11 de julio de 2010

Explicando el bajo rendimiento de Torres

Uno de los aspectos del juego de la selección española en este Mundial que más está llamando la atención a los aficionados es el bajo rendimiento de Fernando Torres. Yo, entre que estoy ya muy desconectado del fútbol y que nunca he seguido la trayectoria de este chico no puedo opinar gran cosa, pero por lo poco que he podido ver y por lo mucho que he podido leer y escuchar, sospecho muchos lo cambiarían a ojos cerrados no ya por Fernando Llorente, sino incluso por el pulpo Paul, que hasta ahora ha demostrado bastante más entusiasmo por nuestra selección y cuyas evidentes carencias en el juego aéreo se compensan sobradamente por el hecho de que dispone de ocho patas con las que hincharse de dar patadas al Jabulani.

En fin, que hoy por hoy parece que estemos muy lejos de ver otra foto como aquella de 2008.


¿Por qué? Por supuesto no tengo ni la más remota idea, pero ya que esto del Mundial nos está trayendo estupideces tan notorias como la del dichoso pulpo, voy a apuntar yo también la mía.

Empecemos con una ampliación de una parte de la foto de arriba; concretamente el brazo tatuado:


Como supongo que sabrá todo el mundo, se trata de una concesión a la moda de "tatuarse el nombre en élfico", que hizo furor a raíz del éxito de las películas que Peter Jackson realizó sobre la base (más o menos) de El Señor de los Anillos. Una moda, por otra parte, explicable hasta cierto punto: la verdad es que a la hora de concebir tanto sus lenguajes ficticios como, sobre todo, la caligrafía de los mismos, Tolkien tuvo muy en cuenta criterios puramente estéticos, así que "letras élficas" son muy bonitas, y el tatuaje, para los que gusten de esas cosas, puede resultar hasta decorativo.

Y al decir "para los que gusten de esas cosas" me refiero, obviamente, a los amantes de los tatuajes. Para los aficionados de Tolkien la cosa puede ser, como en este caso, bastante ridícula.

Ante todo hay que tener en cuenta un par de cosas. En primer lugar no existe un lenguaje élfico, sino varios. A Tolkien lo que más le gustaba era inventar lenguajes, y a medida que desarrollaba su mitología también desarrollaba variantes que se convertían en idiomas vagamente emparentados, pero esencialmente distintos. Sin entrar en muchos detalles, los más importantes eran dos: el quenya y el sindarin.

Vamos ahora con las "letras". Tolkien no desarrolló un verdadero "alfabeto élfico", ni mucho menos. Y no me refiero solo a que no se limitó, como podríamos suponer, a inventar unas simples reglas de transposición del tipo "A se sustituye por el símbolo tal, B por el símbolo cual, etc"; su sistema de escritura era bastante más complejo que un simple alfabeto. Sin embargo, puede hacerse -y de hecho se hace- una tabla de equivalencias fonéticas, de modo que cada carácter élfico correspondiente a un determinado sonido puede servir para representar la letra que usualmente asociamos con ese sonido.

Por otro lado, y de nuevo simplificando mucho, las "letras" élficas son en realidad dos series de caracteres: las  tengwar, con valor generalmente de consonante, y las tehtar, que actúan como vocales pero que no son propiamente "letras", sino signos diacríticos que se colocan encima (o a veces debajo) de las consonantes.

Y ahora viene la gran cuestión: ¿Sobre la consonante anterior o sobre la posterior?

Por si aún no se han perdido, vamos a volver a lo de las dos lenguas, el quenya y el sindarin. Una de las diferencias más llamativas entre ellas es precisamente la posición de las vocales: en quenya se colocan sobre la consonante anterior, mientras que en sindarin se escriben sobre la consonante posterior.

