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14 de mayo de 2010

Hacen falta más padres coraje

"Un engaño demasiado evidente para castigarlo". Así titula el diario El Mundo un artículo, publicado hace pocos días, en el que explica que un Juzgado de Lérida ha absuelto a un individuo acusado de estafa. Según el periódico,

Aboubacar Q. fue detenido en mayo del año pasado tras la denuncia de un empresario que le acusaba de estafarle 39.000 euros con falsas promesas. Al hacerse pública la noticia salieron hasta tres presuntas víctimas más, hombres de negocios de Lleida que reconocieron que acudieron a su consulta para solucionar problemas económicos y personales pero que tras varias consultas no consiguieron nada más que perder más dinero para satisfacer las peticiones del vidente.

Sí, era vidente. De hecho, sigue explicando el artículo,

Según la investigación policial y las declaraciones de los presuntos estafados, tras las primeras visitas el mago iba incrementando la cantidad de dinero que pedía, cuya cifra basaba en datos personales como su edad multiplicada por mil o la fecha de su nacimiento.

A pesar de lo cual

el juez ha dictado el sobreseimiento de la causa argumentando que "sólo hace falta recordar que los denunciantes acudieron al denunciado porque, a través de rituales de magia, solucionara sus problemas económicos y personales", lo que no considera "engaño suficiente". Además, el juez destaca su "condición de empresarios".

La letrada del acusado presentó durante el juicio jurisprudencia del Supremo que considera que "no existe estafa cuando el estafado acude a médiums, magos, poseedores de poderes ocultos o tiradoras de cartas".

No es la primera vez que hablamos aquí de este tema, y me temo que tampoco será la última. Mientras la redacción del artículo 248.1 del Código Penal y su interpretación jurisprudencial sigan siendo las mismas, las víctimas de estos timos paranormales estarán prácticamente indefensas.

Pero eso no quiere decir que no puedan hacer nada.


Este es Pedro Hernández. Lo conocí hace algunas semanas, cuando coincidí con él en el programa de Ana Rosa Quintana precisamente para hablar de esto mismo, de las estafas de los curanderos.

Su historia es un auténtico ejemplo para todos. Comenzó cuando su hijo recién nacido empezó a sufrir crisis epilépticas violentas y a un ritmo devastador: algún día llegaron a contar más de ciento cincuenta. La epilepsia era, además, resistente a los fármacos, y los médicos que le trataban no eran capaces de dar con una solución.

De modo que hizo lo que hacen muchas de las víctimas de este tipo de estafas: acudió a una serie de curanderos y sanadores que le practicaron exorcismos, le proporcionaron brebajes mágicos (que afortunadamente para el niño estaban compuestos simplemente por agua del grifo, aunque su precio, como pueden imaginarse, resultaba mucho más abultado) y llevaron a cabo toda clase de rituales absolutamente inútiles. Pedro llegó a gastarse prácticamente todos sus recursos económicos en esta gentuza, hasta que, tras varios fracasos, decidió buscar ayuda real: estudió la enfermedad, buscó médicos especialistas en ellas, y finalmente encontró un tratamiento quirúrgico que no pudo evitar que el niño sufriese secuelas psíquicas, pero al menos estabilizó su estado.

Pero Pedro hizo algo más: se atrevió a denunciar públicamente a todos aquellos farsantes. En eso mismo consistió su presencia en el programa: en una exposición pública de la manera en que esa gentuza abusó de su situación desesperada y del ansia de cualquier padre por encontrar un remedio, por descabellado que sea, para el problema de su hijo.

Como decía, Pedro es un ejemplo para todos, pero debería serlo especialmente para quienes han sufrido este tipo de engaños. Es cierto que la legislación no les ampara: como mucho podrán recuperar el dinero perdido, tras un proceso lento y largo y con una buena dosis de suerte, pero nada les recompensará de los sinsabores sufridos, y los estafadores no recibirán ningún castigo. Pero pueden ayudar a exponerlos públicamente, para evitar que sigan abusando de la buena fe y la desesperación de otras personas. Pueden contar su caso a los medios de comunicación, o a las asociaciones escépticas (tanto Círculo Escéptico como ARP-SAPC estarán encantadas de ayudarles en la medida de lo posible), o ponerse en contacto con un blog de denuncia de la pseudociencia y la charlatanería. Ni siquiera tienen que dar la cara: Pedro lo hace, pero en otros muchos casos los medios no divulgan el rostro, la voz o los datos de los testigos. O ni siquiera emiten su testimonio, pero se apoyan en él para investigar al estafador y exponer en antena sus métodos. Cualquier cosa ayuda.

La doctrina del Tribunal Supremo sobre las estafas paranormales viene a decir que las víctimas son también parcialmente responsables del engaño en que han caído. Ya comenté en su día las razones por las que no me parece una interpretación correcta, pero sí que es cierto que algo de responsabilidad tienen en los engaños en que caen otras víctimas, porque es su silencio lo que permite que los estafadores sigan haciendo negocio. Y lo seguirán haciendo mientras a Pedro no se le unan más "padres coraje" como él.