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4 de febrero de 2011

Guía breve, pero inútil, para tratar con los homeópatas

A pesar de lo que pudiera parecer, la Campaña 10:23 no está dirigida en absoluto a los homeópatas. Bueno, sí, está dirigida más bien contra los homeópatas, pero me refería a que su objetivo es informar a los medios de comunicación y al público en general. La homeopatía se comporta exactamente como una religión, y aunque no sirva para tratar ninguna enfermedad, sí que parece ser enormemente efectiva a la hora de inmunizar contra cualquier tipo de razonamiento, así que enfrascarse en una discusión con ellos es totalmente inútil. Sin embargo, conviene tener en cuenta las objeciones que van a ir poniendo a nuestro “suicidio” para ir sobre aviso.

La primera es que una sobredosis homeopática no hace daño porque su efecto no depende de la dosis, sino de la “potencia” del remedio. Lo cual es difícil de refutar: la dosis es un hecho objetivo y medible y la “potencia” no deja de ser una idea mágica sin fundamento real. Si los homeópatas dicen que un remedio a 30CH es mucho más potente que un remedio a 20CH no vamos a conseguir que se bajen del burro, a pesar de que ni siquiera ellos sean capaces de distinguir uno de otro sin mirar la etiqueta. Pero da lo mismo, porque si lo pensamos bien lo de que la dosis es irrelevante es un refuerzo a lo que venimos a decir en la campaña: si se tratase de un medicamento de verdad sí que habría que tener en cuenta la dosificación adecuada, y el hecho de que no haya que preocuparse por ella solo demuestra que los remedios homeopáticos solo contienen agua y azúcar.

Por otra parte, si la dosis es indiferente, ¿por qué venden los remedios en dosis? ¿Por qué hay que tomarse una o dos pastillas diarias de Sedatif y no media, un cuarto o simplemente echarle un vistazo y volverla a guardar para otro día? ¿Están timando a sus clientes con el envase de seis tubitos “monodosis” de Oscillococcinum cuando, si lo que dicen es cierto, bastaría con tomar un gránulo?

Una variante del “argumento” anterior es que la homeopatía solo produce efectos si se toma con regularidad, no de una vez. En teoría, si nos tomamos un envase entero de golpe no nos va a pasar nada, pero si tomamos una pastilla diaria durante un par de semanas nos dará un patatús o algo parecido. Volveremos más adelante con esto.

Otra de las objeciones al “suicidio” viene a decir que la sobredosis no nos producirá ningún efecto porque los remedios homeopáticos no hacen efecto sobre personas sanas. Se trata, de nuevo, de un disparate que se vuelve en su contra: ninguna sustancia es tan “inteligente” como para saber cuándo tiene que surtir efecto y cuándo no, sobre todo en caso de sobredosis, y ya es bastante que pretendan que creamos en la “memoria del agua” como para hacernos tragar también con que tiene “buena voluntad” y “espíritu altruista”. Pero además este argumento es insostenible desde el punto de vista de la propia teoría homeopática: para “probar” los efectos de un remedio, los homeópatas emplean lo que llaman, llenándose la boca, “pruebas patogenéticas”, que consisten en suministrar el producto a personas sanas para que éstas indiquen los síntomas que experimentan. Ya sabemos que los homeópatas tienen un concepto bastante elástico de la realidad, pero aquí hay poco que discutir (o tergiversar): o hacen efecto en las personas sanas, y por tanto nos lo deberían haber hecho, o no lo hacen, y todo el montaje de las “pruebas patogenéticas” se cae al suelo.

De hecho, la cuestión de las “pruebas patogenéticas” deja también en entredicho el argumento de que es necesario seguir un tratamiento continuado en el tiempo para que la homeopatía produzca sus efectos: según los datos que publican los propios homeópatas, los sujetos de las pruebas experimentan los efectos del remedio desde la primera toma, o incluso antes: en algunas pruebas publicadas se da cuenta de sujetos que han empezado a experimentar síntomas al tocar el frasquito o, incluso, cuando aún estaban elaborando el potingue.

En definitiva, parece que la única contestación más o menos sólida que podemos esperar de los homeópatas es la que nos decían en esta entrada de la web ABC Homeopatía, en la que con bastante sentido del humor (algo insólito en el mundillo de las creencias mágicas) nos deseaban “buena suerte” para nuestro “suicidio”. Irónicamente, el mejor chiste de la entrada era probablemente involuntario, cuando nos explicaban que tras la “sobredosis” nos ocurriría una de estas tres cosas:

  • Que no notaríamos nada de nada
  • Que experimentaríamos síntomas adversos, o
  • Que experimentaríamos síntomas beneficiosos.