La razón para ello es simplemente práctica: en quenya abundan las palabras terminadas en vocal, mientras que en sindarin son más habituales las que acaban en consonante, de manera que adoptando este criterio se evita en lo posible tener que emplear un carácter portador mudo, cuya única finalidad es tener encima las vocales que se queden "huérfanas". Y esta misma razón es la que hace que, a la hora de realizar una tabla de equivalencias para escribir con letras élficas otros idiomas se prefiera uno u otro sistema: en inglés, por ejemplo, se emplea el sistema del sindarin, mientras que en español se ha adoptado el del quenya. Pueden verlo, con abundantes instrucciones, en esta página de la Universidad Autónoma de Númenor.

Dicho lo cual volvamos al tatuaje de Torres. Se supone que debe poner simplemente "FERNANDO", nombre que se escribiría, siguiendo las reglas que comentábamos, así:


Las vocales (las "tildes") se colocan, como decíamos, sobre las consonantes anteriores, de manera que la primera de ellas, la E, se coloca sobre la F inicial, la A sobre la primera de las N, y la O del final de la palabra sobre la D precedente.

Lo malo es que, si nos fijamos en la ampliación de la foto


No es eso lo que pone. Lo que le han tatuado es más o menos esto:


¿Captan la diferencia?

¿Y ven por qué decía yo que quizá la causa de su actuación mundialista sea el efecto (vale, retardado) del dichoso tatuaje?

Porque, digo yo, ¿qué se puede esperar de alguien que lleva cubierto todo el antebrazo con un letrero que dice "FRENNADO"?

10 de julio de 2010

La del pulpo

Vaya por delante que a mí la historia del pulpo Paul y sus predicciones me parece simpática. Lo que no me lo parece es la histeria, que ha desembocado en el auge de lo que Luis Alfonso Gámez ha denominado, con mucho acierto, el periodismo gilipollas. O, como ha escrito (bueno, dibujado) J. R. Mora:


Sea como sea, el caso es que los medios de comunicación han estado tan pendientes de cómo se alimentaba el dichoso pulpo que, por una vez, podríamos llegar a creernos las encuestas esas que dicen que todos los televidentes se apasionan con los documentales de animales de la 2 (y que conste que el chiste no es mío, pero ahora no recuerdo a quién se lo he oído/leído).

La cosa ha llegado hasta tal extremo que el pulpo ha sido hoy el tema de conversación en todas partes, aunque generalmente con bastante recochineo. No exento en ocasiones de cierta profundidad: en la última que he podido escuchar esta tarde se hablaba de la conveniencia o no de sustituir al presidente del gobierno por el pulpo Paul, que probablemente acertaría más a la hora de adoptar medidas económicas. Lo cual, bien mirado, no es ningún disparate: además de la historia del mono de Wall Street (que, aunque muchos dicen que es una leyenda urbana, quizá no lo sea tanto) tenemos los resultados del interesante experimento que cuenta Richard Wiseman en su libro Rarología. Para poner a prueba la llamada "astrología financiera", 


The experiment involved three participants—a financial astrologer, an experienced investment analyst, and a young child. At the beginning of the test we gave them a notional £5,000 each and asked them to invest the money in the stock market as they thought best. Then, over the course of a week, we tracked their choices.
El experimento contó con tres participantes: un astrólogo financiero, un analista de inversiones con amplia experiencia, y una niña pequeña. Al principio del experimento dimos a cada uno 5.000 libras ficticias y les pedimos que las invirtieran en la bolsa lo mejor que supieran. Luego seguimos sus elecciones a lo largo de una semana.

La niña elegida, Tia, contaba con cuatro años de edad.

