21 de febrero de 2010

Los Amantes de Teruel: ni "Diego" ni "Isabel"

Pues aquí me tienen, con varios amigos disfrutando este fin de semana en Teruel de las Bodas de Isabel de Segura, y yo comprobando que, a pesar del comentario de algún creyente, mi sobredosis de Oscillococcinum ni siquiera ha servido para inmunizarme contra el catarro.



Es una pena, porque las fiestas no solo son francamente divertidas, sino que se celebran en Teruel, y conozco pocas ciudades tan agradables como aquella, no ya por su entorno sino sobre todo por su gente. Si no la conocen aún pásense por allí, que merece la pena.

De hecho, los turolenses son tan encantadores que casi pasa uno por alto el hecho de que, para recrear la leyenda más famosa de su ciudad, hayan montado un espectáculo que gira en torno a la historia de Isabel de Segura y Diego de Marcilla. La leyenda es, desde luego, dudosa, pero los personajes son sencillamente inexistentes. Porque, fueran o no reales, los Amantes de Teruel no se llamaban así.



La propia web de la Fundación Bodas de Isabel nos da una pista al contarnos que

Sabemos que a principios del S. XIII, dos jóvenes, hijos de familias nobles de la Villa de Teruel, pasaron de jugar juntos a enamorarse sin remedio. Ella, Isabel, era la única hija de la familia Segura. Él, Diego (o Juan) sólo era el segundón de los Marcilla y heredaría poco más que un caballo. Supieron pronto que era un amor imposible, así eran las cosas.

¿Han visto el curioso paréntesis? Lo de "Diego (o Juan)" no implica que la pobre Isabel de Segura no supiera a ciencia cierta si estaba saliendo con un chico o con otro distinto. De hecho, la Wikipedia nos aclara bastante más las cosas al decirnos que

La historia o leyenda de los Amantes de Teruel cuenta la historia de amor entre dos jóvenes turolenses, Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, conocido a partir de las recreaciones del teatro barroco como Diego [las cursivas son mías].

¿Qué, la cosa está ya clara? Bueno, pues vamos a desaclararla.

La leyenda, en el bastante ajustado resumen de la Wikipedia, viene a decir que

En los primeros años del siglo XIII vivían en la ciudad de Teruel Juan de Marcilla e Isabel de Segura, cuya temprana amistad se convirtió pronto en amor. No querido por la familia de Isabel, debido a que carecía de bienes, el pretendiente consiguió un plazo de 5 años para enriquecerse. Así pues, partió a la guerra y regresó a Teruel justo cuando había expirado el plazo. Para entonces, Isabel ya era esposa de un hermano del señor de Albarracín. Pese a tal hecho, Juan logró entrevistarse con Isabel en su casa y le pidió un beso; ella se lo niega y el joven muere de dolor. Al día siguiente se celebraron los funerales del joven en San Pedro; entonces, una mujer enlutada se acercó al féretro: era Isabel, que quería dar al difunto el beso que le negó en vida; la joven posó sus labios sobre los del muerto y repentinamente cayó muerta junto a él.



Se trata de una leyenda bastante antigua, desde luego, pero no es fácil determinar exactamente cuándo surgió. Hasta ahora, las menciones más antiguas que se conocen son, como mucho, de mediados del siglo XV, es decir, al menos doscientos años después de la época en la que supuestamente sucedieron los hechos. Y, peor aún, estas menciones son también un siglo más tardías que el Decameron, en el que Bocaccio cuenta aquella historia según la cual

Girólamo ama a Salvestra; empujado por los ruegos de su madre va a París, vuelve y la encuentra casada; entra a escondidas en su casa y se queda muerto a su lado, y llevado a una iglesia, Salvestra muere a su lado.

La historia, como ven, es idéntica, y ese siglo en el que precede a las menciones a la leyenda turolense podría ser un mazazo definitivo para ésta, si no fuera por un detalle interesante: las referencias más primitivas a los Amantes de Teruel ya identifican al chico como Marzilla (en la Triste deleytaçión, datada entre 1458 y 1467) o Marcilla (en el Cancionero de Herberay des Essarts, de 1463). Y lo cierto es que la documentación histórica de Teruel identifica a las familas de los Marcilla y los Segura como presentes en la ciudad precisamente en la época en la que supuestamente se desarrolla la historia, los primeros años del Siglo XIII. Existe también un documento de 1402, conocido por una transcripción notarial de 1795, mediante el cual el rey Martín I de Aragón otorga Declaración de Nobleza en favor de Martín Martínez de Marcilla, vecino de Teruel y descendiente de los Marcilla de dicha localidad, y por otros documentos consta la permanencia de los Martínez de Marcilla en Teruel durante algunas generaciones más. Si la leyenda turolense fuese una simple adaptación del cuento de Bocaccio resultaría bastante llamativo que se hubiese identificado a los Amantes como miembros de esas familias, máxime cuando al menos una de ellas seguía viviendo en la ciudad en la época en la que se habría producido esa hipotética adaptación. De modo que, acogiéndose a este argumento, los partidarios de la autenticidad de la leyenda sugieren que tal vez lo que ocurrió fue justo lo contrario, que Bocaccio la conociera y la emplease para escribir su relato. Algo de lo que no hay evidencias, pero recordemos aquello de que "la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia".

