacer mucho hincapié en su capacidad para "tratar" problemas como los cólicos de los bebés, el asma o la enuresis infantiles, o los dolores crónicos de espalda y cuello, que o bien desaparecen con el crecimiento o bien tienen una evolución cíclica (lo que les asegura una notable tasa de "éxito"), pero que en todo caso no suelen ser sintomáticos de enfermedades graves.

Sin embargo, hay un tercer factor de riesgo que desde hace poco está empezando a tomarse en serio, porque realmente es muy, muy preocupante: el peligro de sufrir lesiones a causa de la manipulación quiropráctica.

En este interesante artículo de Richard P. Di Fabio se analizan los riesgos de la manipulación cervical en general. Como puede verse en este gráfico


la cosa no es como para tomársela a broma: entre los peligros que encontró el Dr. Di Fabio están el de sufrir una disección arterial, lesiones cerebrales, trombosis... Y, por otra parte, como nos muestra este otro gráfico


en la inmensa mayoría de los casos estas lesiones, muchas de ellas mortales, fueron producidas por quiroprácticos. Estos resultados han sido confirmados por los que encontró Edzard Ernst en este otro estudio, dedicado expresamente a estudiar los casos de muerte tras recibir tratamiento quiropráctico.

Si bien, como hace notar el propio Dr. Ernst, probablemente haya muchos más que los ya conocidos. El problema es que la manipulación quiropráctica, a base de movimientos rápidos y bruscos de las vértebras, puede llegar a dañar las arterias cerebrales. En los casos más extremos el quiropráctico llega a seccionar completamente alguna de las arterias, pero la mayoría de las veces el proceso del llamado "chiropractic stroke" es mucho más sutil. Lo podemos ver en este vídeo:



En definitiva, el daño producido en el interior de la arteria a causa de la manipulación quiropráctica provoca la formación de un trombo que, al desprenderse, da lugar a un accidente cerebrovascular. Sin embargo, como el trombo puede tardar días o incluso semanas en desprenderse es muy probable que nadie llegue a asociarlo con la sesión de quiropráctica. En la actualidad hay varios estudios encaminados a intentar comprobar si la incidencia de infartos cerebrales es mayor entre los pacientes que se someten a quiropráctica que entre el resto de la población, pero aún no hay resultados concluyentes.

En cualquier caso cada vez se van conociendo más casos de este tipo, de modo que el problema empieza poco a poco a asomar en los medios, entre otras razones por la creciente interposición de demandas judiciales por parte de las víctimas. Y aunque los quiroprácticos se resisten con uñas y dientes incluso a algo tan elemental como informar de este riesgo a sus pacientes, las compañías de seguros están empezando ya a retirar la manipulación quiropráctica de sus coberturas, para evitarse males mayores.

Pero todo ello, claro, fuera de nuestras fronteras. Aquí nos quedamos con la repetición acrítica y bobalicona de lo del Día de la Quiropráctica.

Día que, como decíamos al principio, en realidad es una semana. Así que me permitirán ustedes que hablemos más del tema estos días. ¿Quién sabe?, quizá hasta nos llevemos alguna sorpresa agradable y todo...


Notas: 


- Supongo que los lectores del blog se habrán dado cuenta de que la frase inicial es un homenaje a aquel famoso artículo de Simon Singh que dio lugar a su épica batalla judicial frente a la British Chiropractic Association. El Dr. Singh recordaba en aquel artículo que él mismo había escrito junto a Edzard Ernst el libro Trick or Treatment, dedicado a evaluar las evidencias científicas que respaldan (o, más bien, no respaldan) todo tipo de terapias alternativas.




Pues bien; tal y como anunció el otro día Simon Singh, ha puesto a la venta un pequeño número de ejemplares firmados. Los pueden encontrar a través de ebay.




- Esto de la semana de la quiropráctica es una excelente excusa para publicar información rigurosa sobre ella. ¿Verdad? Sí, pueden tomarlo como una invitación/provocación/reto ;-)

16 de abril de 2010

La BCA contra Simon Singh: la victoria


Vale, voy atrasadísimo. Tengo pendientes un par de entradas casi terminadas, otra que tendré que animarme a escribir sobre mi participación del otro día en TeleCinco, y un par más sobre otros tantos fraudes pseudomédicos de los que me han informado (y si usted conoce alguno más, aquí al ladito tiene mi dirección de correo electrónico y de twitter para localizarme). Pero se quedan para más adelante, porque hoy estamos de celebración.

Como comentaba en la anterior minientrada de urgencia, la British Chiropractic Association, (cito de la nota de prensa que la BCA ha hecho pública hoy mismo),

habiendo considerado cuidadosamente su posición a la luz de la resolución del Tribunal de Apelación (1 de abril de 2010) (...) ha dedicido desistir de su demanda por libelo contra Simon Singh.

Lo que significa que, esta vez sí, Simon Singh ha ganado el pleito.

Como ya comentamos en su día (aquí, aquí y aquí, la Sentencia del Tribunal de Apelación dejaba el caso prácticamente zanjado, a la espera tan solo de que la BCA decidiera si recurría ante el Tribunal Supremo (con muy pocas garantías de éxito), seguía adelante con el procedimiento (con la perspectiva de una más que probable derrota) o, para variar, entraba en razón y desistía. Esta ha sido la opción elegida, según la propia BCA porque

la decisión [del Tribunal de Apelación] proporciona al Dr. Singh tal defensa que la BCA ha adoptado el punto de vista de que debe retirarse para evitar más costes legales para ambas partes.

En lo cual, por cierto, la BCA vuelve a mentir; en realidad las costas se incrementarían para una sola de las partes: para ellos. Si no recuerdo mal (escribo de memoria), lo que ya tienen que abonar a Simon Singh (unas 180.000 libras) supone prácticamente la totalidad de su presupuesto para este año.

Y eso son solo los costes económicos directos. Como hemos ido contando, la insensatez de la BCA y otras asociaciones quiroprácticas, por un lado, y la defensa de Simon Singh por parte de científicos, escépticos y defensores de la libertad de expresión, por otro, han supuesto que la quiropráctica británica se haya hundido de tal manera que algunos observadores llegan a pensar que será difícil que levante cabeza. Lo hará, me temo (todos conocemos la capacidad que tienen los patitos de goma para volver a salir a flote), pero le costará recuperarse de sus heridas. Recordemos que uno de cada cuatro quiroprácticos británicos está siendo sometido a investigación por su propio órgano regulador, el General Chiropractic Council.

En definitiva, la victoria no es solo de Simon Singh, sino también de los partidarios de la medicina científica frente a las pseudoterapias, y de la libertad de expresión frente a las grandes corporaciones. Una libertad, por cierto, que sigue necesitando del apoyo de todos.

No ha sido una victoria fácil, desde luego. No para Simon Singh, que recientemente anunciaba su decisión de abandonar su columna semanal en The Guardian por la falta de tiempo y el desgaste psíquico que le estaba suponiendo todo este asunto. Decisión que esperamos que reconsidere ahora; de momento aquí tienen la que publica hoy mismo comentando su victoria judicial.

Pero es una victoria que demuestra que los escépticos probablemente tengamos más fuerza que la que muchas veces creemos. Lo hemos podido comprobar, aunque a mucha menor escala, también en nuestro país.

Así que vamos a reflexionar sobre lo que podemos llegar a hacer, y sigamos adelante. Y, mientras tanto, vamos a celebrarlo. Por ejemplo, volviendo a leer el artículo que dio origen a todo este asunto, y que The Guardian, casi dos años después, ha vuelto a publicar en su edición de internet.

Que lo disfruten. Y recuerden: no solo es la BCA quien "happily promotes bogus treatments". Vamos a por los demás.

15 de abril de 2010

La BCA contra Simon Singh: ¡el final del caso!


Y sucedió. Según informan los abogados de Simon Singh, la British Chiropractic Association ha presentado hoy un escrito de desistimiento de su demanda.

Todavía no se conocen todos los detalles: la BCA aún no ha publicado su habitual nota de prensa, y hay que ver qué pasa con las costas que ha generado el proceso, respecto de las cuales Simon Singh decía el otro día que la asociación tendría que reembolsarle. Y, más a largo plazo, habrá que ver qué repercusión tiene todo esto en la quiropráctica británica, por un lado, y en la campaña de reforma de la ley inglesa sobre libelo, por otro. Pero, mientras tanto, ahí queda la gran noticia.

Actualización unos minutos más tarde: Ya hay nota de prensa de la BCA.


Segunda actualización: Respecto a la cuestión de las costas, los abogados de Simon estiman que podrá recuperar unas 180.000 libras. Otras 20.000 libras (aparte del tiempo, desgaste físico y mental, etc.) tendrán que correr de su bolsillo. El comentario, aquí y aquí.