We wanted Tia’s choices to be random, and she happily approved a cunning selection procedure involving a stepladder and a big pad of paper. At 11:55A.M. on March 15, 2001, I found myself balancing precariously on the top of a six-foot stepladder in the marble foyer of Barclay’s Stockbrokers. Tia, and a small audience of Britain’s top investors were waiting patiently on the ground below. One of my hands gripped the ladder tightly; the other held one hundred small pieces of paper, each bearing the name of a company. As the clock struck noon, I threw the papers high into the air and Tia randomly grabbed four of them as they gently fluttered to the ground. 
Queríamos que las elecciones de Tia fueran aleatorias, y ella dio su aprobación a un ingenioso sistema de selección que empleaba una escalerilla y una gran libreta. A las 11,55 del 15 de marzo de 2001 me encontraba balanceándome precariamente en lo alto de una escalerilla de dos metros de altura en el vestíbulo de mármol de Barclay's Stockbrokers. Tia y una pequeña audiencia compuesta por los principales inversores británicos esperaban pacientemente a los pies de la escalera. Una de mis manos agarraba fuertemente la escalera y la otra cien trocitos de papel, cada uno de los cuales llevaba escrito el nombre de una empresa. Cuando el reloj dio las doce lancé los papeles al aire y Tia agarró al azar cuatro de ellos mientras flotaban suavemente hacia el suelo.

¿Cuál fue el resultado del experimento? Bueno, aquella semana resultó algo movida en la Bolsa, de modo que los tres "expertos" registraron pérdidas. Pero no en la misma cantidad:

At the bottom of the pack came the financial astrologer, whose planetary prognostications resulted in a 10.1 percent loss. The expert investor came a close second with a 7.1 percent loss. At the head of the class was Tia, with a loss of just 4.6 percent.
En el último puesto estaba el astrólogo financiero, cuyos pronósticos planetarios dieron como resultado unas pérdidas del 10,1 por ciento. El inversor experto quedó en segundo puesto con unas pérdidas del 7,1 por ciento. En cabeza estaba Tia, con unas pérdidas de solo el 4,6 por ciento.

Sin embargo, Wiseman no se quedó ahí, y decidió prolongar el experimento durante todo un año. Al final los resultados fueron los siguientes:

Our expert investor had a 46.2 percent loss on his original investment. The financial astrologer did somewhat better, but still suffered a 6.2 percent loss. Once again, Tia led the pack. In the face of a falling market, she had managed to make a 5.8 percent profit.
Nuestro experto inversor tuvo unas pérdidas del 46,2 por ciento de la cantidad inicial. El astrólogo financiero lo hizo un poco mejor, pero aun así obtuvo unas pérdidas del 6,2 por ciento. Una vez más, Tia encabezó el grupo. A pesar de las pérdidas generalizadas en el mercado, se las arregló para obtener un 5,8 por ciento de beneficio.

(Las traducciones son mías. Las citas provienen de la edición original inglesa, no por presumir de nada, sino sencillamente porque es la que yo tengo).

En fin, que entre eso y que en comparación con Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy el pulpo quizá no sea tan mala alternativa, es una idea como para pensársela.

Pero, bromas aparte, la cuestión (que claro, ya me han preguntado) es ¿cómo puñetas puede acertar el pulpo? ¿De verdad tiene poderes psíquicos?

No, evidentemente no los tiene. Y, de hecho, tampoco me parece que realmente "acierte" nada. Y aunque no puedo decir si todo esto es un montaje, una consecuencia del azar (que a veces tiene estas cosas) o qué, sí que tengo alguna idea de por dónde podrían ir los tiros.



En primer lugar, que yo sepa, el pulpo empezó a frecuentar los escenarios (es un decir) con motivo de la Eurocopa 2008, "vaticinando" los resultados de la selección alemana. Ignoro si lo había hecho antes, pero tampoco tiene tanta importancia. Por lo que dicen, el animalito acertó el ganador de cada uno de los partidos excepto el de la final, que como es público y notorio ganó la selección española.

Así que vamos a echarle un vistazo al calendario. Según leo, los partidos jugados por Alemania fueron:


  • Alemania 2, Polonia 0.
  • Croacia 2, Alemania 1.
  • Austria 0, Alemania 1.
  • Portugal 2, Alemania 3.
  • Alemania 3, Turquía 2.
  • Alemania 0, España 1.