Vamos, lo que se dice apostar a caballo ganador, ¿verdad?

En realidad, la tesis de fondo de ABC Homeopatía es que los tratamientos homeopáticos deben ajustarse no solo a los síntomas, sino también a la de la persona, por lo que es muy difícil que acertemos con alguno que corresponda con nuestra personalidad. Personalidad que se define, por cierto, por una serie de parámetros tan involuntariamente humorísticos como el color del pelo, la mayor o menor tendencia a ensuciarnos la ropa, el grado de sudoración de nuestras axilas o nuestros gustos musicales. Sí, en serio.

Pero dejando eso de lado, el problema de lo que sostiene ABC Homeopatía es que se trata, una vez más, de una monumental pedrada contra su propio tejado. Si los remedios homeopáticos han de ajustarse exactamente a la personalidad de los pacientes (personalidad definida a su peculiar manera, claro), la fabricación de remedios a escala industrial y su venta libre sin prescripción carecen de sentido. De hecho, difícilmente podría nadie acudir a eso tan socorrido de “a mí me funciona” si ha tomado un producto comprado en una farmacia sin antes pasar por un homeópata que le haya sometido a un largo interrogatorio con preguntas tan idiotas e intrascendentes como su color favorito, si sueña a menudo con tormentas o qué postura adopta al sentarse a la mesa para comer.

En resumen, los homeópatas tienen bastante poco que argumentar en contra del “suicidio”. De hecho, lo más probable es que ni siquiera se molesten en decir estas cosas (al menos, en decírnoslas a nosotros, porque saben que podemos contestarles), y que recurran al clásico “no tenéis ni puta idea de homeopatía” o alguna de sus variantes. Ante lo cual debería bastar con enseñarles nuestros bonitos diplomas expedidos por Boiron: no es que acrediten realmente nada, pero, bueno, eso es exactamente la homeopatía, ¿verdad?: ni cura ni nada.

El suicidio homeopático en España

Ver Suicidio homeopático 5 de febrero de 2011 en un mapa más grande

3 de febrero de 2011

Homeopatía: lo "bueno", lo malo y lo falso

Pues ya ven: esto va a ser un monográfico de la homeopatía hasta que pase el inminente suicidio homeopático. Placebocidio para el que la organización  en España recomienda emplear un potingue de los Laboratorios Boiron, Sedatif PC, un (presunto) sedante que ya ha sido empleado en alguna otra ocasión con esta misma finalidad. Bueno, y con el mismo resultado negativo que tendremos el sábado.



Las razones por las que hemos escogido el Sedatif son varias. Por ejemplo contiene (es un decir) sustancias tan tóxicas como la belladona, el acónito o la caléndula, que en un producto de verdad nos garantizarían un rápido abandono de este valle de lágrimas, pero que en dosis homeopáticas... bueno, el sábado les contaremos. Se trata además de un producto de Boiron, la multinacional que se compró hace unos meses una cátedra en la Universidad de Zaragoza, por lo que resulta especialmente adecuado. Pero, además, hemos tenido que tener en cuenta un problema poco conocido pero potencialmente muy peligroso (y no solo para nosotros): en la homeopatía también existe lo "bueno", lo malo y lo falso.

1 de diciembre de 2010

10:23 "suicidio" homeopático internacional en 2011



Suicidas homeopáticos anuncian reto global


Defensores de los derechos de los consumidores de todo el mundo están siendo convocados a participar en una ‘sobredosis’ global de pastillas homeopáticas para concienciar a la opinión pública de la manifiesta ineficacia de estos “remedios”. 

El ‘Reto 10:23’ (10:23 Challenge), cuya culminación mundial está prevista para febrero de 2011, es la continuación de la protesta llevada a cabo por la Campaña 10:23 en el Reino Unido, que supuso que cerca de 400 manifestantes salieran a la calle para hacer patente su preocupación por la venta de estas pastillas en grandes farmacias como ‘Boots’ y el apoyo a estos ‘tratamientos’ por parte del sistema sanitario público británico.

Michael Marshall, de la Campaña 10:23, ha explicado los planes para 2011: “Este ha sido un gran año en Reino Unido para la sensibilización pública sobre la homeopatía, con médicos, farmacéuticos, políticos y, sobre todo, ciudadanos de cualquier procedencia levantando su voz contra este ‘tratamiento’ totalmente desacreditado”.

“Sin embargo, la preocupación por la homeopatía se extiende más allá del Reino Unido. Por todo el mundo hay ciudadanos que reciben el mensaje de que la homeopatía es un remedio eficaz, a menudo con trágicas consecuencias. Es un problema global que requiere acciones globales”.