7 de abril de 2010

La BCA contra Simon Singh: ¿el final del caso?

No sé cuál será la expresión inglesa equivalente a nuestro "salirle a alguien el tiro por la culata", pero tal y como están las cosas, sospecho que incorporará alguna mención a la BCA. Por lo que ya sabemos acerca de esta historia, pero sobre todo por la demoledora Sentencia dictada por el Tribunal de Apelación.

Tal y como les prometí el otro día, voy a intentar hacer un resumen del contenido de la Sentencia. Una tarea nada fácil, más que nada porque ya lo ha hecho Jack of Kent, que juega con la doble ventaja de conocer perfectamente el caso y la legislación procesal y material inglesa. Como en su blog tienen ustedes tanto un comentario técnico como otro más sencillo, no sé muy bien si yo puedo aportar algo más, pero haremos lo que podamos.

Ante todo, la Sentencia la tienen ustedes aquí. Les recomiendo que la lean: no es muy larga, y tiene bastantes menos tecnicismos que los que estamos acostumbrados a ver en las sentencias españolas. Una curiosa consecuencia del sistema de common law es que las sentencias británicas suelen ser más "literarias" que las que tenemos por aquí, hasta el punto de que en algún caso particularmente sonado el Juez llegó a permitirse colocar en ella un mensaje oculto y todo (y si les pica la curiosidad prueben a buscarlo aquí; les adelanto que es bastante facilito). El sistema de common law se basa ante todo el el precedente jurisprudencial, de modo que son los propios Tribunales quienes van dando forma a las leyes, y los precedentes tienen una importancia capital. Como consecuencia, los jueces tienden a exponer mucho más detalladamente la ratio decidendi, la base de su decisión sobre el asunto. Y, paradójicamente, esto les deja más libertad a la hora de explayarse en los obiter dicta, los aspectos más accesorios de la resolución.

En cualquier caso, la distinción entre ratio decidendi y obiter dicta tiene una gran importancia, ya que sólo los aspectos de la resolución que constituyen su ratio vinculan a los tribunales inferiores, y debemos recordar que el caso de Simon Singh no acaba con la Sentencia de la Apelación, sino que esta lo devuelve para su resolución definitiva al Juez Eady, de bien merecida mala fama. Lo que ocurre es que la resolución de Eady deberá respetar escrupulosamente lo dispuesto en la ratio decidendi de la Sentencia de Apelación.

¿Qué, se han hecho un lío? No se preocupen, que ahora lo desliamos. Vamos con la Sentencia.

Tras un breve (pero interesante; volveremos sobre él más tarde) resumen de los hechos, la Sentencia entra en materia en el apartado titulado Meaning, Significado, en el que analiza una cuestión, digamos, preliminar. En el sistema inglés, la función jurisdiccional se suele dividir entre un Juez y un Jurado, con cometidos bien distintos. Así, en este caso,

13. El significado de las palabras examinadas en un procedimiento por difamación se somete a dos controles: una decisión, reservada al Juez, sobre si el significado que el demandante considera difamatorio entra dentro de los posibles significados de las palabras en su contexto, y una decisión, tradicionalmente reservada al Jurado, sobre lo que de hecho significan. La primera es considerada como una cuestión legal, la segunda como una cuestión de hecho, con el resultado de que el significado eventualmente decidido por el Jurado no puede ser puesto en duda en caso de apelación salvo si ha ido más allá de lo razonable.

En este caso, sin embargo (como en muchos otros) las partes acordaron inicialmente someter ambas cuestiones, legal y fáctica, al criterio del Juez, y en tal caso, como dice el Tribunal citando una Sentencia anterior,

Este Tribunal está en una posición tan buena como el Juez [de primera instancia] para determinar cuál es el significado natural y ordinario de las palabras...

Jack of Kent considera acertadamente que esta decisión del Tribunal constituye parte de la ratio decidendi, y creo que en este sentido sobran las palabras cautelosas con las que lo afirma: si el Tribunal no tuviese plena jurisdicción para decidir sobre el significado de las palabras puestas en tela de juicio, me parece a mí que la Apelación estaría de más.

Así que veamos qué hace con esas palabras. De esta parte se ocupa el núcleo de la Sentencia, el apartado Fact and comment, Hecho y comentario.

Dice el Tribunal que

18. (...) La cuestión planteada por el Juez son en realidad dos cuestiones distintas: primero, ¿había alguna evidencia para apoyas las afirmaciones materiales [de la BCA]? y, segundo, si no la había, ¿Lo sabían los miembros de la BCA? Si, como el Dr. Singh sostiene, la primera es una cuestión de opinión y no de hecho, la segunda deja de tener importancia.

19. A nuestro juicio el Juez Eady, a pesar de su gran experiencia, ha errado al confundir estos dos elementos de la demanda y, más concretamente, al tratar el primero de ellos como una cuestión de hecho verificable.

Esta es, quizá, la decisión más discutible de la Sentencia, hasta el punto de que otro recomendable blog británico, Heresy Corner, considera que el Tribunal ha acertado por razones erróneas. Y es que los Magistrados se lamentan a continuación de la perspectiva que supondría tener que examinar, a través de multitud de testigos y peritos, si la BCA contaba o no con evidencias para hacer las afirmaciones que hacía (y que ahora, como sabemos, ya no puede hacer). Pero no es que el Tribunal tema las interminables sesiones de un juicio así, sino que no lo considera necesario porque

26 Lo que significa "evidencia" depende mucho de su contexto. Para un literalista, cualquier hecho primario -por ejemplo, que tras una intervención quiropráctica la dolencia de un paciente ha mejorado- puede ser evidencia de un hecho secundario, en este caso de que la quiropráctica funciona. Para cualquiera (y no solo un científico) que desee establecer generalizaciones fiables acerca de causas y efectos, semejante información primaria es tan inútil como evidencia del hecho secundiario como sería la información contraria. Lo mismo puede decirse con certeza de datos considerablemente más complejos que el ejemplo fácil que hemos dado: si lo es o no lo es es algo que debe debatir la opinión científica. Si en el transcurso del debate se expresa la opinión de que no hay un ápice de evidencia para una deducción o la otra, el significado natural es que no hay datos fiables o suficientes para ello. Y esto es un juicio de valor tanto como lo sería la opinión contraria.

27. (...) La BCA, en el párrafo 9(23) de su contestación, cita (entre otros estudios) un estudio observacional de 1989 sobre 316 niños, del que se dice que

"Este... midió el número de horas que lloraba cada niño. Mostró una reducción en el período de llanto de 5,2 horas diarias a 0,65 horas diarias a los 14 días. Fue una mejora muy sustancial. No hubo ningún grupo de control. Sin embargo, el estudio constituye evidencia".

No hace falta ir más lejos para ver hasta qué punto está cargada de valoración la palabra "evidencia" en este contexto (...)

Y no hace falta ir más lejos para ver que Sus Señorías probablemente han tenido niños, y saben que esas cosas pasan: les da por llorar y luego, hagas lo que hagas, dejan de hacerlo. Lo contaba en su día, por ejemplo, David Colquhoun. Evidentemente, si la BCA considera semejante cosa (y otras del mismo calibre) como "evidencia", es la propia BCA quien deja la palabra sujeta a un enorme grado de valoración subjetiva. Y en este sentido, sigue diciendo la Sentencia,

28. La Sra. Rogers [abogada de la BCA durante la vista] comprensiblemente no ha intentado hacer hincapié en la palabra "bogus". En este contexto la palabra es más enfática que asertiva. Pero también tiene apoyo expreso en el siguiente párrafo, que explica que el Profesor Erns, coautor del Dr. Singh, no encontró en 70 ensayos clínicos ninguna evidencia de que la quiropráctica pueda tratar ninguna dolencia no relacionada con la espalda. Es un párrafo que también subraya el carácter valorativo de la afirmación de que no hay ni una pizca de evidencia para semejantes afirmaciones.

Esto en cuanto a lo de los tratamientos "bogus". Por otra parte, sigue la Sentencia,

29. La otra afirmación sobre la que la BCA plantea su demanda es la de que la BCA "alegremente" promueve tratamientos que, si el Dr. Singh está en lo cierto, son falsos. El Juez Eady aceptó la alegación de la BCA de que esto significa, en este contexto, que la BCA es perfectamente consciente de que en realidad no hay evidencias que apoyen sus afirmaciones: "la más clara acusación de falta de honradez", como dijo el Juez.