Como sabemos, el método de Paul consiste en comerse un mejillón introducido en una urna con la bandera de cada país contendiente. La urna elegida determinará el ganador. Así que imaginemos la escena. Para la "predicción" de los tres primeros partidos, Paul entra en la pecera y elige simplemente al azar. Encuentra el primer mejillón en Alemania, el segundo en Croacia y el tercero, nuevamente, en Alemania.

Con lo cual es posible que para la cuarta predicción ya haya un factor discordante: el pulpo ya se ha encontrado el mejillón dos veces en la urna que contiene la bandera alemana, bandera que además ha visto ya tres veces. Los pulpos son, evidentemente, pulpos, pero no son tontos, y ahora se le presenta la elección entre una urna con un patrón cromático conocido (la de Alemania) en la que su experiencia le dice que siempre que ha buscado allí ha encontrado el mejillón, y una que no conoce de nada. ¿Cuál es su elección más probable? Evidentemente, la alemana.

Con lo cual, además, el pulpo consigue algo más: como Alemania, efectivamente, gana el partido contra Portugal, pasa a semifinales, de modo que se le brinda una nueva oportunidad de cazar al mejillón exactamente en las mismas condiciones: una urna con un patrón conocido y que ha aprendido a asociar a la comida, y otra que tampoco ha visto nunca. Si Alemania hubiese perdido contra Portugal hubiese hecho las maletas, la Eurocopa se habría acabado para su país, y Paul habría vuelto a sus hábitos normales. Pero el pase a semifinales le brinda otra oportunidad para reforzar su condicionamiento, y el pulpo la aprovecha y escoge de nuevo a Alemania.

Y lo mismo ocurre en la final, aunque con un matiz que veremos más adelante. Claro que esta vez su "predicción" falló.

En definitiva, tenemos un pulpo que ha aprendido a asociar un determinado patrón de colores con la comida, así que dos años después repite la jugada.

Los resultados de Alemania en el Mundial han sido hasta ahora estos:

  • Alemania 4, Australia 0.
  • Alemania 0, Serbia 1.
  • Ghana 0, Alemania 1.
  • Alemania 4, Inglaterra 1.
  • Argentina 0, Alemania 4.
  • Alemania 0, España 1.

Esta vez por lo visto los ha acertado todos. Pero si reducimos los resultados a estadísticas tenemos que Alemania ha ganado cuatro de los seis partidos, es decir, un 66,67%. El pulpo sigue escogiendo mayoritariamente la bandera alemana, y el hecho de que la selección de Alemania siga en la competición hasta el final le brinda de nuevo más oportunidades para escogerla. De hecho, en sus "predicciones" de esta mañana Paul ha vuelto a escoger la bandera alemana en la final de consolación (frente a Uruguay) y la española frente a la holandesa para la gran final, lo cual también me parece consistente con la idea de que el pulpo intente escoger un patrón cromático conocido: a lo mejor es una impresión equivocada, pero me parece que la bandera española es más parecida a la alemana que la holandesa.

Otra posible explicación (no necesariamente incompatible con la anterior) es la de la posición de las urnas. No ocurre siempre:



Pero, por lo que hemos podido ver, el pulpo suele elegir la urna de la derecha del espectador:






Y, por último, hay un tercer factor en juego: el puro y simple azar. Y aquí tenemos que recordar la llamada "falacia del jugador": el porcentaje de "aciertos" del pulpo puede parecer impresionante, ya que la probabilidad de elegir la urna correcta seis veces de seis intentos es ciertamente muy baja, pero puede deberse al azar; al fin y al cabo, la probabilidad de acertar por azar en cada una de esas ocasiones es exactamente del 50%. Si además añadimos los posibles factores de sesgo que mencionábamos antes (la posibilidad de que el pulpo reconozca la bandera alemana o la aparente tendencia a irse casi siempre al mismo lado) sus posibilidades de "acierto" aumentan considerablemente en cada ocasión, y la serie no resulta tan extraordinaria.

