9 de septiembre de 2010

El gruyere no tiene agujeros

A pesar del tiempo transcurrido, una de las entradas más visitadas de este blog sigue siendo la que dediqué en su día a la edición del año pasado del "Congreso Ciencia y Espíritu", un magno evento dedicado, como vimos, a arremeter con espíritu templado y firme contra la ciencia en todas sus vertientes. Y sospecho que esa popularidad de la entrada se debe precisamente a este carácter multidisciplinar del acto, porque en él se presentaron tantas ideas estrafalarias distintas que no me extrañaría que algún internauta despistado viniese a parar al blog buscando, qué se yo, la energía crística, el orgonite o el pericardio (sí, el pericardio) como alojamiento del alma. De hecho, yo titulaba la entrada "El (peligroso) Congreso Ciencia y Espíritu" precisamente porque la presencia en él de tantas y tantas propuestas no ya distintas entre sí, sino francamente contradictorias, podría haber dado lugar a algún tipo de enfrentamiento entre los ponentes. Me apresuro a aclarar que no fue así, y que a pesar de que cada uno de ellos presentaba una idea que implícitamente se daba de patadas contra las de los demás, terminaron todos en paz y armonía unidos por lo único que tienen en común todas sus tesis: que prescinden completa y absolutamente de la realidad.

Y claro, en una entrada que, a pesar de no estar ya de actualidad, sigue recibiendo visitas a un ritmo más o menos regular es inevitable que también aparezca de vez en cuando algún comentario nuevo. Y el último (por ahora) me ha parecido digno de una entrada. Dice Maite:

Me hacen gracia aquellos que "creen" en la llamada ciencia "oficial" y desprecian olímpicamente a los que intentan buscar otro tipo de explicaciones alternativas. ¿Acaso porque aparezca reflejado en los supuestos sesudos estudios científicos oficiales les da una credibilidad mayor?

Y, ¿qué quieren que les diga?, da en el clavo. Evidentemente, eso de la ciencia "oficial" no existe, lo que hay es buena y mala ciencia, ciencia de verdad y pseudociencia, pero también es cierto que desde ciertos ámbitos (desde los que, por lo visto, escribe Maite) se denomina así a la ciencia en tanto en cuanto desmiente sus creencias. Y, visto desde esta perspectiva, lo cierto es que los estudios científicos merecen mucha más credibilidad que las intuiciones de un iluminado, las invenciones de un espabilado o los desvaríos de alguien que probablemente debería buscar ayuda psicológica profesional. Que de los tres casos hubo en el Congreso. De hecho han sido los resultados de los estudios científicos y no los cuentos sobre "energías espirituales", los delirios sobre conspiraciones o los disparates sobre revelaciones de origen extraterrestre los que han permitido que Maite, como yo, podamos por ejemplo intercambiar comentarios mediante un ordenador conectado a internet en vez de esperar la oportunidad de conocernos para poder hablarlo en persona. O, ya puestos, que tanto ella como yo (en mi caso, con toda seguridad) sigamos vivos para poder hacerlo en lugar de habernos muerto por culpa de una afección que no era curable hace apenas unas décadas.

Sigue diciendo Maite que

¿Y todo lo que nos ocultan o lo que callan porque no tienen ni la más remota idea -o por intereses espurios, por qué no decirlo- ? 

Y aquí ya no anda tan fina. En primer lugar, lo que mueve a la ciencia es precisamente el afán de descubrimiento, por lo que no tiene sentido ocultar o callar lo que se ignora. Todo lo contrario: diariamente se hacen esfuerzos para superar esa ignorancia en lugar de regocijarse en ella. Y en cuanto a los intereses espurios, no creo que haya que presuponerlos en nadie. Dudo mucho que ningún crítico de la homeopatía, por ejemplo, sostenga que todos sus defensores están a sueldo de multinacionales como Heel o Boiron (con la que, de hecho, a muchos escépticos nos unen lazos entrañables).