30. Una vez que la alegación de que "no hay una pizca de evidencia" para apoyar las afirmaciones ha sido adecuadamente calificada como un juicio de valor, la palabra "alegremente", incluso como sinónimo de "conscientemente", pierde su fuerza. Pero respetuosamente dudamos si el Juez estaba en todo caso justificado al atribuir a la palabra algún significado más allá de, digamos, "despreocupadamente". El significado natural del pasaje, en otras palabras, no era que la BCA estuviese promoviendo lo que sabía que eran tratamientos alsos, sino que estaba promiviendo lo que el Dr. Singh consideraba tratamientos falsos sin tener en cuenta la falta de evidencias fiables sobre su eficacia, un significado que nos lleva de nuevo a la afirmación de que no había ni una pizca de evidencia para sostener las afirmaciones de la BCA.

En definitiva, con este pronunciamiento la Sala de Apelación considera que con la frase dichosa Simon Singh estaba limitándose a formular una opinión, que solo puede considerarse difamatoria si fuese maliciosa. Algo, además, poco probable; como dice la Sentencia, citando en este caso una Sentencia norteamericana,

34. Respetuosamente adoptaríamos lo que el Juez EasterBrook, ahora Juez Jefe del Séptimo Circuito del Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos, dijo en un procedimiento por difamación relativo a una controversia científica, Underwager v Salter 22 Fed. 3d 730 (1994):

"[Los demandantes] no pueden, simplemente formulando una demanda y gritando 'character assassination!', silenciar a aquellos que mantienen puntos de vista distintos, sin importar lo perjudiciales que puedan ser estos puntos de vista para los intereses de los demandantes. Las controversias científicas deben zanjarse mediante el método científico y no el método judicial (...) Más artículos, más discusión, mejores datos, y modelos más satisfactorios, no mayores indemnizaciones, marcan el camino hacia el mejor conocimiento del mundo que nos rodea."

Una valoración a la que no está sujeto, probablemente, el Juez Eady, pero tampoco es que le haga falta: en el propio artículo, como bien dice el Tribunal de Apelación, está la justificación de la legitimidad de la opinión de Simon Singh. Y, por lo tanto, las bases para desestimar la demanda de la BCA.

No es raro, por tanto, que Singh pusiera esta cara



en la rueda de prensa posterior a la notificación de la Sentencia. La broma no le ha salido barata, ni en dinero ni, sobre todo, en tiempo y en tranquilidad, pero a la BCA tampoco, que además ha perdido la poca credibilidad que pudiera tener antes de esto, y ha arrastrado detrás a toda la quiropráctica británica. No es extraño, por tanto, que en su nota de prensa se planteen la posibilidad de recurrir al Tribunal Supremo como única forma de continuar con el procedimiento.

Quien sí está decidido a continuar, si fuera necesario, es Simon Singh, y aquí es donde volvemos a lo de la ratio decidendi y los obiter dicta. La fórmula que emplea la Sentencia en el último párrafo que hemos traducido (el número 34) es una sugerencia, y por tanto forma parte de esos obiter dicta que no tienen expecial trascendencia de cara al procedimiento. Pero sí de cara a la reflexión que se está produciendo en Inglaterra acerca de su draconiana Ley de Libelo, reflexión que en buena medida se ha debido a este caso. En su resumen de los hechos, el Tribunal dice también que

11. Han pasado casi dos años desde la publicación del artículo ofensivo. Parece poco probable que nadie se atreviese a repetir las opiniones expresadas por el Dr. Singh por miedo a un castigo. Por lo tanto, este procedimiento ha tenido casi con seguridad un efecto atemorizador sobre un debate público que en otro caso podría haber ayudado a potenciales pacientes para que realizasen elecciones informadas sobre el posible uso de la quiropráctica. Si es así, aparte de cualquier interés público en las cuestiones legales que surjan en el presente proceimiento, las cuestiones puestas de manifiesto por el Dr. Singh, que tienen una directa relevancia para los pacientes, siguen sin haber sido resueltas. Esta sería una consecuencia sorprendente de las Leyes diseñadas para proteger la reputación.

12. Demandando al Dr. Singh y no a The Guardian, y rechazando la oferta hecha por The Guardian para publicar un artículo refutando las afirmaciones del Dr. Singh, o poniéndolas en una perspectiva adecuada, se ha creado la lamentable impresión de que esto es un intento de la BCA para silenciar a uno de sus críticos. De nuevo, si esto es a lo que nos llevan las leyes actuales sobre difamación, debemos aplicarlas.

Aunque lo primero no es del todo cierto, ya que la demanda de la BCA ha provocado un desmesurado efecto Streissand, las reflexiones del Tribunal no hacen sino reflejar una realidad: la Ley inglesa sobre Libelo sirve en la práctica para acallar cualquier tipo de crítica, justificada o no, ante la perspectiva de verse envueltos en un proceso largo, injustamente oneroso para el demandado, y con unos costes astronómicos. Un proceso, además, que como sabemos puede afectar a cualquiera, con independencia de que el demandante o el demandado sean ingleses.

Por ese motivo es tan importante, para todos, apoyar la campaña para la reforma de la Ley inglesa sobre Libelo. A Simon Singh ya no le afectará, pero sea por interés en la defensa de la libre expresión, sea por el deseo de que nadie pueda suprimir un debate simplemente por disponer de medios económicos suficientes como para plantear una demanda en Inglaterra, todos debemos firmar la petición.

3 de abril de 2010

La BCA contra Simon Singh: un breve resumen

Como esto del caso de la BCA contra Simon Singh va camino de convertirse en el rosario de la aurora, creo que no estaría de más que recordemos de los aspectos legales del asunto (los misterios dolorosos, siguiendo el símil) para que no nos distraiga la espectacular autodemolición de la quiropráctica británica que ha causado (vamos, los misterios jocosos). Lo que sigue es exactamente eso, un pequeño resumen de la vertiente jurídica del caso, de modo que si ustedes la recuerdan pueden perfectamente saltársela y pasar a la siguiente entrada del blog.

Todo empezó hace casi dos años, el 19 de abril de 2008, cuando Simon Singh publicó en The Guardian un artículo titulado Beware the spinal trap, que debería ser de obligada lectura para todos los que quieran saber de qué va eso de la quiropráctica (sí, este último enlace también es imprescindible). Entre otras cosas, el artículo decía que

The British Chiropractic Association claims that their members can help treat children with colic, sleeping and feeding problems, frequent ear infections, asthma and prolonged crying, even though there is not a jot of evidence. This organisation is the respectable face of the chiropractic profession and yet it happily promotes bogus treatments.

I can confidently label these treatments as bogus because I have co-authored a book about alternative medicine with the world's first professor of complementary medicine, Edzard Ernst. He learned chiropractic techniques himself and used them as a doctor. This is when he began to see the need for some critical evaluation. Among other projects, he examined the evidence from 70 trials exploring the benefits of chiropractic therapy in conditions unrelated to the back. He found no evidence to suggest that chiropractors could treat any such conditions.

A raíz de esto, como era de esperar, la British Chiropractic Association montó en cólera y, desoyendo las ofertas del periódico para que publicasen una réplica, decidió demandar a Simon Singh por libelo. Solo a Simon Singh: al periódico no lo demandaron, probablemente porque esperaban que Singh se arrugara ante la perspectiva de un pleito de este tipo, cuyo coste en Inglaterra es sencillamente astronómico.

Pero no se arrugó.

En Inglaterra, en este tipo de procedimientos uno de los primeros pasos es la determinación de qué se dijo, con qué significado y en concepto de qué. Se trata de una decisión de crucial importancia, puesto que puede llegar a condicionar el resultado final del pleito. En el caso de la BCA contra Simon Singh, como sabemos, la decisión del Juez Eady fue la peor posible para Simon Singh. Vamos a verlo.


- En primer lugar, el Juez Eady decidió que el procedimiento debía girar en torno a esta frase concreta:

This organisation is the respectable face of the chiropractic profession and yet it happily promotes bogus treatments.

Lo malo es que esta frase no debería haber sido aislada de esta manera. Simon Singh, en efecto, dijo que la BCA "promueve alegremente tratamientos falsos", pero en el párrafo siguiente procedió a explicar por qué motivo los consideraba falsos. Al eliminar del contexto esa explicación la frase parece ser un reproche sin fundamento y, por tanto, claramente difamatorio.


- Peor aún, al interpretar la frase el Juez Eady consideró que con ella Singh había querido decir que la BCA promueve tratamientos falsos a sabiendas de su falsedad. Evidentemente ese podría ser uno de sus significados, pero no es ni mucho menos el único, ni tan siquiera el más obvio: la palabra "bogus", como se apresuraron a aclarar numerosos especialistas y científicos, tiene en la actualidad un significado más en el sentido de "irreal", "incorrecto" o "infundado" que el de "deliberadamente falsificado" que tuvo en un principio. Y más aún en el ámbito científico (en el que se mueve, recordemos, Simon Singh, que además de divulgador es astrofísico), en el que es habitual tachar como "bogus", por ejemplo, un experimento chapucero o una tesis con muy escaso fundamento. Por otro lado, el término "alegremente" se refiere más a despreocupación que a verdadera mala fe. Y, por último, no debemos olvidar que esa interpretación solo puede sostenerse si, como el Juez Eady, dejamos a la frase fuera de su contexto.