Y todo ello, claro, sin necesidad de que el pulpo tenga poderes psíquicos. Lo cual no quiere decir, por una vez y sin que sirva de precedente, que no me gustase que el pulpo fuera, en efecto, capaz de adivinar el porvenir y que su predicción para el domingo fuera acertada.


Pero para eso, la verdad, confío mucho más en el buen juego de, ejem, casi todos los jugadores de la selección. Porque, al fin y al cabo, solo hay algo que podamos decir, incluso predecir con toda seguridad acerca de Paul:


8 de julio de 2010

Tolkien, Ocho Leguas y un poco de escepticismo

A la hora de preparar un artículo o un reportaje, uno de los trucos que no suelen fallar nunca es añadir alguna anécdota que lo hagan más atractivo. Y si la anécdota incluye la mención a un personaje famoso, mejor todavía.

Y algo de eso estarían pensando los responsables de Ocho leguas cuando redactaron su reportaje de hoy, dedicado a las montañas Drakensberg, en Sudáfrica.


Según el reportaje el lugar es uno de los cien que hay que "ver antes de morir". Y para convencernos de ello nos hablan de alguien que, por lo que dicen, debió verlo:


Como ven se trata de justo lo que comentábamos: un dato anecdótico curioso, relativo a un personaje famoso. Perfecto salvo por un pequeño detalle.

Que no es verdad.

Vamos a aplicar un poquito de escepticismo. Que no consiste, como creen algunos, en dudar de todo y no creer en nada, sino en emplear la duda como medio para alcanzar una certeza razonable. En este caso, certeza razonable de que algo no es verdad, como veremos, y de que en cambio es muy probable que sea cierta otra cosa, como también veremos.

Vamos por partes. En primer lugar, ni en la obra de Tolkien ni en sus cartas hay ni la más mínima mención a las montañas Drakensberg. Vale, sí, ya sé eso de que "la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia", pero la frase, en realidad, está muy sobrevalorada: la ausencia de evidencia debería como mínimo mosquearnos un poco. Porque elementos para mosquearse hay varios. Supongo que el autor del reportaje se habrá sacado de la manga la relación entre Tolkien y las Drakensberg partiendo del dato de que Tolkien nació en Sudáfrica, concretamente en Bloemfontein. Lo malo es que un vistazo al mapa nos dice que Bloemfontein y las Drakensberg no están precisamente al lado una de otra:


Aplicando la escala del mapa puede apreciarse que entre Bloemfontein (a la izquierda) y las Drakensberg (la mancha verde de la derecha) hay unos doscientos cincuenta kilómetros en línea recta, que se convierten en más de cuatrocientos por carretera.

Y ahora me dirán ustedes que no es una distancia insalvable. Es cierto, pero echemos mano de la biografía de Tolkien. Ciertamente nació en Bloemfontein en 1892. De hecho aquí lo tenemos con su familia, con tan solo diez mesecitos de edad:


El problema es que en 1896, poco después de la muerte de su padre, su madre se lo llevó de vuelta a Inglaterra y jamás volvió. Como él mismo dice en alguna de sus cartas, sus "memorias de África" son prácticamente inexistentes, sencillamente porque apenas tenía cuatro años cuando se marchó de allí.

De modo que es muy difícil que unas montañas situadas a gran distancia de su casa (una distancia prácticamente insalvable, teniendo en cuenta las comunicaciones de la época, además en una Sudáfrica apenas desarrollada y políticamente fragmentada) que vio como mucho cuando contaba con cuatro años de edad pudieran ejercer influencia alguna sobre él, ¿verdad?

Lo cual no quiere decir que no se inspirase en unas montañas de verdad para crear las suyas de ficción, claro. Lo que ocurre es que están bastante más cerca de nosotros que las sudafricanas.