“Esta es la razón por la que anunciamos el ‘Reto 10:23’ para 2011. Queremos mostrar la unidad global ante este problema con participantes de más de 10 países y más de 23 ciudades. Nuestro objetivo es conseguir que más de 1023 personas se reúnan durante el fin de semana del 5 y 6 de febrero para demostrar que La homeopatía, ni cura ni nada.”

“Por supuesto, la seguridad es nuestra principal preocupación. No todos los remedios homeopáticos se preparan tan honesta y limpiamente como sus productores dicen, y algunos pueden incluir ingredientes reales que pueden ser potencialmente peligrosos. Siendo conscientes de esta situación, animamos a cualquier ciudadano que quiera participar a preparar sus propios remedios homeopáticos, o a ponerse en contacto con los organizadores para recibir más información (1023es@gmail.com o contact@1023.org.uk)”.

Aunque la participación internacional aún está pendiente de ser anunciada, el reto culminará con una concentración en Manchester el 6 de febrero, durante la conferencia QED, con más de 300 personas participando en la manifestación local contra la homeopatía más multitudinaria que se haya hecho hasta ahora.

La Campaña 10:23 es un movimiento internacional dirigido por la Sociedad Escéptica de Merseyside que pretende sensibilizar a la opinión pública sobre qué es la homeopatía: una industria multimillonaria basada en unos rituales del siglo XVIII totalmente desacreditados desde hace décadas. Esta industria vende a los ciudadanos unos ‘tratamientos’ sin fundamento científico alguno y sin ningún tipo de evidencia creíble acerca de su eficacia más allá del efecto placebo.

A pesar de que suministrar pastillas de azúcar pueda parecer inocuo, en realidad el apoyo a pociones homeopáticas por parte de los servicios y profesionales sanitarios puede acarrear gravísimas consecuencias. En septiembre de 2010, un investigador de la BBC descubrió a varios homeópatas registrados administrando ‘alternativas’ ineficaces de la vacuna triple vírica, y, en 2009, Gloria Sam, una niña de sólo 9 meses, murió a causa de severas infecciones porque su eczema –una enfermedad habitualmente tratada por homeópatas- fue tratado con ‘remedios’ homeopáticos.

Michael Marshall concluye: “La homeopatía ha tenido más de dos siglos para demostrar su eficacia como tratamiento, pero los resultados siempre han sido negativos. Mientras tanto, hay gente a la que están engañando para creer que estas pastillas funcionan, en muchas ocasiones causando auténtico daño. Consideramos que esto es totalmente inaceptable, y el 5 de febrero vamos a demostrarlo públicamente”.

Para más información sobre el Reto 10:23 visita http://1023.org.uk o ponte en contacto con 1023es@gmail.com



Más información
Contacto nacional por correo electrónico o Twitter

4 de febrero de 2010

El remedio homeopático de la semana (II): el oscillococcinum

Como el otro día fue mi placebocidio homeopático, y teniendo en cuenta que al final el remedio homeopático que escogí fue el Oscillococcinum 200K, supongo que lo lógico es dedicar esta segunda entrega del "remedio homeopático de la semana" a semejante potingue. Entrega que, por cierto, tenía prevista para hace un par de días y que se ha retrasado a causa de la homeopatía, pero no precisamente de los efectos de la sobredosis (que siguen siendo exactamente los mismos). Luego se lo explico.



El Oscillococcinum es algo así como el no va más de los productos homeopáticos. Como ya saben, para crear un remedio homeopático hay que diluir una sustancia hasta el extremo de que muchas veces los remedios no contienen absolutamente nada de principio activo (y si no me creen, lean cómo lo dice nada menos que el Consejo de Homeópatas de Nueva Zelanda). En el caso del Oscillococcinum este objetivo está plenamente logrado, ya que una dilución a 200K es... es... bueno, es algo prácticamente inimaginable. A 13K (que equivalen prácticamente a 13 diluciones centesimales; la diferencia de denominación se debe solo al método empleado, el korsakoviano, más ojimétrico que el de Hahnemann pero más rápido) ya ha desaparecido cualquier molécula del compuesto original. A 30K queda algo así como una molécula por cada 7.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 de píldoras. A 200K... bueno, para encontrar una sola molécula de la tintura madre original en una dilución a 200K tendríamos que transformar toda la materia del Universo en agua dinamizada y bebérnosla. Y luego, encontrar otros cien Universos iguales y bebérnoslos también.

Y luego van y echan ese agua en unas bolitas de lactosa. En fin...