- Y, aún peor, el Juez consideró que con esta frase Singh estaba haciendo una declaración de hechos. En el sistema inglés (y en cierta medida también en el nuestro), la distinción entre declaraciones fácticas y juicios de valor tiene una gran importancia. Un juicio de valor es una opinión, y para defenderla basta con acreditar que está más o menos bien fundada, o que resulta razonable a la vista de los hechos conocidos; en el caso de Singh, por ejemplo, lo que tendría que demostrar es que su afirmación es una opinión razonable en vista de que, como expone, las evidencias científicas en favor de la quiropráctica son prácticamente inexistentes.

En cambio, la afirmación de un hecho solo admite una defensa: la exceptio veritatis o demostración de que el hecho es cierto, demostración que corre a cargo del demandado. Y que, en este caso, debe ceñirse a la interpretación que el Juez da a la frase de marras.


De modo que, con arreglo a lo que decidió el Juez Eady, Simon Singh tendría que demostrar que la BCA promueve tratamientos falsos sabiendo que son falsos. Algo prácticamente imposible.

Naturalmente, Singh recurrió la decisión, un recurso que en el sistema inglés también sigue un trámite bastante peculiar, pero que en definitiva llevó a la celebración de una Vista oral tras la que obtuvo, como sabemos, una sentencia favorable.

Que es de lo que trataremos en la próxima entrada.

Nota: la fotografía de Simon Singh corresponde a su intervención en Glasgow Skeptics in the Pub.

1 de abril de 2010

LA BCA contra Simon Singh: la sentencia de la apelación

Simon Singh ha obtenido una Sentencia favorable (abrumadoramente favorable, diría yo) en la apelación contra la decisión del Juez Eady en el procedimiento judicial por libelo iniciado contra él por la British Chiropractic Association.

Como bien dice Rinzewind, ahora podrá defenderse. Es más: ahora podrá defenderse en unas condiciones muy favorables, hasta el punto de que la BCA está planteándose si continúa o no con el procedimiento.

Más tarde intentaré comentar un poco la Sentencia, que francamente no tiene desperdicio. Pero mientras tanto me voy a dar el gustazo de hacer en el blog lo mismo que están haciendo los escépticos y científicos británicos en Twitter. Repitiendo las, como siempre (bueno, excepto cuando está de juerga), sabias palabras de Jack of Kent,

The BCA happily promote bogus treatments for which there is not a jot of evidence. And I mean it.

Y, ya puestos, les dejo con el nuevo logotipo de la BCA, que está causando furor en Gran Bretaña ;-)

23 de marzo de 2010

La BCA contra Simon Singh... y el General Chiropractic Council contra la BCA

Ya sé que los lectores de este blog están más que familiarizados (y hasta puede que francamente hartos) con la historia del proceso judicial por difamación que la British Chiropractic Association interpuso contra Simon Singh (quien, por cierto, acaba de ser papá. ¡Enhorabuena!). Lo que en un principio se presentaba como un caso judicial (interesante, eso sí, por táctica inicialmente empleada por Singh y la campaña que desencadenó contra la draconiana Ley inglesa sobre el libelo, a la que de nuevo les invito a unirse con su firma) se convirtió de repente en una comedia de despropósitos por parte de los quiroprácticos británicos, resueltamente decididos a aprovechar el procedimiento para dejarse su propia espina dorsal llena de subluxaciones.

El resultado del juicio todavía en el aire, aunque a estas alturas la acumulación de errores y meteduras de pata de la BCA, cuya demanda se ha convertido además en todo un ejemplo del "efecto Streisand", hacen que sea bastante difícil que la quiropráctica británica levante cabeza en mucho tiempo, ni siquiera en el cada vez menos probable caso de que Simon Singh resultase condenado. Porque, encima, a la BCA le acaba de salir otro enemigo en casa, y de los poderosos: nada menos que el General Chiropractic Council.



En Gran Bretaña la quiropráctica se considera una profesión sanitaria (no como aquí, aunque ya habido algún intento de hacerlo), pero con una regulación especial y distinta a las de las, ejem, verdaderas profesiones sanitarias. Para ejercer legalmente, los quiroprácticos británicos deben registrarse en el GCC, que actúa como organismo de autorregulación de la profesión. De hecho, entre sus funciones el GCC tiene la de

Establecer los estándares de la formación, la conducta y la práctica quiroprácticas.

Otra de las funciones del GCC es la de tramitar las reclamaciones ciudadanas contra los quiroprácticos, una tarea que antes resultaba bastante llevadera, pero ahora no lo es tanto: como cuenta Martin Robbins en The Guardian, de los cuarenta casos que tenía que resolver cada año el Consejo se pasó a nada menos que 600 en 2009. Teniendo en cuenta que el GCC tiene registrados un total de 2400 quiroprácticos, este incremento en las quejas (debido a la vigilancia por parte de los miembros de la blogosfera escéptica británica, espoleada por la demanda de la BCA contra Simon Singh) supone que uno de cada cuatro quiroprácticos del Reino Unido está siendo sometido a investigación.

Ya se verán cuáles son los resultados de esas investigaciones (aunque adelanto que las reclamaciones están muy bien fundadas). Lo que nos importa ahora es lo de "establecer los estándares", función para la cual el 25 de febrero el GCC publicó un extenso informe sobre la eficacia de las terapias manuales, con el que pretende recoger la evidencia científica en relación con este tipo de terapias (entre las que se encuentra la quiropráctica) y, por tanto, indicar qué afirmaciones pueden realizar los quiroprácticos en cuanto a la efectividad de sus tratamientos y cuáles no. De hecho, el informe establece claramente qué grados de efectividad contempla y cuál es su trascendencia tanto a la hora de la práctica quiropráctica como en lo relativo a la publicidad que puede hacerse.



Dicho esto, volvamos atrás. Muy atrás. Concretamente al 19 de abril de 2008, que es cuando Simon Singh publicó su famoso artículo. La BCA, recordemos, demandó a Singh por haber dicho que

The British Chiropractic Association claims that their members can help treat children with colic, sleeping and feeding problems, frequent ear infections, asthma and prolonged crying, even though there is not a jot of evidence. This organisation is the respectable face of the chiropractic profession and yet it happily promotes bogus treatments.

Bueno, pues vamos a ver qué dice el informe de la GCC:



En definitiva, de las cinco dolencias infantiles de las que hablaba Simon Singh en su artículo (y que a su vez tomó de un folleto editado por la BCA), el informe considera que la evidencia para el cólico infantil y el asma es "moderada" y "negativa"; el informe se refiere también a la otitis, pero como puede apreciarse sus resultados se refieren a la manipulación osteopática, no a la quiropráctica. No aparecen datos sobre la manipulación quiropráctica para la otitis, los problemas de sueño y el llanto prolongado, por lo que cabe suponer que los autores, por mucho que han buscado, no han encontrado ni una iota de evidencia.

Poniendo esto en relación con las tablas anteriores, resulta que según las normas del GCC se debe aconsejar a los pacientes en contra del tratamiento quiropráctico del cólico infantil y el asma, recomendándoles alternativas efectivas. En cuanto a los demás casos, la ausencia absoluta de evidencias también debería, entiendo yo, obligar a los quiroprácticos a advertir de ello a los pacientes y recomendar otros tratamientos.

Así que ya lo ven: esta vez la BCA (y su posición procesal) reciben la patada en las joyas de la corona de manos (bueno, de pies) de su propio organismo regulador. Su único consuelo es que, quizá casualmente, el informe se hizo público dos días después de la vista judicial de la apelación de Simon Singh, con lo que cabe la posibilidad de que Sus Señorías no se hayan dado cuenta. Aunque, si recordamos que durante la vista uno de los Magistrados habló de "la homeopatía" en lugar de "la quiropráctica", y achacó su error a la lectura de los periódicos de la mañana (que trataban del informe parlamentario sobre la efectividad de esa otra pseudoterapia), lo lógico es suponer que estarán al cabo de la calle de todo esto.

¿En qué acabará todo este lío? Aunque la resolución sobre la apelación se espera quizá para esta misma semana, y el ambiente entre los partidarios de Simon Singh es de optimismo, naturalmente nadie sabe aún lo que decidirán los Magistrados. Pero lo que sí está claro es que la BCA acabará casi tan mal como algunos de los pacientes quiroprácticos.