Sea como sea, la leyenda no habría pasado de ser eso, una leyenda, si no fuera por la aparición, en 1619, de los cuerpos momificados atribuidos tradicionalmente a los Amantes. El descubrimiento está documentado básicamente por el protocolo levantado por el Notario Juan Yagüe de Salas, que hoy en día se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Teruel, y que hace muy pocos años se ha visto confirmado por el hallazgo de las actas del proceso seguido a los responsables de la exhumación.

Fotografía tomada de La Cueva del Pájaro Azul

El suceso se ha contado de diversas maneras, algunas incluso correctas. Personalmente, por lo que deduzco de la documentación, pienso que la cosa debió ocurir más o menos así: Yagüe de Salas, que además de Notario era un gran aficionado a la leyenda de los Amantes, hasta el punto de que había publicado recientemente una "Epopeya trágica" en la que narraba la historia, contó en su Protocolo que

en el archivo pequeño de dicha ciudad [Teruel], de que tengo yo una llave, donde hay diversas escripturas y papeles a que se les da entera fe y crédito, he hallado un papel escrito de letra antigua del tenor siguiente, a saber es, en una hoja engrudada.

El "papel de letra antigua" era otra acta notarial, fechada en 1555, que contenía una transcripción de la

Historia de los amores de Juan Martínez de Marzilla y Isabel de Segura

y que narra a continuación que

labrándosse una capilla antigua en la yglesia de Sant Pedro, donde dichos Juan Martínez de Marzilla y Isabel de Segura estaban y están sepultados hoy día, cavando hallaron sus cuerpos en dos atahúdes o cajones de madera que estaban juntos en una sepultura y enteros, sin cassi nada tener gastado de sus cuerpos; y ella tenía todos los dientes y los ojos, que sacándola le sacaron el uno.

Aclara Yagüe de Salas que el documento se encontró el 13 de abril de 1609. Y justo cinco días después los racioneros de la Iglesia (evidentemente convencidos por Yagüe, aunque sin permiso de sus superiores) procedieron a desmontar la capilla de San Cosme y San Damián, en la cual encontraron los cadáveres en un estado que el Protocolo de Yagüe describe de forma bastante prolija y no sé si macabra o cómica. O ambas cosas.

Resumiendo, el Protocolo contiene tres partes cronológicamente diferenciadas:

- Una en la que Yagüe da cuenta del hallazgo del "papel de letra antigua" y de la exhumación de 1619.

- Otra en la que transcribe el acta notarial de 1555 que cuenta la primera exhumación,

- Y otra en la que transcribe la "Historia de los amores", transcrita a su vez en el acta de 1555 pero muy probablemente anterior.

Historia que dice así:


Año mil ducientos y diez y siete. Fue juez de Teruel don Domingo Zeladas. He pues dezimos de males y guerras, bueno es digamos de amores, no fictos, mas verdaderos.