Pero decíamos que el Oscillococcinum riza el rizo de la dilución, porque no solo es que el proceso de dilución se encargue eficazmente de hacer desaparecer el ingrediente original, no. Es que, encima, el ingrediente originalno existe. El remedio se basa en el oscilococo, un supuesto microbio descubierto, no menos supuestamente, por un tal Joseph Roy, pero que nadie ha vuelto a observar jamás de los jamases. De hecho, el tema del oscilococo causa aún cierto estupor entre los homeópatas, a pesar de lo cual no parecen tener muchos reparos en emplearlo, como muestra una simple búsqueda googlera.

El caso es que Joseph Roy dijo haber visto el dichoso oscilococo en la sangre de los enfermos de la gripe de 1917, en tumores cancerosos, en los esputos de los tuberculosos y en una larga serie de tejidos, secreciones y excrementos humanos, hasta el punto de que lo identificó como la causa de casi cualquier enfermedad, real o ficticia, que puedan imaginar.

De modo que, en uno de esos saltos mentales que solo podemos ver en la homeopatía, el buen hombre tuvo la ocurrencia de preparar un remedio homeopático a base de Anas Barbarie, Hepatis et Cordis Extractum, es decir, extracto de hígado y corazón de pato de barbaria. Sigue siendo una incógnita por qué escogió el hígado y el corazón, por qué los de un pato (si, según él, el oscilococo estaba por todas partes) y por qué dijo (y se sigue diciendo) que es el pato de barbaria cuando lo que se usa es un pobre e inocentísimo pato almizclado.

Hasta aquí, digamos, la parte técnica. Pero decía yo al principio que esta entrada se me ha retrasado un par de días, y eso se debe a que también debería haber una parte jurídica. Como recordarán los lectores de este blog (y los que no lo sean pueden echar un vistazo aquí), los remedios homeopáticos gozan de un trato de favor tanto en la legislación española como en la europea, que establecen un régimen especial de autorización para determinados remedios homeopáticos, que permite comercializarlos como medicamentos sin necesidad de acreditar que sirvan realmente para algo. Dicen que se trata de una concesión a las presiones de los países con importantes industrias de fabricación de remedios homeopáticos; no lo sé. Pero no me consta tampoco que los fabricantes hayan protestado por esta excepción sobre la norma que se aplica a cualquier otro producto que aspire a la condición legal de medicamento.

Recordemos que la excepción no se aplica a todos los productos homeopáticos, sino solo a los que carezcan de indicación terapéutica aprobada; los restantes deben someterse al mismo régimen que cualquier medicamento de los de verdad (incluyendo, por tanto, la acreditación de su eficacia terapéutica). Pero lo cierto es que hasta la fecha no parece que se haya aprobado ningún medicamento homeopático con indicación terapéutica, por lo que yo, infeliz de mí, supuse que el Oscillococcinum se comercializaría como "medicamento homeopático sin indicación terapéutica aprobada".

Bueno, pues tampoco. Como dice la propia multinacional fabricante



Es decir, este producto, que se vende en farmacias y en cuya etiqueta se lee bien clarito "MEDICAMENTO HOMEOPÁTICO", aún no ha sido autorizado como tal por las autoridades sanitarias.

Como no quiero usar la palabra "clandestino", que está muy fea, me abstendré de hacer más comentarios. Aunque me encantaría ver los gritos de los que claman contra la "medicina alopática" si a alguna otra multinacional farmacéutica se le ocurriera comercializar sus fármacos sin la correspondiente autorización.

De cualquier modo, la página web deja bien clarito que Boiron presentó sus productos (incluyendo el Oscillococcinum) con arreglo al ya derogado Real Decreto 2208/1994, así que, bueno, uno podría pensar que al menos los comercializará cumpliendo con la normativa entonces vigente, ¿no?

Pues tampoco. Como decía, al no estar aún debidamente autorizado, no es fácil saber si el Oscillococcinum sería un producto con o sin indicación terapéutica. Pero la propia Boiron nos vuelve a dar una pista en su web:



Teniendo en cuenta que el Oscillococcinum se fabrica con una sola cepa (el pobre patito), habrá que suponer que el probo y honrado fabricante, con plena voluntad de cumplir la ley, lo ha etiquetado conforme a lo que establecía el citado Real Decreto de 1994 para los productos homeopáticos sin indicación terapéutica aprobada, ¿no?

Acertaron: tampoco.