24 de febrero de 2010

La BCA contra Simon Singh: la apelación

A estas alturas supongo que los lectores del blog estarán más que informados de los avatares del caso de la British Chiropractic Association contra Simon Singh. Como recordarán, la cosa empezó con la publicación en The Guardian de aquel artículo en el que Singh decía que


You might think that modern chiropractors restrict themselves to treating back problems, but in fact they still possess some quite wacky ideas. The fundamentalists argue that they can cure anything. And even the more moderate chiropractors have ideas above their station. The British Chiropractic Association claims that their members can help treat children with colic, sleeping and feeding problems, frequent ear infections, asthma and prolonged crying, even though there is not a jot of evidence. This organisation is the respectable face of the chiropractic profession and yet it happily promotes bogus treatments.

I can confidently label these treatments as bogus because I have co-authored a book about alternative medicine with the world’s first professor of complementary medicine, Edzard Ernst. He learned chiropractic techniques himself and used them as a doctor. This is when he began to see the need for some critical evaluation. Among other projects, he examined the evidence from 70 trials exploring the benefits of chiropractic therapy in conditions unrelated to the back. He found no evidence to suggest that chiropractors could treat any such conditions.

Siguiendo lo que por lo visto es una costumbre del gremio, la BCA decidió declinar la oferta del periódico para contestar con otro artículo, y en su lugar decidió interponer una demanda por libelo contra Simon Singh, en lo que fue el principio de una larga serie de estrepitosas meteduras de pata que han puesto a la BCA, y a la quiropráctica británica en general, al borde de la desaparición.

De hecho, en toda esta historia solo ha habido un revés serio para Simon Singh: la decisión del Juez Eady acerca del sentido de la frase "happily promotes bogus treatments". Una decisión muy controvertida, como vimos en su día, pero que podría resultar decisiva dado que el propio Eady era el Juez encargado de juzgar el caso, de modo que los abogados de Singh decidieron formular una apelación, inicialmente rechazada por Eady pero finalmente permitida por los Tribunales superiores.

Bien, hoy se ha celebrado la vista de la famosa apelación, y aunque aún no se conoce la decisión del Tribunal, la impresión que ha dejado es bastante buena. De hecho Jack of Kent, es decir, el abogado Allen Green, titula su crónica "Un buen día en los Tribunales", y en un todo mucho menos formal Crispian Jago cuenta que

Siendo virgen en los Tribunales no pretendo ser capaz de leer los pensamientos y las intenciones de los tres jueces del Tribunal de Apelación, pero como partidario de la ciencia, la razón y el pensamiento crítico, ciertamente a mí me sonó muy positivo.

Y no es extraño que le sonase positivo. Como cuenta Jack of Kent, que por supuesto es la mejor fuente posible sobre este tema, la primera parte de la vista consistió en una sólida defensa de la postura de Simon Singh, que fue escuchada con atención por un impresionante Tribunal compuesto expresamente para la ocasión por tres de los más importantes magistrados británicos. El caso tiene suma importancia, y no solo por sus implicaciones acerca de la libertad de expresión, sino también por otras cuestiones más técnicas relativas al alcance de las competencias de los distintos Tribunales Británicos.

Pero lo mejor, con mucho, ocurrió durante la sesión de la tarde, cuando tomó la palabra la abogada de la BCA. Y es que su intervención fue constantemente interrumpida por los magistrados, que no terminaban de entender por qué la BCA prefirió demandar a Simon Singh en lugar de aprovechar la oferta del periódico y publicar una réplica citando sus evidencias científicas. O a lo mejor, claro, es que lo entendían perfectamente. Otras preguntas giraron en torno a los motivos por los que la BCA se sintió ofendida por el artículo, algo que los magistrados tampoco parecían entender. O, de nuevo, también entendían perfectamente.

Como también entendieron perfectamente a la abogada cuando pusieron sobre la mesa el uso de la palabra "bogus", un término difícil de traducir pero que podríamos equiparar a "falso", "ficticio", "irreal"... La abogada replicó que acusar a la BCA de promover tratamientos "falsos" es tan ofensivo como si alguien le acusara a ella misma de llevar ante los tribunales un caso "ficticio", a lo que los jueces replicaron que quienes realmente están facultados para decidir si un caso es o no "falso" son ellos mismos, del mismo modo que quienes pueden apreciar si un tratamiento médico lo es son los científicos. Frase muy significativa teniendo en cuenta que eso es precisamente lo que es Simon Singh.

En fin, como alerta Jack of Kent y cualquiera de los que ya hace tiempo que hemos perdido esa "virginidad judicial" de Crispian Jago, ni este acoso y derribo a la abogada de la BCA ni la brillante contrarréplica de la defensa de Simon Singh permiten predecir nada con seguridad. La decisión del Tribunal, que aún tardará varias semanas en ser oficial, puede ir por cualquier lado. Pero leyendo esas y otras crónicas no cabe duda de que, en efecto, ha sido un buen día en los Tribunales.

Excepto para la BCA, claro. Pero ellos ya están acostumbrados.


Actualización a 2 de marzo: Jack of Kent ha publicado íntegramente la transcripción del acta de la vista oral. El documento puede resultar bastante farragoso, pero contiene algunas perlas interesantes.

11 de febrero de 2010

Simon Singh, la BCA y la Ley inglesa sobre el libelo.



No, no hablo francés (bueno, muy poquito), pero me han traducido. El artículo ha aparecido en el número de invierno de Le Québec Sceptique, una estupenda revista que publican los Escépticos de Quebec.



La revista es, de verdad, muy interesante, pero mi artículo ya era conocido. apareció en el número cinco de la Circular Escéptica (que, por cierto, está a punto de lanzar su número 9, así que aprovechen para suscribirse), y trata sobre el caso de la British Chiropractic Association contra Simon Singh, del que ya hemos hablado (y seguiremos hablando) por aquí.

Lo cual, por cierto, me viene estupendamente para recordarles la campaña para la reforma de la Ley inglesa sobre el libelo, apoyada por importantes personas y entidades de todo el mundo (y sí, esa del centro es Círculo Escéptico). Como les contaba, el objetivo de la campaña es obtener cien mil firmas para solicitar su reforma en el Parlamento. Y como la Ley, en realidad, no afecta solo a los ingleses, sino a todo el mundo, la recogida de firmas está abierta a todo el mundo.

Este es un asunto serio, de verdad. Con la Ley actual no es solo que Simon Singh haya sido demandado por la BCA (entre otros muchos casos); es que, dando la vuelta a la tortilla, nadie puede criticar a una gran industria farmacéutica, una empresa altamente contaminante o una institución que abuse de su poder sin arriesgarse a que le intenten callar la boca no con argumentos, sino con el simple peso económico de una demanda por libelo. Y ni siquiera importa que la empresa esté en China y usted en Finlandia: basta con una relación, por mínima que sea, con Inglaterra (por ejemplo, un acceso a un blog desde un servidor inglés) para que el Juez Eady se considere competente para juzgar el caso.

De modo que, sean escépticos o creyentes, hay que firmar. Esto nos afecta a todos.

29 de enero de 2010

Reforma de la Ley de Libelo

Como ya hemos comentado en alguna ocasión (por ejemplo aquí, sin ir más lejos), la legislación inglesa sobre el libelo es una auténtica losa para la libertad de expresión. A nivel mundial, porque cosas como sus costes astronómicos o la posición casi insostenible en la que dejan a los demandados no son algo que padezcan solo los ciudadanos ingleses, ni mucho menos. Para la Justicia británica cualquier vinculación, por mínima que sea, con Inglaterra o con algún ciudadano inglés es suficiente para extender su jurisdicción a cualquier ciudadano de cualquier país.

Una legislación que atenta tan evidentemente contra la libertad de expresión es algo que merece el rechazo de cualquier persona con un mínimo de consideración hacia este derecho tan básico y fundamental.

Como cuenta Luis Alfonso Gámez en Magonia y Círculo Escéptico, la Libel Reform Coalition ha organizado una campaña para solicitar la reforma de esta legislación.

Su objetivo inmediato es reunir 100.000 firmas para impulsar esa en el Parlamento Británico, y como pueden comprobar ya tienen muchas, algunas bastante ilustres y otras mucho más modestitas (como la mía, aunque puedo presumir de ser el primer español que firmó), pero hacen falta más. Así que ya están tardando ;-)


P.S.: Ya que estamos, les cuento un par de cosillas:

- Respecto a la demanda de la BCA, el próximo mes de febrero se celebrará la vista de la apelación del Dr. Singh. Bueno, suponiendo que Simon Singh sobreviva al suicidio homeopático del próximo sábado. La Sala estará compuesta por los principales magistrados de la Corte de Apelaciones, lo cual da una idea de la expectación que ha levantado este caso no ya entre el público en general, sino también en el mundillo de la judicatura británica.

- Y, hablando del suicidio homeopático, ya tiene convocatoria oficial en Madrid.