Habíamos dejado a Tolkien con cuatro añitos y recién llegado a Inglaterra, huérfano de padre. Pronto se quedaría también huérfano de madre, y prácticamente abandonado por su familia por esa razón que, como dice Stephen Weinberg, es la única que puede hacer que las buenas personas cometan malas acciones: la religión. Su madre se había convertido al catolicismo, de modo que el resto de su familia les volvió la espalda, a ella y a sus hijos, que a su muerte quedaron a cargo de un sacerdote, el padre Morgan. O "el tío Curro", como lo conocían los suyos. Pero mejor será que esa historia se la cuente José Manuel Ferrández.

La única persona de la familia que siguió ocupándose de JRR Tolkien y su hermano Hillary fue su tía Jane Neave, otro personaje realmente singular y que ejerció una gran influencia sobre la vida y la obra de Tolkien. Sin ir más lejos, Jane fue la propietaria de una granja llamada Bag End, el "Bolsón Cerrado" de las traducciones españolas de El Hobbit y El Señor de los Anillos.

Pero vayamos abreviando. En 1911 Jane se asoció con la familia Brookes-Smith para comprar una granja, y tras cerrar el trato se marcharon todos juntos de viaje por Suiza. Y con ellos Jane se llevó a sus dos sobrinos, Hillary y John Ronald Reuel. Fue el primer gran viaje al extranjero de Tolkien (si excluimos la travesía desde Sudáfrica a Inglaterra) y prácticamente la única ocasión en la que recorrió verdaderas montañas. Muchos años después lo recordaba en sus cartas:


El viaje del hobbit (de Bilbo) desde Rivendel hasta el otro lado de las Montañas Nubladas, con inclusión del deslizamiento por las piedras resbaladizas hasta el bosque de pinos, se basa en mis aventuras de 1911 (...)

Y también

Yo figuraba en el grupo (junto con un conjunto de gente variada del tamaño poco más o menos del de El Hobbit) que viajó a pie con una pesada mochila por gran parte de Suiza y a través de muchos altos pasos de montaña. Fue cuando nos acercábamos al Aletsch que fuimos casi destruidos por las piedras que se desprendieron al sol y se precipitaron por una cuesta nevada. De hecho, una roca enorme pasó entre la persona que iba por delante y yo. Eso y la “batalla de los truenos” -una mala noche en que nos perdimos y dormimos en un cobertizo destinado al ganado- aparecen en El Hobbit. Hace tanto tiempo de eso ahora...

Pero la identificación de las Montañas Nubladas y los Alpes va mucho más allá. Tolkien decía también en sus cartas que

Dejé el panorama de la Jungfrau con profunda pena: nieves eternas sobre una eterna luz de sol, y el Silberhorn recortado sobre un profundo azul: la Silvertine (Celebdil) de mis sueños.

Como recordará cualquier aficionado a Tolkien, el Celebdil es uno de los picos principales de las Montañas Nubladas. De hecho, el Celebdil, junto con el Caradhras y el Fanuidhol, son las montañas bajo las cuales los enanos excavaron la ciudad subterránea de Khazad-dûm, la Moria de El Señor de los Anillos. No es nada descabellado, por tanto, identificarlos como tres de los picos del macizo de la Jungfrau, en los Alpes de Berna.

Una identificación que resulta aún más convincente por el hecho de que bajo la Jungfrau también hay un laberinto de túneles y grandes salones. Se trata de la línea de ferrocarril de la Jungfraujoch, que cuenta incluso con estaciones subterráneas dotadas de restaurantes y salas de espera tallados en la roca. En 1911, cuando Tolkien visitó Suiza, los túneles ya estaban terminados, y se realizaban los trabajos de instalación de vías y tendidos eléctricos desde la base de operaciones de la estación del Kleine Scheidegg (visible en la foto de esta web). Y una de las etapas del viaje de Tolkien les llevó, precisamente, a pasar por el Kleine Scheidegg.