Decía el artículo 5 del viejo Decreto (y sigue diciendo, casi al pie de la letra, el actualmente vigente) que

4. El etiquetado y, en su caso, el prospecto debe incluir, única y obligatoriamente, además de la indicación «Medicamento homeopático» bien visible, los datos siguientes:

a) Denominación científica de la cepa o cepas, seguida del grado de dilución, empleando los símbolos de la farmacopea utilizada.

b) Nombre y dirección del titular de la autorización sanitaria y, en su caso, del fabricante.

c) Forma y vía de administración.

d) Fecha de caducidad en forma clara (mes y año).

e) Forma galénica.

f) Contenido del envase de venta.

g) Condiciones de almacenamiento, si procede.

h) Advertencias especiales si el medicamento así lo exige.

i) Número del lote de fabricación.

j) Número de registro sanitario.

k) Precio.

l) Medicamento homeopático «sin indicaciones terapéuticas aprobadas».

m) Una advertencia que aconseje al usuario que consulte a un médico si los síntomas persisten durante la utilización del medicamento.


Requisitos a los que hay que añadir, como dice el apartado b) del primer inciso del mismo artículo, la

Ausencia de indicación terapéutica particular en la etiqueta o en cualquier información relativa al medicamento.


¿Lo cumple el producto? Pues más bien no. Empecemos por el principio, o sea, la caja. Dándole la vuelta vemos lo siguiente:



¿Lo notan? El apartado de "Forma y vía de administración" ha sido astutamente cambiado por unas "Posología y modo de empleo" en las cuales se explica que el potingue debe tomarse

- Como preventivo... a lo largo del período de exposición gripal.

- Al inicio del estado gripal...

- En un estado gripal declarado...


Si esto no es una indicación, que venga Hahnemann y lo vea.

Por cierto, de las citas de arriba he suprimido la posología porque, como ya saben, por lo visto no tiene ninguna importancia.

Pero eso es solo la caja, es decir, lo que el Decreto llama "el etiquetado". Porque dentro, además de seis bonitos tubitos rellenos de lactosa, la caja contiene este prospecto





Que nos dice entre otras cosas:

1. ¿QUÉ ES OSCILLOCOCCINUM Y PARA QUÉ SE UTILIZA?
OSCILLOCOCCINUM es un medicamento homeopático utilizado tradicionalmente en el tratamiento preventivo y sintomático de los estados gripales.


Para luego repetir las indicaciones de la etiqueta sobre cómo tomarlo (y claro, ya de paso, para qué tomarlo).

Por cierto, me ha hecho bastante gracia esta advertencia:

Si estima que la acción de OSCILLOCOCCINUM es demasiado fuerte o débil, comuníqueselo a su médico o farmacéutico.


Tributo a la ingenuidad que solo se ve superado por esta otra:

Si ha utilizado OSCILLOCOCCINUM más de lo que debe, consulte inmediatamente a su médico o farmacéutico.


Una advertencia que sería totalmente innecesaria si, como nos dicen habitualmente, los remedios homeopáticos carecen de efectos adversos. ¿O no? Según el prospecto,

Como todos los medicamentos, OSCILLOCOCCINUM puede tener efectos adversos. Si se observa cualquier reacción no descrita en este rospecto, consulte con su médico o farmacéutico.


Me pregunto si se referirán también a la ausencia de reacción alguna. En fin...

Insisto en que todo esto vale para el caso de que Boiron realmente haya intentado registrar el Oscillococcinum como medicamento homeopático sin indicación terapéutica aprobada. Si formuló la solicitud para registrarlo como medicamento con indicación terapéutica la cosa cambiaría bastante, puesto que entre otras cosas tendría que haber aportado los estudios clínicos que avalasen su eficacia y someterse a la legislación general sobre medicamentos, que entre otras cosas exigía entonces (como ahora) que se indique en la etiqueta y en el prospecto la composición cualitativa y cuantitativa, cosa que quizá no quedaría muy bien, ¿verdad?

Y eso que habría una manera mucho más sencilla de solucionar todo este entuerto. La ha propuesto Andy Lewis, Le Canard Noir (sin relación con el pato de barbaria) en The Quackometer, uno de los blogs escépticos más interesantes de Gran Bretaña. Muy resumidamente, su idea consiste en incluir en la etiqueta una indicación tal que así:



El propio autor reconoce que la etiqueta no sería muy comercial, así que no es muy probable que su propuesta prospere. Pero es una lástima, porque sería mucho más honrada que lo que tenemos ahora, ¿verdad?

30 de enero de 2010

Mi placebocidio homeopático

Nada, que sigo por aquí.

Les decía yo hace un rato que, si mientras tanto no me venía de una vez la espantosa muerte que sería de esperar, les iba a contar algo acerca de mi experiencia con esto del suicidio homeopático. Y como resulta que los síntomas de la sobredosis siguen brillando por su ausencia, para entretener la espera voy a contar cómo me ha ido.