En Teruel era vn joven clamado Juan Martínez de Marcilla, de tenor vint dos años. Enamorosse de Sigura, fija de P.º Sigura. El padre non tenía otra, he era muy rico. Los jóuenes se amauan muy mucho, en tanto que vinieron a faula. E dixo el jouen cómo la desseaua tomar por muller; he ella respusso que, ciertament, el desseo de ella era aquel mateix; empero que supiés que nunca lo faría, sino que su padre y madre se lo mandassen. La hora él la quiso más. Fízolo dir a su padre. Su respuesta fue que, ciertament. él era muy bien pagado del jouen e que venía bien [rasgado]do empero que él no tenía valientes riquezas, e que su padre tenia otros fijos, quen mas no le poría heredar, e que él daría a su fija treinta mil sueldos, he que aprés tenia toda la su cassa, assi que no lo faría. E al jouen fue bien contado, el cual dixo a la doncella que pues su padre no lo menospreciaba sino por los dineros, que si ella lo quería esperar cinco años, que él iría a treballar agora por mar, agora por tierra, en do huuiés dineros. A fin, de nueuas ella se lo prometió. Porque la historia es larga de contar, revolviéndose contra moros estos cinco años, ganó pasados cient mil sueldos. La doncella en este tiempo fue muy acusada del padre que tomás marido. Su respuesta della era esta: que votado hauía virginidad entra que fues de XX años, diziendo que las mulleres no deuían cassar finque pudiesse regir su cas[roto]. El padre, como aquel que la amaba, quíssola complacer. Cumplidos los cinco años, el padre le dixo: fixa, mi desseo es que tomes tu conpanía. Ella, vidiendo que el tiempo de los cinco años era passado he no hsabía res del enamorado, dixo que le placía. Tantost el padre la despossó, e a poco tiempo fizieron las bodas, el el otro [...] arriba [...]

Y aquí, decía el documento de 1555

falta, por haberse perdido, una hoja del libro donde estaba esto escrito, y es contar el modo que él tuvo para entrar en casse ella y ponerse tras el lecho para hablalle y dezille lo que se sigue, y prosigue

Dato, de nuevo, muy interesante, porque parece acreditar que, en efecto, lo transcrito es un documento anterior a aquella acta de 1555, cosa por otra parte bastante evidente por el estilo del texto.

La historia sigue diciendo que:

He dixo béssame que me muero, he ella respusso no placia a Dios que yo faga falta a mi marido. Por la passión de Jesuchristo vos supllico que vos aconhortéis con otra, que de mí no fagáis cuenta. Pues a Dios no ha placido, no place a mí. He él dixo otra vegada: Béssame que me muero. Respusso: No quiero. He la hora cayó muerto. Ella, que lo vidia como si era de día por la gran lumbre de la cambra, tomósse a temblar, he despertó al marido diziendo que tant roncaua que le facía miedo, que contasse alguna cosa. He la hora [...] por orden sus amo [...] he de cómo [...]iro era muerto. Dixo el marido: ¡O maluada, he por qué no lo bessaua! Respusso ella: Empero no hizo falta a su marido. Ciertament no, dixo él, antes es digna de lohor. La hora dixo: Leuantaduos, que a Juan Martínez, que agora ha venido tan rico, trobaréis muerto zaga el lecho. He él, todo alterado, leuantosse; he no sabía qué fiziesse. Dezía: Si las gentes lo saben que aquí ha muerto, dirán que yo lo he muerto y seré puesto en gran confussión. Acordaron que se esforcassen entramos, he que lo lleuasen a cassa de su padre. Ellos lo fizieron con grant affán, que no fueron sentidos. El cuitado del padre, que no sabí su fijo do era, toda aquella noche no durmió ni se spujó. Como fue el alua, abrió la finestra he vido a su fijo tendido a la puerta. Hechados grandes chillidos, to[...] buscáuale cómo lo hauían muert[...] he no trouauan golpe. A la final, no uuo otro remeydo sino soterrarlo. He como era de gran mano he tenía mucho dinero, fiziéronle gran fiesta de conpanías y clérigos. La jouen cayole gran pensamiento de quánto la quería he quánto hauía fecho por ella, he que por no quererlo bessar era muerto. Acordó de irlo a bessar antes que lo soterrasen, e tomó su honesta companya, se fue a la yglesia del señor sant Pedro, que allí lo tenían. Las mulleres honrradas leuantáronse por ella. Ella no curó de más sino de [roto] al muerto, he escobiyole la ca[roto] apartando la mortaja, bessolo tan preto que allí esclató. Y estaua queda que no cayó. Las gentes, que vidían que ella, que no era parienta, assí estaua sobre el muerto, fueron algunas parientas por dirle que se tirás[roto] vieron que era muer[roto] Venido a no[...]a del marido, he la hora, dauant todos quantos hauía, contó el casso según ella se lo hauía contado. Acordaron de soterrarlos juntos en vna sepultura. Los actos que aquí se fizieron fueron muchos, enpero aquí se ha puesto tan breue como veyéys.

Este es, en fin, el relato más antiguo que se conoce de la leyenda, que por el estilo (bueno, y quizá también por el deseo de remontarla lo más posible en el tiempo) los estudiosos datan como de alrededor del Siglo XIV, lo que la pondría en competencia directa con el cuento de Bocaccio.