Hay otros elementos que permiten afirmar que los Alpes suizos son el referente de Tolkien a la hora de imaginar las Montañas Nubladas. De hecho, el viaje de la Comunidad del Anillo guarda muchos paralelismos con el que sabemos que emprendieron Tolkien y sus compañeros y con la ruta que, aun sin saberlo con seguridad, personalmente me parece más probable. Por ejemplo, igual que Frodo y sus compañeros Tolkien y los suyos probablemente decidieron cruzar las montañas por un paso intermedio en lugar de seguir hasta el final de la cordillera, aunque en su caso no debieron seguir la ruta subterránea (el túnel de Lötschberg, que también estaba siendo terminado en aquella época), sino que pasarían por una ruta de montaña mucho más amable que las laderas del Caradhras.

Por otra parte, Tolkien no dudó en identificar de forma clara alguno de los lugares de sus obras con otros tantos de los Alpes. Ya hemos visto lo que decía sobre las montañas de Moria, pero el caso más conocido es quizá el de Rivendel. El dibujo que el propio Tolkien hizo de Rivendel


Recuerda poderosamente al valle de Lauterbrunnen

Foto tomada de aquí

Y el parecido no es casual, como se encargó de decirnos Tolkien con una pista oculta muy de su estilo: el nombre del río de Rivendel, Bruinen, se traduce como "agua ruidosa". Que es justamente lo que significa el nombre de Lauterbrunnen.

De modo que no hay que irse a Sudáfrica para ver las montañas que sirvieron de inspiración a Tolkien: basta con darse un paseo por los Alpes suizos. Que, por cierto, son también uno de esos lugares que hay que ver antes de morir. Palabra.


Actualización: Para lo cual puede venir muy bien una guía tal como esta ;-)

Dana Ullman y el pulpo

Si ustedes han leído alguna vez la serie que dedico de vez en cuando al remedio homeopático de la semana habrán visto que el mundillo de la homeopatía, en el fondo, se parece mucho a un circo, con sus acróbatas haciendo equilibrios con las leyes (las naturales y las jurídicas), sus malabaristas intentando mantener en el aire algo que se cae por su propio peso, sus trapecistas saltando de un argumento insostenible a otro...

Y claro, también están los payasos.

Pongamos el caso, por ejemplo, de Dana Ullman. Se trata de un personaje bastante singular, como veremos precisamente en la próxima entrega del remedio homeopático de la semana, que entre otras aficiones mantiene la de frecuentar Twitter con la aparente finalidad de repartir palos dialécticos a los escépticos allí presentes. Y, como todo buen payaso de circo, es él quien recibe al final sus propios proyectiles de merengue.

Como el de esta tarde: un rato antes de empezar la semifinal mundialera entre España y Alemania, Ullman se descolgó nada menos que con esto.



A decir verdad, el comentario resultaba interesante; tras conocer la predicción del pulpo Paul, el partido se presentaba no ya como un mero encuentro deportivo, sino como un auténtico duelo de titanes: la homeopatía de Dana Ullman frente a los poderes psíquicos del cefalópodo.

Y, como saben ustedes, el pulpo resultó tener mejor ojo clínico que Ullman.

Cosa que, conociendo el historial del pulpo y, sobre todo, el de Dana Ullman, no me extraña en absoluto.

5 de julio de 2010

Amazings: un gran proyecto divulgativo

Ciencia, escepticismo y humor. Nada menos que eso es lo que promete Amazings, un proyecto de Aberrón,  Irreductible y Maikelnai que por fin ha visto la luz. Una promesa que va a cumplir sin ninguna duda, teniendo en cuenta el plantel de colaboradores que reúne sencillamente a lo mejorcito de la divulgación científica y escéptica en nuestro país. Vamos a disfrutarlo, seguro.