El principio, lo reconozco, no fue muy brillante. Ya sé que si uno echa un vistazo a las webs del ramo se topará con comentarios y más comentarios sobre el creciente auge de la homeopatía. De hecho hasta lo ha reconocido la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados, aunque habrá que matizar que Sus Señorías fusilaron al pie de la letra el contenido de esas páginas web, de modo que más que un reconocimiento sería... bueno, una intertextualización, creo que lo llaman ahora. Pero en fin, a lo que iba: que supuestamente la homeopatía experimenta tal tasa de crecimiento que al paso que vamos en unos añitos toda la población mundial estaría consumiendo sus remedios, lo cual podría dar lugar a problemas de suministro de sustancias activas si no fuera porque la peculiar naturaleza de estos "medicamentos" hace que, ya puestos, tampoco es que sea del todo imprescindible utilizarlos.

Eso dicen, en todo caso.

Pero quizá no sea para tanto. Hombre, ya sé que no es un estudio demoscópico, pero esta entrada de Eugenio Manuel Fernández Aguilar parece sugerir que lo del auge es como mínimo discutible. Y, en fin, esta entrada de la BBC también parece indicar que la curva de crecimiento de la homeopatía va más bien para abajo.

Entrada y noticia a la que uno un par de anécdotas, que evidentemente no son un dato, pero si los vendedores de paparruchas las usan con tanta alegría tampoco vamos a hacerles nosotros ascos.

A lo que iba. Ya sé que la mayoría de las farmacias españolas muestran unos enormes cartelones que dicen HOMEOPATÍA y que para los creyentes en ella son indicio de una cierta respetabilidad medicamentosa, aunque a un lado otro cartel igual diga PRODUCTOS DE HIGIENE ÍNTIMA (para los angloparlantes, es algo que se llama igual que último producto de Apple, pero sin la i. O, si lo prefieren, algo así como esto), y al otro el mismo tipo y tamaño de letra proclame que también venden toda clase de productos de ESTÉTICA, es decir, vaselina aderezada con unos cuantos ingredientes de nombres exóticos y efectividad como poco improbable, pero que justifican que el botecito cueste más que si estuviera relleno de oro en polvo.

Y tanto que lo sabía, que ni corto ni perezoso me planté en la primera farmacia que me pilló a mano y pregunté

"¿Tienen homeopatía?"

Y, para mi sorpresa, la respuesta fue

"No, ya no tenemos. Ahora ya no tiene casi salida."

Con algunas variantes, esta fue también la respuesta que obtuve en cuatro tiendas de productos dietéticos, naturistas y santos, digo, naturales. Y también en la segunda farmacia que probé. En la tercera la respuesta también fue negativa, pero al menos más esperanzadora:

"No, no tenemos. Solo vendemos medicamentos científicos."

Asombrado, conté a la chica lo del suicidio homeopático. Sonrió y me deseó suerte, no sé si para suicidarme o para encontrar el producto con el que hacerlo.

Que localicé, por fin, en la cuarta farmacia. Solo que también con ciertas dificultades: las letras que anunciaban la homeopatía en el escaparate eran enormes, pero el surtido era bastante pequeño, también, según la dependienta, por la caída de ventas. Finalmente me decanté por el oscillococcinum, que me ha permitido experimentar con ciertos aspectos de la homeopatía que tal vez interesen incluso a algunos homeópatas de mente abierta (con lo cual, obviamente, no me refiero a estos encantadores especímenes). Pero eso, en cualquier caso, quedará para otro día. Hoy me quedo con lo que se desprende de mi experiencia en las tiendas y, sobre todo, de los enlaces que comentaba al principio (y algún otro que no incluyo por no aburrir): parece que el negocio de la homeopatía no ya no crece, sino que incluso va decreciendo. El hecho de que, teniendo en cuenta lo que me respondieron en seis de los siete intentos infructuosos, este declive probablemente se deba a causas económicas y no a una mayor información de los consumidores/víctimas de esta pseudoterapia es una pena, pero en todo caso saber que este timo en concreto está de capa caída no deja de ser una buena noticia.

Y ya ven, Gabriela, "valeroso" anónimo: sigo vivo ;-)

El pacebocidio homeopático

Bien, como a estas alturas debe saber todo el mundo, hoy se ha producido el famoso placebocidio homeopático, expresión que por cierto se debe toda todita a PZ Myers. Y en espera de que los miembros de Círculo Escéptico que, como cuenta Ricardo Campo, se han ido a la Puerta del Sol de Madrid a ver si allí estiraban la pata nos cuenten cómo les ha ido el evento (pista: gozan de buena salud pero no pueden hablar de momento porque tienen la boca llena), por mi parte les resumo cómo ha ido la jugada a nivel mundial.

