8 de noviembre de 2010

Carta al Rector de la Universidad de Zaragoza

Excelentísimo y magnífico señor rector:

El motivo de la presente es para ofrecerle mis servicios como director de la nueva Cátedra de Homeopatía que recientemente se ha puesto en marcha en su Universidad.

Reconozco que en los últimos años la Universidad de Zaragoza ha llevado a cabo una gran labor en favor de la introducción de la homeopatía en el ámbito académico, más meritoria aún teniendo en cuenta que en el resto del mundo la tendencia es justamente la contraria, es decir, el abandono de la enseñanza oficial y hasta la financiación pública de las terapias inútiles y sin fundamento. En cambio, su Universidad ofrece dos títulos propios sobre homeopatía, mantiene incluso una página web dedicada a esta pseudoterapia bajo el título "prescribo homeopatía", y acaba de celebrar una jornada de gran repercusión mediática y esas cosas.

Sin embargo, le supongo enterado de que la reciente creación de la Cátedra de Homeopatía no ha tenido tan buena acogida, ni mucho menos, habiendo motivado incluso la aparición de un manifiesto contra la introducción de las pseudociencias en las Universidades que en este momento ha sido suscrito ya por más de cinco mil personas, además de una reacción sumamente negativa en ambientes científicos y divulgativos.

El viernes pasado tuve ocasión de escuchar la intervención del director de la Cátedra, el profesor Lanuza, en el programa "La ventana", de la Cadena Ser, y he llegado a la conclusión de que la causa de estas reacciones negativas se debe en buena parte a que quizá no sea la persona más indicada para desempeñar este puesto.

Verá. Para empezar, y tras la correspondiente presentación, preguntaron al Sr. Lanuza si la Cátedra ha sido financiada por alguna marca de homeopatía. Esta fue su respuesta:

Sí, sí, sí. De hecho, de hecho, yo creo que todo este revuelo a lo mejor ha podido aparecer por el término "Cátedra". El término "Cátedra" es un término no sé si acertado o desacertado que las Universidades españolas utilizamos cuando queremos crear un convenio entre una empresa y una Universidad. Entonces, en la Universidad de Zaragoza hay... esta es la Cátedra número treinta y dos, hay otras cátedras con otros laboratorios farmacéuticos, con bancos, con otras entidades... y esta es una Cátedra empresa-Universidad. El término "Cátedra" podríamos sustituirlo por "convenio" perfectamente. Quiere decir que no es la Cátedra con el Catedrático, con sus profesores titulares, etcétera, ¿eh? de hecho yo, evidentemente, no soy catedrático, ¿eh? Cátedra aquí sería, bueno, pues un reconocimiento institucional a una relación entre la Univesidad y una empresa, pero podríamos traducirlo por "convenio". Quiero decir que no va una formación detrás ni que se vaya a impartir cátedra ni sentar cátedra.

Como comprenderá, estas declaraciones son un craso error. Quiero decir que es evidente que lo que ha ocurrido aquí es que los Laboratorios Boiron se han comprado una Cátedra en la Universidad, pero el profesor Lanuza no tendría que haberlo reconocido públicamente. Tenga en cuenta que, tratándose de una relación comercial, es inevitable preguntarse qué han intercambiado cada una de las partes, y la única conclusión posible es que la Universidad de Zaragoza ha vendido parte del prestigio que le confiere el hecho de ser eso, nada menos que una Universidad, a cambio de una determinada cantidad de dinero. Lamentablemente, esto de vender fama y honorabilidad a cambio de un plato de lentejas no está socialmente muy bien visto. Con esta operación, más que una institución seria, la Universidad de Zaragoza da la impresión de ser como uno de esos famosos que prestan su imagen pública para vender cualquier producto milagro a cambio de unas perrillas, y aunque probablemente los tiros anden por ahí, esto no deja de ser un desastre desde el punto de vista de las relaciones públicas.

Pero, además, si la primera impresión que puede sacar cualquier oyente de todo esto es mala, la segunda es aún peor. Según el profesor Lanuza el objetivo fundamental del chanchullo acuerdo es investigar qué hay de cierto en eso de la homeopatía. Como dijo más tarde,

yo lo único que digo es que hay que evaluarlos, hay que estudiarlos, porque están por ley y yo como farmacólogo tengo que estudiarlos, porque me lo exige... soy funcionario y me lo exige mi Estado y...

Pero, la verdad, que la Universidad vaya a hacerlo con la financiación de un fabricante de remedios homeopáticos no es algo que huela precisamente a rosas. A mí, que soy de educación más bien clásica, lo que me viene a la cabeza tras lo del plato de lentejas es aquello de poner a la zorra a cuidar de las gallinas.