- Y hablar de Simon Singh y la BCA nos lleva a hablar sobre la quiropráctica. Más pronto que tarde habrá alguna fuente de buena información sobre esa pseudoterapia en nuestro idioma, ya lo verán. Pero mientras tanto no se pierdan esta. Merece la pena.

27 de octubre de 2009

La BCA contra Simon Singh (y contra sus propios pies), parte XXLVIII


Les prometía el otro día que seguiremos hablando del caso de la BCA contra Simon Singh. Y como decía el alcalde de Villar del Río, esa explicación que os debo os la voy a pagar. Así que vamos a ponernos la espalda a cubierto (lo digo por si los quiroprácticos, claro) y vamos para allá.

El caso es que hace algunos días se produjeron dos interesantes novedades en relación con este caso. La primera es una buena noticia, como veremos. Y la segunda... bueno, si les digo que se trata de la reacción de la BCA a esa buena noticia, y que va en su línea habitual, pueden ustedes ponerle el adjetivo que prefieran. Yo me pido "desternillante".

Pero antes de entrar en faena hay que hacer un pequeño resumen de las jugadas más interesantes, o al menos de la jugada más pertinente al caso. Como recordarán, la British Chiropractic Association demandó en su día a Simon Singh por un artículo en el que este decía que

The British Chiropractic Association claims that their members can help treat children with colic, sleeping and feeding problems, frequent ear infections, asthma and prolonged crying, even though there is not a jot of evidence. This organisation is the respectable face of the chiropractic profession and yet it happily promotes bogus treatments.


Decía también, justo a continuación, que

I can confidently label these treatments is bogus because I have co-authored a book about alternative medicine with the world’s first professor of complementary medicine, Edzard Ernst. He learned chiropractic techniques himself and used them as a doctor. This is when he began to see the need for some critical evaluation. Among other projects, he examined the evidence from 70 trials exploring the benefits of chiropractic therapy in conditions unrelated to the back. He found no evidence to suggest that chiropractors could treat any such conditions.


Pero este segundo párrafo fue olímpicamente ignorado por el Juez del caso, Sir David Eady. Un Juez que ha logrado lo que otros jueces estrella de otros países aún no han conseguido: dar nombre a un tipo de leyes. Y es que su severidad a la hora de juzgar casos de libelo es de tal calibre que varios Estados de EEUU han dictado las que se están empezando a conocer como "Eady Laws", leyes que pretenden proteger a sus ciudadanos de la posibilidad de que les juzgue el Juez Eady en aplicación de la legislación inglesa contra el libelo.

Como digo, y dije en su momento, el Juez Eady decidió ignorar el segundo párrafo y aferrarse al primero, de modo que su decisión en la vista preliminar del caso consistió en que

1.- El Dr. Singh no estaba formulando una opinión, sino afirmando un hecho, y

2.- el empleo de la palabra "bogus" implica que lo que el Dr. Singh afirmaba en su artículo es que la BCA promovía los tratamientos a sabiendas de que eran fraudulentos.

Resumiendo: al tratarse de una afirmación de un hecho, el Dr. Singh se verá obligado durante el juicio a demostrar ese hecho. Hecho que consiste, según Sir David, en que la BCA estaba promocionando terapias falsas a sabiendas de su falsedad, cosa que ni el Dr. Singh quiso decir ni, evidentemente, puede demostrar.

O quizá sí pudiera, como hemos visto en otros episodios de esta ya larga saga. Gracias, por supuesto, a la ayuda de la BCA en particular y de la quiropráctica británica en general.

Pero en cualquier caso, la perspectiva de enfrentarse en semejante juicio a las fuerzas combinadas de la BCA y Mr Justice Eady no era nada envidiable, así que el Dr. Singh decidió intentar apelar contra esa decisión preliminar del juez.

Lo cual nos lleva a los entresijos del sistema judicial inglés, porque la cosa no es tan simple como presentar un papelito diciendo que apela. Como el de este caso que contábamos por aquí, sin ir más lejos. Lo primero que hay que hacer es conseguir una autorización para apelar. Para lo cual Simon Singh formuló la correspondiente petición ante el Juez Eady... quien, evidentemente, la rechazó. Ante lo cual la volvió a formular ante otro Juez... que también la rechazó.

Le quedaba una última posibilidad, la de formular la petición de forma oral, esta vez frente al Juez Sir John Laws. Que es más importante que el Juez Eady, como demuestra no solo su apellido, que le viene que ni pintado teniendo en cuenta su oficio, sino también su título: frente al "Mr Justice" que ostenta Eady, Sir John Grant MacKenzie Laws es nada menos que "The Right Honourable Lord Justice Laws".

En fin, les ahorro los detalles, entre otras cosas porque los tienen mucho mejor explicados el blog de Jack of Kent, y voy derecho al grano: el Juez Laws, en una decisión que aún no ha sido publicada, ha reconocido a Simon Singh el derecho a apelar contra la decisión del Juez Eady. Jack of Kent cuenta que la apelación podrá ser completa, es decir, frente a todo el contenido de la decisión de Eady.

Habrá que leer en su momento la decisión del Juez Law para conocer del todo su alcance (y esa es la razón por la que no quería escribir aún sobre este tema, pero es que ya me picaba, ya...). Jack of Kent, a pesar de estar presente en el momento en que el Juez Law spronunció su veredicto, es bastante cauteloso, pero otras fuentes han destacado que Lord Justice Law no solo calificó la decisión de Eady como "legalmente errónea", sino que afirmó que "no hay duda" acerca de la buena fe del Dr. Singh a la hora de escribir el artículo, lo cual resulta bastante esperanzador. Y, dicen, bastante cabreante para el Juez Eady.

En fin, es una buena noticia para Simon Singh. Pero, en cualquier caso, conviene no perder de vista que no se trata mas que de una victoria parcial: lo único que ha conseguido el Dr. Singh es la autorización para formular su apelación, pero ni ha conseguido aún revocar la decisión preliminar del Juez Eady ni, muchísimo menos, ha ganado el proceso.

Así que, como pueden imaginarse, quienes seguimos el caso recibimos la noticia con satisfacción pero con cierta cautela. Con una, digamos, media sonrisa.

Hasta que la BCA volvió a entrar en escena.

No sé a ustedes, pero a mí me pasa ya con estos señores como con esos personajes que, cada vez que aparecen en una película, alivian la tensión con una gracieta: llega un momento en el que uno ya se ríe nada más verlos asomarse a la pantalla. A pesar de que el chiste sea siempre más o menos el mismo. Que es lo que le pasa a la BCA. Con más o menos variaciones, pero en el fondo el chiste siempre es el mismo: salen a escena, se ponen muy serios, sacan un revólver y se pegan un tiro en el pie.

Solo que, en esta ocasión, del disparo casi se vuelan la cabeza.

Me explico: nada más conocerse la noticia de la decisión del Juez Laws, la BCA emitió un comunicado que les traduzco a continuación:

El Dr. Simon Singh ha obtenido autorización para apelar contra la decisión del Juez Eady. Como no se permite al demandante estar presente en una vista oral de este tipo, el Juez del Tribunal de Apelaciones, Lord Justice Laws, no se benefició de la posibilidad de considerar todas las cuestiones, y de hecho no ha escuchado ningún argumento por parte de la BCA.

El Dr. Singh ha utilizado este caso como una plataforma para argumentar que los
escritores científicos deben estar al margen de las ley contra el libelo, y tener libertad para escribir lo que quieran. Incluso desde la decisión del Juez Eady del 7 de marzo de 2009, se ha involucrado en una campaña de prensa de alto nivel para asegurar que la demanda de la BCA es una restricción de la libertad de expresión. No es nada de eso.

La BCA apoya y nunca pretenderá acallar el debate científico abierto y legítimo. Sin embargo, esta demanda es simplemente una acción de libelo basada en el hecho de que la BCA fue maliciosamente atacada por el Dr. Singh en el periódico The Guardian. Cuando se le dio la oportunidad de retractarse de sus palabras y disculparse, el Dr. Singh se negó. Este juicio ha sido promovido para restaurar la buena reputación de la BCA y de sus miembros.

El Dr. Singh puede ahora llevar sus alegaciones ante el Tribunal de Apelaciones. Allí la BCA tendrá también, por primera vez, la oportunidad para presentar las suyas. La BCA confía en que una vez conozcan todos los hechos los Magistrados rechazarán la apelación.