A primerísima hora comenzaban a llegar los avisos de que en Nueva Zelanda no se habían producido víctimas mortales. O no mortales. Vamos, que los suicidas gozaban de la misma buena salud que antes de tragarse el potingue homeopático de turno. Era de esperar, por otro lado, si tenemos en cuenta que el New Zealand Council of Homeopaths hizo público un pasmoso comunicado en el que decía lo que aquí copio y pego para su instrucción y jolgorio (las negritas son mías):

The concept of “ overdosing” is one that is peculiar to conventional medicine where material doses are used. In homeopathic remedies above the 12th potency no molecule of the material substance remains. Therefore overdosing cannot happen.


Claro que, a continuación, los homeópatas neozelandeses matizan esa píldora de azúcar tangible con estas gotas de ciencia homeopática (o sea, diluida hasta desaparecer):

Just because there is nothing material in the homeopathic remedy it does not mean that there is no “active ingredient.” Recent research has shown that it could be the electromagnetic property of the homeopathic remedy that is instrumental in its
effectiveness.


O sea, que ahora no es ni la memoria del agua ni algo cuántico (utilícese la expresión en sentido puramente pratchetiano), sino unas propiedades electromagnéticas de las que hablaremos en el otro momento pero que, les adelanto, tienen unos cimientos tan sólidos como el resto de las ideas homeopáticas. En fin...

Tras las de Nueva Zelanda llegaron las noticias de Australia, en la misma línea: las únicas bajas registradas fueron dos señoras que pasaban por allí cargadas de remedios homeopáticos y que, al ver el panorama, dieron media vuelta y se fueron. Por lo demás, ni muertos, ni moribundos, ni siquiera una uña rota o una carrera en las medias.

Y después, claro, llegó Gran Bretaña (y bueno, nosotros) con noticias similares. Al parecer, el principal síntoma que padecieron los participantes en los actos repartidos por todo el país fue el frío, pero en vez de reconocer que sería cosa de la sobredosis, los muy recalcitrantes se empeñaban en achacarlo a unas temperaturas que rondaban los cero grados. Por lo demás todos parecían felices y contentos, como pueden comprobar con las fotos y vídeos que poco a poco van subiendo a la web de la campaña. De hecho hay quien le ha tomado gusto a la cosa y cuando escribo esto aún anda tomando gránulos homeopáticos como el que come caramelos. Lo cual, por otra parte, tampoco es una comparación demasiado descabellada.





En fin, aún se desconoce el número total de participantes en los actos o la repercusión que han tenido. De hecho, lo único que puede asegurarse con rotundidad es el número exacto de moléculas de sustancia activa que hemos ingerido entre todos: cero patatero.

Pero, en fin, como siempre hay que conceder el beneficio de la duda, no descarto que los perversos efectos de la sobredosis vayan apareciendo conforme pasen las horas. Bueno, sí lo descarto, pero lo tenía que decir, sobre todo porque así, con la excusa de ir informando si sigo vivo, puedo dejar aquí esta entradita y seguir más tarde con otras cuestiones enjundiosas acerca del suicidio homeopático en general, y de las vicisitudes del mío particular.

Hasta entonces

23 de enero de 2010

10 23: suicidio homeopático


Por si alguien aún no lo sabe: el próximo 30 de enero un buen número de escépticos de todo el mundo nos suicidaremos. A las 10,23 UTC, para ser precisos.

Claro que los vendedores de misterios no deberían echar las campanas al vuelo. Se trata de un suicidio por sobredosis homeopática.

Pueden leer los detalles aquí, puesto que desde Círculo Escéptico nos hemos sumado a campaña organizada por la Meyerside Skeptics Society. Pero de todos modos resumo la jugada: el próximo día 30, a las 10,23 horas (las 11,23 hora peninsular española), varios centenares de escépticos, divulgadores científicos y defensores de los derechos de los consumidores ingeriremos (cada uno) de una sola vez el contenido completo de un frasco del "medicamento" homeopático que escojamos. Así, con un par de narices.

O bueno, en realidad con una sola nariz, porque la cosa no es para tanto. Vamos a reconocerlo: las posibilidades de sufrir algún tipo de complicación por sobredosis son nulas. Siempre y cuando el potinque que tomemos sea homeopático, que en eso hay que andar con mucho ojo: muchos fabricantes de "medicamentos homeopáticos" no se contentan con saltarse las leyes de la física, la química o la biología, sino que también se saltan las mucho más mundanas leyes del Estado Español y la Unión Europea, y no tienen el menor reparo en vender como homeopáticos productos en los que se mezclan el agua milagrosamente dinamizada con extractos de plantas o cantidades reales de algún principio activo. Pero si el producto es realmente homeopático, si se trata de Árnica 30C u Oscillococcinum 200C (o, ya puestos, Luz de Saturno a 3C, y como de costumbre les remito al correspondiente enlace porque soy consciente de que esta es una de esas cosas que hay que ver para creer), pues no pasa nada de nada.