Más aún: incluso cuando se produce algún fraude científico a causa de esos intereses espurios (como en este caso, sin ir más lejos), se cometen falsificando y ocultando los resultados realmente obtenidos mediante el método científico, y son también los mecanismos de la ciencia los que lo descubren y denuncian. Lo cual, por cierto, contrasta bastante con lo que ocurre en esos "Congresos Ciencia y Espíritu": ninguno de los ponentes podría denunciar la falsedad de las tesis de los demás, por mucho que se opongan a las suyas, sencillamente porque ni las de los otros ni las suyas propias tienen ni la más mínima relación con el mundo real.

Así, por ejemplo, cuando alguno de esos ponentes dicen, como Maite, cosas como esta

¿Se ha informado algún "anónimo" de esos que JAMÁS nadie ha podido mostrar una sola fotografía del virus del SIDA?. Sin embargo de otros muchos virus prefectamente catalogados sí que hay fotos. En el tema del SIDA hay tantas lagunas que los agujeros del "Gruyere" superan al propio queso y, supongo que como en este tema hay muchos otros.

no pasa nada si el ponente de al lado dice que el VIH fue creado por ingeniería genética para acabar con los homosexuales, por ejemplo. Y tampoco pasa nada si alguno de esos ponentes, como Maite, siguen con la milonga de que jamás se ha podido mostrar una sola fotografía del virus del sida cuando basta con echar un vistazo a la Wikipedia para ver alguna, sin ir más lejos.



De hecho algo así ocurrió en el Congreso de marras. Aunque Maite diga que

Otro ejemplo: lo de la gripe A ha sido un montaje de tomo y lomo y hasta en los llamados "medios oficiales" hemos podido tener noticia de que la OMS está siendo investigada por exagerar el peligro con la llamada "pandemia", lo mismo que hicieron pocos años antes con la gripe aviar.

no faltaron en ese mismo congreso quienes consideraban a la gripe A como un ataque biológico en toda regla. Si es por exagerar, quienes se llevaron la palma fueron los conspiranóicos, como siempre. De hecho la propia Maite lo reconoce a continuación:

Ahora bien, sí que estoy de acuerdo en que hay muchos en el mundillo alternativo que ante las cuestiones anteriores, por poner un ejemplo, extraen conclusiones exageradas, cuando no peregrinas, como que hay un plan oculto para matar a la población, envenenarnos o yo qué sé a medio plazo. Eso es mera conjetura y yo no me atrevería a afirmar semajantes cosas, pero está claro que con la gripe A han querido hacer un negocio de tomo y lomo y después de que los gobiernos se gastasen millonadas en las vacunas la inmensa mayoría no se ha utilizado, pero las grandes firmas ya se han llenado los bolsillos.

Lo cual nos lleva a otro problema. Las teorías conspiranóicas, tan arraigadas en el que la propia Maite llama "mundillo alternativo", son atractivas entre otras cosas porque son enormemente simples, pero suelen pasarse de simpleza. Los fabricantes de vacunas contra la gripe A sin duda hicieron un gran negocio, contando con la complicidad de algunos miembros de la Organización Mundial de la Salud. Pero el riesgo de la gripe A era y es real, y aunque no haya mutado hasta variedades aún más peligrosas o letales tampoco se puede decir que haya pasado sin dejar un balance aterrador. Y es cierto que muchos gobiernos adquirieron más vacunas de las que fueron al final necesarias, pero un error de cálculo por exceso de precaución parece preferible al riesgo de que se hubiesen quedado cortos. Cargar contra una vacuna por el hecho de que su fabricante haga negocio con ella es como criticar los cascos de los motociclistas porque la empresa que los elaboró también obtuvo sus ganancias. Con el agravante de que esas críticas y esa propaganda "alternativa" de cuento de hadas no solo parten de una falacia, sino que se cobran un precio en vidas humanas.

Maite, en fin, termina diciendo que

En fin, sólo pediría a los "creyentes" en todo lo "oficial" un poco más de respeto, menos insultos y soberbia y que si se tienen por "escépticos" hagan buen uso del significado de esta palabra y duden de todo, no que nieguen ciegamente lo que no les encaja en sus estrechas concepciones y se adhieran a todo lo que suena a oficial por el mero hecho de serlo. 