Como vemos, más que del Dr. Singh la BCA parece estar hablando del Dr. Mabuse, quien ha desplegado un pérfido plan para atacar a los quiroprácticos, despreciando sus intentos de arreglar el asunto amistosamente y montando una campaña de prensa para desacreditarlos. Lo malo es que cualquiera que conozca mínimamente el caso sabrá que la realidad es más bien la contraria: The Guardian ofreció a la BCA la posibilidad de publicar un artículo en respuesta al del Dr. Singh, pero en lugar de abrir así ese debate científico que tanto dice defender (y que, por lo visto, en realidad tanto teme), la BCA decidió acudir a los tribunales. Y, además, decidió hacerlo solo contra Simon Singh, dejando de lado a The Guardian, probablemente pensando que la perspectiva de afrontar en solitario los tremendos costes que tiene un juicio de este tipo en Inglaterra amedrentarían al Dr. Singh y le obligarían a publicar una rectificación. Pero no fue asi; el Dr. Singh afrontó el reto judicial y en esas estamos.

Reto judicial, por cierto, iniciado por la BCA. Eso de que no ha podido presentar sus alegaciones es sencillamente un cuento chino: la BCA las expuso en su demanda y en la vista preliminar ante el Juez Eady, y si en la vista oral de la apelación no lo ha hecho ha sido sencillamente porque el apelante era el Dr. Singh, y en el sistema judicial inglés a este tipo de vistas solo acude la parte apelante. A pesar de lo cual, por supuesto, el Juez Laws tenía a la vista todos los antecedentes del caso, que incluían las alegaciones de la BCA.

En cuanto a la campaña de prensa que denuncia, ni ha sido tal ni tampoco ha tenido nada que ver en ella el Dr. Singh. La "campaña" ha sido simplemente la reacción, fundamentalmente desde bitácoras escépticas y científicas, hacia lo que se percibe no ya como un ataque al Dr. Singh, sino una cortapisa a la libertad de expresión y, sobre todo, de divulgación de conocimientos científicos, con las consecuencias que todo ello acarrea. Y en eso no tiene ninguna importancia el hecho de que una de las partes en conflicto sea la BCA. Se trate de un aquelarre de magufos o de la más poderosa multinacional farmacéutica, el hecho de que una corporación pueda emplear las leyes contra el libelo para acallar los argumentos científicos que cuestionen sus prácticas es grave, sencillamente porque atenta contra el derecho de todos los ciudadanos a conocer esos argumentos científicos (otra cosa es que luego les hagan caso, claro, pero allá cada cual). En este sentido, les recomiendo que repasen de vez
en cuando el imprescindible blog de Ben Goldacre y lean su libro Bad Science, en los que no tiene reparos en denunciar las prácticas pseudocientíficas, pero tampoco la manipulación y el engaño al que a veces recurren las empresas farmacéuticas.

Y, campaña o no campaña, lo cierto es que quienes se las han arreglado para dejar por los suelos el prestigio de la quiropráctica no han sido los científicos y escépticos que han apoyado al Dr. Singh, sino la BCA y sus acólitos, con acciones como las que les hemos ido contando en este blog y como... bueno, como este comunicado.

Me explico. Si acuden ustedes a la web de la BCA y buscan el comunicado, obtendrán esto. Que, si tienen ustedes la paciencia de descargar y leer, comprobarán que es prácticamente lo mismo que les he traducido... salvo por una frase. Aquí tienen (en inglés) lo que decía antes

However, this action is actually a simple libel claim based on the fact that the BCA was maliciously attacked by Dr. Singh in the Guardian newspaper.


Y lo que dice ahora

However, this action is a simple claim based on the fact that the BCA was libelled by Dr. Singh in the Guardian newspaper.


En los dos casos la negrita es mía. El morro, de la BCA.

La versión original se encontraba hasta hace poco perdida entre las tripas de la web de la BCA, incluso después de haber sido sustituida por la nueva. Cuando escribo esto ya no está, aunque, como pueden imaginar, a los escépticos británicos les faltó tiempo para almacenar copias, como por ejemplo esta, cortesía de The Lay Scientist.

¿Y cuál es el motivo del cambio?, se preguntarán ustedes. Venga, pregúntenselo, que si no no puedo seguir con la entrada. ¿Ya lo han hecho? Vale, pues vamos allá.

Retrocedamos otra vez al principio de todo este embrollo (no se asusten, solo un poquito). Recordarán que, como hemos comentado también hoy, la situación judicial de Simon Singh resultaba bastante comprometida porque, con arreglo a la decisión preliminar del Juez Eady

a) estaba afirmando un hecho, no una opinión, y por lo tanto

b) tendría que demostrar ese hecho.

Bueno, pues con el comunicado original en la mano, resulta que la BCA está afirmando un hecho, no una opinión. Y, en caso de que el Dr. Singh se decidiera a demandar a la BCA por libelo, la asociación se vería en la imposible tesitura de tener que demostrar ese hecho, es decir, que el Dr. Singh la ha atacado y, además, que lo ha hecho de forma maliciosa. Cosa que evidentemente no podrán hacer.

Si en el caso del artículo original del Dr. Singh la difamación es dudosa, en el del comunicado de la BCA es prácticamente de libro de texto con letras gordas, ilustraciones y lujosos huecograbados de Gustavo Doré. De modo que, si Simon Singh decidiera demandar a la BCA, la única salida sensata que les quedaría sería sentarse a la mesa e intentar llegar a un acuerdo para retirar ambas demandas y zanjar el asunto de la forma menos dañina posible para sus intereses.

Cosa que no ocurrirá, por cierto. Y no me refiero ya a las evidentes pulsiones suicidas de la BCA, porque creo que en este caso la metedura de pata es tan monumental que no les quedará más remedio que cambiar esa actitud que tanto nos ha pasmado y divertido hasta ahora y, como suele decirse, "envainársela" antes de que les envainen a ellos.

Lo que pasa es que desde el primer momento el Dr. Singh ha dejado bien claro que no concibe este caso como una cuestión meramente de interés personal, sino como algo más: una oportunidad de dejar en evidencia a la quiropráctica ante los Tribunales, y a la legislación inglesa sobre libelo ante la opinión pública mundial. De modo que lo más probable es que, como tantas veces ha dicho, siga adelante hasta ganar el caso, ante la Justicia británica o, si es necesario, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Lo cual es una jugada arriesgada, por supuesto, pero creo que debemos agradecérsela. Y no solo porque estemos de acuerdo con sus objetivos.

También, ¿qué quieren que les diga?, porque mientras siga el caso la BCA seguirá en su papel de villano cómico especialista en disparos a sus propios pies.

Seguiremos informando, que la cosa promete.


Addendum: por cierto, lo de la endeblez (por decir algo amable) de las evidencias que la BCA presenta a favor de la quiropráctica, ejem, viene de antiguo ;-)

21 de octubre de 2009

Humor británico

Los seguidores de Monty Phyton estamos de enhorabuena. Y no, por supuesto, por lo que ha dicho Terry Gilliam, que al fin y al cabo ni es noticia ni es nada. Pero el hecho de que el grupo británico no vaya a volver nunca no quiere decir que no le salgan alumnos aventajados, y hace pocos días pudimos asistir a una muestra del humor británico más desquiciado y brillante que hemos podido disfrutar desde el estreno de El sentido de la vida. Una muestra que ha tenido lugar, además, en un entorno privilegiado, como se dice ahora: nada menos que en el Parlamento Británico.

Me refiero a la intervención parlamentaria de la semana pasada, perpetrada por este señor de la foto, David Tredinnick.

Para quien no lo conozca (que supongo seremos la mayoría de quienes vivimos por estos pagos), el señor Tredinnick es un diputado del partido Conservador, cuyas posaderas llevan hollando los asientos de la Cámara de los Comunes más de veinte años. Unos años en los que no hemos oído hablar mucho de él, y no será por falta de méritos. En su intervención del 14 de octubre, el mismo señor Tredinnick recuerda que

En 2001 yo traje a la cámara la cuestión de la influencia de la luna, basada en la evidencia de que durante ciertas fases de la luna hay más accidentes.


Pues sí, como lo oyen. Bueno, como lo leen. De hecho, el señor Tredinnick no se queda ahí, sino que añade que

Los cirujanos no practican operaciones porque la coagulación de la sangre no es efectiva, y la policía tiene que sacar más agentes a la calle.


Seguro que todo eso les suena a magufada de las más tontas. Y tienen razón: es una magufada de las más tontas. Pero el bueno de Tredinnick no opina así, ya que acto seguido explica que

Estoy pidiendo más investigación. He sido criticado por traer aquí este asunto, pero la crítica se basa generalmente en un mal entendido. Está basada en la idea de que estoy hablando de las cosas que leemos en los periódicos acerca de la astrología y los signos astrológicos, pero no es así. Estoy hablando de una disciplina con una larga tradición, un arte y una ciencia que ha estado con nosotros desde los tiempos de los antiguos Egipto, Roma, Babilonia y Asiria. Es parte de las culturas china, musulmana e hindú. La crítica es altamente ofensiva para esas culturas, y yo tengo un instituto musulmán en mi distrito
.