Otros, en cambio, son mucho más escépticos, hasta el punto de que se ha llegado a afirmar que probablemente se tratase de un "falso" inventado por el propio Yagüe. Su principal argumento es que en 1616 (o sea, tres años antes de la redacción de su Protocolo) el propio Yagüe publicó en Barcelona una "Epopeya Trágica de los Amantes de Teruel", versión teatralizada de la leyenda. La historieta del Protocolo sería, según estos críticos, un invento para promocionar su obra. En realidad, esta tesis se apoyaba sobre todo en la inexistencia de fuentes que confirmasen la realidad de lo narrado en el Protocolo, y el hecho de que el mismo Protocolo no era conocido directamente, sino solo a través de copias o menciones posteriores. Sin embargo, la aparición del Protocolo original en 1958, y la de las ya mencionadas actas del proceso a los racioneros de San Pedro en 2004 (si no me equivoco), restan bastante fuerza a estas objeciones. Por otro lado, si bien es cierto que Yagüe había publicado su "Epopeya Trágica" poco antes de la redacción de su Protocolo, también es cierto que en el "papel de letra antigua" que transcribió en 1619 aparecen bastantes detalles contradictorios con su propia versión teatral de la leyenda.

Como, sin ir más lejos, los nombres de los Amantes, que es a lo que íbamos. Como hemos visto, en la narración más antigua el chico se llama Juan Martínez de Marcilla, no Diego ni Juan Diego, y mucho menos Diego Garcés de Marcilla, como lo llamó Yagüe de Salas en la "Epopeya Trágica". La "Relación anónima" de 1586, por otra parte, lo llama Juº Martínez de Marcilla, abreviatura que como todo el mundo sabe significa "Juan". Bueno, todo el mundo excepto Iker Jiménez, para quien significa en realidad "Francisco", como sabemos.

Y lo de la chica es peor: aunque el nombre de Isabel, que también utiliza Yagüe, aparece en el acta de 1555 transcrita por el Notario, la narración se limita a llamarla Sigura, fija de Pedro Sigura, sin que quede constancia de que se llamase Isabel, Robustiana, Emily-Elizabeth o vaya usted a saber qué.



A pesar de ello, sin embargo, la tradición literaria siguió llamándolos preferentemente "Diego" e "Isabel", llegando incluso a extremos tan estrafalarios como el de Hartzenbusch, que en su drama Los Amantes de Teruel bautiza al muchacho nada menos que como Juan Diego Martínez Garcés de Marcilla o Marsilla. Según parece, Hartzenbusch se documentó a fondo para elaborar su obra, pero no se preocupó demasiado en discriminar las fuentes fiables de las que no lo eran tanto, y simplemente cogió un poco de cada una de ellas. De hecho parece que una de las que más empleó fue la Memoria Genealógica de 1780, con la que el caballero Joseph Thomás Garcés de Marcilla, con más desparpajo que rigor, emparenta a su linaje con reyes, nobles... y con el Amante, al que llama Diego Garcés de Marcilla.

Hasta que llegamos a nuestra época, a la celebración de las Bodas de Isabel de Segura, y a los relatos desgarrados en los que se cuentan las cuitas de los Amantes. A los cuales, si realmente existieron, no sé cómo les sentará la cosa, porque tiene narices que, después de sufrir su trágica historia, la posteridad les recuerde por un nombre, Isabel, que no sabemos si era el de ella, y por otro, Diego, que sí sabemos que no era el de él. En fin...

5 comentarios:

  1. he leido con mucho interes esta historia en su blog, he buscado informacion en la web y me tope con su pagina, le felicito por publicar la historia. Gracias

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  2. Que buena, está súper completa la historia... me encantó... sea realidad o mentira... jeje

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  3. La he leido detenidamente y siendo como soy de Teruel no estoy de acuerdo en ningun comentario de wikipedia porque mezcla las cosas, la historia es mucho mas sencilla:
    Diego e Isabel eran amigos hasta que se enamoraron y como Diego no tenia nada decidio ir durante 5 años que era lo que le impusieron de plazo para ganar dinero, pero a la vuelta se habia retrasado un poco y el padre de Isabel le obligo casarse con Juan, Diego intento darle un beso pero ella se nego porque estaba casada con Juan y entonces Diego cae muerto de amor, al dia siguiente en el funeral de Diego, Isabel le da el beso que no le dio cuando se lo pidio y muere encima de él, por eso fueron enterrados juntos, y juntos han permanecido hasta hoy.

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    1. Anónimo18:49

      Creo recordar que el marido de Isabel se llamaba Pedro de Azagra y no Juan...

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  4. Recuerdas bien, anónimo.

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