Que es un lamento bastante habitual: somos "soberbios" "creemos" en lo "oficial", "negamos ciegamente" lo que "no encaja en nuestras estrechas concepciones" y todo eso. ¡Ah!, y además insultamos.

Pero lo que sucede, Maite, es precisamente lo contrario. Lo "oficial" era creer que los rayos eran lanzados por Júpiter, que el Sol gira alrededor de la Tierra y que un ente sobrenatural tuvo un arrebato creativo el 23 de octubre del año 4004 A.C. Más o menos a la hora del té. Y lo que nos enseñó que no es así fue el progreso del conocimiento científico, igual que nos enseña que las radiaciones de los teléfonos móviles no son ionizantes, que el agua no tiene memoria o que las estelas de condensación de los aviones no sirven para envenenarnos desde el aire, por citar alguna otra de las barbaridades que se dijeron en el Congreso.

La ciencia se limita a describir la realidad de la manera más precisa posible, sin importar si esa descripción se ajusta a las creencias "oficiales", Maite, o a las "alternativas", precisamente porque no se trata de creer, sino de conocer. Y si ello implica negar que alguien, en un arrebato de inspiración, haya dado con la causa única de todas nuestras enfermedades y achaques, o que los extraterrestres anden revolviendo en nuestros asuntos, o que vivamos en medio de una película de conspiraciones cuyo oscuro secreto solo nosotros conocemos, pues no quedará más remedio que negarlo. Igual que negaríamos la existencia de los Reyes Magos, Papá Noel o el Ratoncito Pérez, por mucha ilusión que nos hiciera creer en ellos.

Y es cierto que en algunos casos lo hacemos con vehemencia, y que incluso ponemos cartelitos como este


Cuando a lo mejor hubiese sido más amable este otro:


Pero ante un Congreso que vende falsas esperanzas a enfermos, que promociona terapias y tratamientos que tienen más que ver con el Derecho Penal que con la medicina, y que repite afirmaciones que han costado cientos de miles de vidas, si de algo pecaba aquella entrada es de exceso de amabilidad.

¡Ah!, y el que tiene los agujeros es el emmental. De nada.


Actualización a 20-09-2010: Y por si hubiera dudas con lo de la fotografía del virus del VIH, aquí tienen ustedes unas cuantas, recopiladas por La ciencia y sus demonios.




Actualización a 06-10-2010: Bueno, después de todo sí que podría decirse que el Gruyere tiene agujeros ;-)

7 comentarios:

  1. Toma ya. Buenísimo.

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  2. Magistrál exposición. Pero siempre habrá almas candidas dispuestas a "creer" en toda esta panoplia de oscurantismo, así como también algúnos dispuestos a hacér buenos negocios con estos congresos, y con toda la mercadotecnia que rodea a estas patrañas. Estoy asombrado con la proliferación que noto estos últimos tiempos de tiendas "esotericas". El retorno de los brujos, ni más ni menos.

    Saludos.

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  3. Admite al menos que el emmental fue, durante mucho tiempo, un queso gruyère...

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  4. Nada nuevo bajo el Sol. Los mismos "argumentos" repetidos una y otra vez hasta la saciedad. Los magufos parecen loros. ¿Cuántos comentarios exáctamente iguales habrá por los foros de internet? Son cansinos hasta la saciedad.

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  5. Intentar convencer a esta gente es como arar en la mar, pero es gracioso ver como, efectivamente, se repiten hasta la saciedad.

    Uno de sus argumentos preferidos es que los escépticos deben «dudar de todo» cual cartesianos desbocados. El escepticismo no significa otra cosa, desde mi punto de vista, que acomodar las propias creencias a las pruebas disponibles. No es tan difícil.

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  6. "Desde que el hombre no cree en dios, no es que no crea en nada, ¡es que cree en todo!"

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  7. Como le parece la pildorita: ""CREYENTES" en todo lo "oficial"" ja ja ja ja ja ja ja ja ...¿a que se referirá con lo "oficial"? (¡no dijo nada acerca del sarcasmo! ¿o si?)

    ...Ahora me retiro ya que tengo que realizar un complicado acto de fé en mi "biblia" de farmacología... de la oficial, con mi mano en mi pericardio, para potenciar mi energía terapéutica.

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