Así que, como ven, el señor diputado no se refiere a las tonterías astrológicas de los horóscopos del periódico, sino a tonterías astrológicas de mucha más rancia tradición. De hecho, todo el mundo sabe que los egipcios sacaban más polis a patrullar las calles en las noches de luna llena, y los asirios suspendían las intervenciones quirúrgicas durante el plenilunio por los problemas con la coagulación de la sangre. O así.

Y no se confundan por la mención al instituto musulmán del distrito del señor Tredinnick, no. Lo que le guía no es un mero interés electoral, sino el resultado de sesudas investigaciones. De hecho, durante el reciente escándalo acerca de los gastos que muchos diputados británicos colaban con cargo al erario público se supo que el señor Tredinnick se había gastado nada menos que 210 libras en un programa informático de astrología, y otras 300 en aprender a manejarlo. Una minucia comparada con las miles de vidas que puede salvar si consigue que las autoridades despierten de una vez de su letargo y prohiban la circulación de vehículos durante la fase lunar más proclive a causar accidentes, ¿no? Por cierto, si leen ustedes la noticia sobre los gastos del señor Tredinnick, no se dejen deslumbrar por las seis mil libras largas de su cuenta telefónica; ¿quien les dice a ustedes que no estaba investigando a base de llamadas a líneas esotéricas de pago, eh? Al fin y al cabo la investigación es costosa, y es una pena que los funcionarios de la Cámara de los Comunes no se dieran cuenta de que quizá el gasto de 125 libras por "costos relativos a relaciones íntimas" que también reclamaba estuviera plenamente justificado por el interés en comprobar si la luna, además de las mareas, levanta también otras cosas. Digo yo.

Pero estábamos con la brillante intervención parlamentaria del otro día. La cosa, en realidad, no iba de la luna, sino que el señor Tredinnick defendía el reconocimiento oficial y la mejora de la regulación de diversas pseudoterapias. Cedámosle la palabra:

Ha habido también ataques contra la eficacia de la homeopatía. Se envió una carta a la Organización Mundial de la Salud advirtiendo acerca del uso de la homeopatía, pero la carta ignoraba los muy claros estudios aleatorizados y a doble ciego que demuestran que es efectiva precisamente en el tratamiento de la diarrea infantil acerca del que se la criticaba. Por lo tanto, ¿apoyará contundentemente el Gobierno a la homeopatía y considerará lo que debe hacerse para que se utilice de una manera más efectiva en el servicio [público] de salud?


Es curioso... bueno, no no es curioso: es habitual en el ámbito de las "medicinas complementarias". Pero para un observador poco acostumbrado a la desvergüenza con la que los partidarios de las pseudomedicinas abrazan fervorosamente o rechazan con vigor los métodos de la medicina científica según les convenga, resultaría curioso que diga eso el mismo señor que hace poco más de un año, después de hablar del grave problema que suponía para la homeopatía

la introducción de la medicina basada en la evidencia


Decía que

la homeopatía no encaja en los métodos normales -es decir, ortodoxos- de verificación
.

Una ocasión en la cual, por cierto, se pudo oir el comentario de otro parlamentario, el laborista Rob Marris, que puso el dedo en la llaga diciendo que

En este país usamos mucha agua reciclada, pero me sorprende que el agua, que supuestamente tiene memoria, no recuerde las heces que hubo en ella y por lo tanto nos haga caer enfermos a todos.


Sea como sea, y perdón por la reiteración, todos sabemos que los vendedores de pseudomedicinas se agarran como lapas a los estudios clínicos que parecen avalar su eficacia (aunque, como en el caso que cita el señor Tredinnick, luego resulta que nanay de la China), pero echan pestes de la metodología científica cuando no les da la razón. Sin ir más lejos lo hizo también el otro día el propio señor Tredinnick, contando que (agárrense a la silla)

Como pasa con los sanadores que pueden efectuar curaciones remotas, no sirve de nada que la gente diga que simplemente porque no podamos demostrar algo, no funciona. La evidencia anecdótica de que es así es enorme. Sé que la Ministra [de sanidad] tiene visión de futuro, y creo que su departamento necesita estar muy abierto a la idea de las transferencias de energía y la gente que trabaja en esa esfera.


Tratándose de un debate de tan alto calado, no podía faltar tampoco una mención al caso de la British Chiropractic Association contra Simon Singh, del que tanto hemos hablado aquí. Y del que seguiremos hablando, aunque para ir abriendo boca pueden ustedes leer este estupendo artículo de José María Mateos. Así que el señor Tredinnick dijo que

También hay problemas serios en la quiropráctica, que podríamos considerar como una disciplina auxiliar de la osteopatía. El Consejo General Quiropráctico ha sido bombardeado con quejas de autores de bitácoras -quejas espurias, diría yo- que tiene la obligación legal de investigar. Me preocupa mucho que las quejas genuinas no puedan ser tramitadas y que algún practicante contra el que se haya formulado una queja legítima pueda seguir ejerciendo. ¿Puede la Ministra ocuparse de esta situación tan insatisfactoria, que ha surgido a consecuencia de que un individuo ha perdido un procedimiento judicial contra la Asociación Británica de Quiropráctica?


Como sabemos, Simon Singh no ha perdido todavía el caso. De hecho, en las últimas semanas la situación ha dado un giro bastante favorable a sus intereses, acompañado -cómo no- por el enésimo disparo en su propio pie por parte de la BCA.

Pero de eso hablaremos otro día. Hoy estamos con las perlas humorísticas del señor Tredinnick, que en su intervención abogó por el reconocimiento oficial de diversas pseudoterapias, entre ellas las que llamó

tratamientos étnicos [las cursivas son mías; el uso de la palabra en este contexto es responsabilidad exclusiva del señor Tredinnick], que utiliza mucha gente en este país. Estoy pensando en las medicinas china y ayurvédica. Quiero señalar cómo son parte de esas culturas, y cómo esas culturas miran al cielo como parte de sus disciplinas médicas. La medicina china está estrechamente relacionada con el feng shui, que es popular en este país y que tiene una subdisciplina llamada "direcciones correctas", y se basa en la astronomía y la astrología chinas (...). La medicina ayurvédica también tiene una larga tradición de observación de factores astronómicos y astrológicos, y el Lahiri es el sistema astrológico oficial del gobierno indio.


Naturalmente, a la vista de semejante colección de bobadas, cualquiera podría esperar que tras su intervención al señor Tredinnick le llovieran palos por todos los lados. De hecho, también lo esperaba el señor Tredinnick, que a pesar de lo que pudiera parecer aún conserva el uso de algunas neuronas. De modo que, poniéndose la venda antes de recibir la herida, intercaló en su discurso esta interesante reflexión:

La oposición está basada en lo que yo llamo la fórmula SIP: superstición, ignorancia y prejuicios. Tiende a basarse en la superstición, con los científicos reaccionando emocionalmente, lo cual es siempre una gran ironía. Son también ignorantes, porque nunca estudian la cuestión y se limitan a decir que todo tiene que ver con lo que aparece en los periódicos [se refiere a los horóscopos], cosa que no es cierta, y tienen profundos prejuicios, y también prejuicios raciales [sic], lo cual es preocupante.

Durante los últimos años he estudiado en detalle esta cuestión, así como el impacto de la astronomía y la astrología en la fitoterapia occidental, como enseñó Culpeper, cuyo libro "Culpeper's Complete Herbal" ha estado en imprenta más tiempo que cualquier otro libro en este país aparte de la biblia. Actualmente hay personas que enseñan, como Jane Ridder-Patrick, que publicó "A Handbook of Medical Astrology" (...) Independientemente de lo que crea cada uno personalmente, es una cuestión que deberíamos observar y considerar.


En fin, que en vista de todo lo que dice este tipo, y especialmente de esa ardorosa defensa de la astrología médica, me asalta la tentación de terminar este comentario diciendo que

Debemos librarnos de esta desagradable superstición medieval.


El problema es que la frase ya está pillada. Concretamente la usó... el señor Tredinnick, para referirse a esos malvados científicos que rechazan a la astrología por, recordemos, superstición, ignorancia y prejuicios. Y prejuicios raciales, claro. Lo moderno es, en cambio, consultar a las estrellas para diagnosticar enfermos, y tratarlos siguiendo la lúcida y actualísima guía del "Culpeper's", que al fin y al cabo lleva desde 1653 proporcionándonos información sobre qué hierba recomiendan las constelaciones para cada dolencia.

Así que ya ven: los Monthy Pithon no vuelven. Pero es que con tipos como este no hacen falta, ¿verdad?


P.S.: Y por si no me creen, aquí tienen la intervención completa. Inmortalizada en el Diario de Sesiones para eterna vergüenza de Tredinnick, de sus electores y del Parlamento británico.