Y en esto, cosa curiosa, parece que incluso los homeópatas coinciden: no pasa nada por tomarse todo el frasco de golpe. Así lo dice una web británica concebida como respuesta a la campaña 1023. La web contiene los argumentos de siempre, así que no hace falta que la recorran entera (salvo que quieran escuchar, una vez más, las mismas cosas sobre la memoria del agua, o las mismas referencias a los pocos ensayos clínicos sobre la homeopatía que, en estricto cumplimiento de la maldición de Sir Ronald Fisher, ofrecen resultados positivos). Simplemente vayan a esta entrada del blog y allí... Vale, sí, también encontrarán lo mismo de siempre, pero con una novedad: dos argumentos por los cuales la sobredosis homeopática no producirá efecto en quienes nos metamos entre pecho y espalda alguno de esos mejunjes. Que son

1.- Que los remedios homeopáticos solo te hacen efecto si eres susceptible a ellos, y

2.- Que tomar una [dosis] del remedio es lo mismo que tomar la botella entera (con potencias más allá de 12C).

A los cuales hay que decir amén.

En efecto, los remedios homeopáticos solo te hacen efecto si eres susceptible a ellos. Y aunque el autor se larga un rollo acerca de la individualización de los tratamientos homeopáticos, lo cierto es que con esa frase le bastaba, porque cualquiera puede darse cuenta de que hay otros "tratamientos" a los que les pasa exactamente lo mismo: los placebos. Una dosis de ácido acetilsalicílico te hará efecto creas en la aspirina o no. La "creencia" puede añadir un efecto placebo que incrementará su efectividad, y la incredulidad podría introducir un efecto nocebo que le reste eficacia, pero la reacción bioquímica seguirá produciéndose. Pero si el efecto de la aspirina dependiese exclusivamente de que fuésemos "susceptibles" a ella, tendríamos que empezar a pensar que la pastilla no contiene nada más que excipiente, ¿no?

Y mucho más claro aún es lo de que tomarse una dosis de un remedio homeopático es lo mismo que tomar la botella entera. El autor del blog da como única explicación que "eso es lo que han descubierto los homeópatas a través de doscientos años de experiencia". Y yo le creo, por supuesto. Pero para quienes no sean homeópatas y, por tanto, no hayan elegido olvidar conocimientos básicos de química, resultará sin duda significativo que esto se produzca "con potencias más allá de 12C".

Volvamos con la campaña británica. Su nombre, recordarán, es 10 23. A lo mejor alguien, al leerlo, ha pensado eso de "¿por qué marcó esa hora tan rara? Pudo ser luego", pero la cosa, como decía mi abuela, tiene su conque: en realidad el nombre es 1023, diez elevado a veintitrés.

Y aquí es donde entra en juego el signore Amedeo Avogadro: 6,022 x 1023 es precisamente el valor de su famoso numerito, y por consiguiente es a partir de 23 diluciones decimales (o a "potencias más allá de 12 centesimales") cuando desaparece el menor rastro de la tintura madre original con la que se elaboró el medicamento homeopático.

Por tanto, "con potencias más allá de 12C" ni el Árnica contiene árnica, ni el Oscillococcinum contiene oscilococos (aunque bueno, en este caso realmente tampoco las contiene la tintura madre). Y en cuanto a la Luz de Saturno... en fin, qué quieren que les diga, con lo que me cuesta aguantarme la risa.

De modo que ya lo ven: incluso los homeópatas coinciden en que la sobredosis será inofensiva para nuestra salud. Aunque, en vista de las airadas reacciones que van surgiendo a la iniciativa 1023, quizá no sea tan inofensiva para su salud... financiera.


P.S.: por cierto, y al hilo de lo anterior: si tomarse una botella entera de un potingue homeopático "con potencia más allá de 12C" es lo mismo que tomarse una sola dosis, ¿por qué puñetas los dosifican? Si la dosis carece por completo de importancia, ¿no estarán timando al consumidor al venderle un envase con X dosis en lugar de instruirle para que divida el producto en tantas dosis infinitesimales como le sea posible? Bueno, quiero decir, ¿no le estará timando más aún? Digo yo, vamos.