En lugar de meterse en este lío, lo que debería haber hecho el profesor Lanuza es afirmar, con toda rotundidad, que los Laboratorios Boiron son en realidad una institución benéfica y altruista que ríete tú de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja Internacional y Amnistía Internacional, todos juntos y metidos en un saco. Así, con todo el morro. Al fin y al cabo, eso es lo que parecen creer quienes acusan a los críticos de la homeopatía de estar a sueldo de las multinacionales farmacéuticas, olvidándose de que Boiron, Heel y compañía son... pues eso, multinacionales farmacéuticas. Y en cuanto al resto del público, teniendo en cuenta el desconocimiento general sobre lo que es realmente la homeopatía (que, en su caso, le invito a paliar visitando esta página), probablemente también habrá mucha gente que se lo crea, igual que se creen que la homeopatía es "natural", "milenaria", "holística" o, simplemente, que es efectiva.

Este desparpajo le faltó también al profesor Lanuza cuando, preguntado por el manifiesto al que aludía al principio de la carta, dijo que

Sí, sí, estoy realmente sorprendido, más que nada porque... por eso, porque es una realidad social. La homeopatía... también hay sesenta y dos mil firmas a favor de la homeopatía en una página web en España, y eso no se ha recogido en ningún sitio ni en los medios de comunicación. 

Comprenderá usted, señor Rector, que lo de que la homeopatía sea una realidad social no es un argumento para crear una Cátedra, acuerdo o lo que sea con respaldo universitario. También son una realidad social la astrología, el tarot, la creencia en la comunicación con el Más Allá o la quiromancia y no se enseñan en las Universidades (bueno, salvo en la de Lleida).

Mejor encaminado andaba el profesor Lanuza en lo de las firmas a favor de la homeopatía, sobre todo porque poca gente sabrá que, en realidad, la campaña de recogida de firmas no es "a favor de la homeopatía", a pesar de su denominación, sino a favor de que las industrias homeopáticas no tengan que pagar tasas, a pesar de que el Ministerio pensaba cobrárselas en un importe bastante más bajo que las correspondientes a los fabricantes de medicamentos de verdad.

A eso es precisamente a lo que me refería cuando hablaba de mentir con todo el morro, práctica por lo demás perfectamente ortodoxa dentro del mundillo homeopático. Sin embargo, el profesor Lanuza vuelve a meter la pata cuando prosigue diciendo que

Pero... pero bueno, sí, es sorprendente, es sorprendente aunque es esperable, ¿eh?, porque, digamos, que cuando se es estudioso de este tema, de este tema como de los otros de la farmacología, pero concretamente en este tema se conoce que hay detractores y que hay personas a favor... Es normal, ¿eh? en ciencia ocurre eso, ¿eh? No todo el mundo... Gracias a Dios la ciencia avanza así.

Porque el problema, como debería saber el profesor Lanuza, es que la ciencia ha avanzado y ha dejado ya atrás la homeopatía, más o menos en el mismo sitio en que quedaron la hipótesis del flogisto, la del equilibrio de los humores, el geocentrismo o los estudios sobre las consecuencias hidrológicas del Diluvio Universal. Dentro de la comunidad científica, hoy por hoy, las únicas "personas a favor" de la homeopatía son la escasa minoría que viven de ella... ante lo cual, y recordando que la Cátedra, o chanchullo, o lo que sea que va a dirigir el profesor Lanuza está financiada por un laboratorio homeopático, lo mejor será que corramos un tupido velo.

Velo que también debería haber corrido el profesor Lanuza cuando dijo aquello de que

Yo no soy homeópata, yo me dedico a estudiar los medicamentos. Existen unos medicamentos, regulados por la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, como todos los medicamentos, ¿eh?, que son los medicamentos homeopáticos.

Y, más tarde, que

¡No, no, no, no, perdone! Los medicamentos homeopáticos solo se venden en farmacias. A ver, solo los pueden recetar médicos, de hecho la Organización Médica Colegial lo ha reconocido como "acto médico", y... y... para qué, para evitar el intrusismo, solo lo pueden recetar médicos, odontólogos o veterinarios por ley, y solo lo pueden prescri... lo pueden... eeeh... dispensar farmacéuticos.

Porque, claro, se arriesgaba a que alguno de los oyentes echase un vistazo a la legislación vigente y descubriera... pues que no.

Para empezar, es cierto que los productos homeopáticos pueden ser reconocidos como medicamentos conforme a la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento. De hecho, conforme a nuestra legislación pueden serlo de dos maneras:

- Por el mismo procedimiento que los medicamentos de verdad.

- Por un procedimiento especial simplificado.

¿Cuál es la diferencia entre ambos? Pues, básicamente, que el procedimiento simplificado permite autorizarlos sin necesidad de demostrar su efectividad. Y repito por si no ha quedado claro: si bien nuestra legislación exige que, antes de aprobar la venta como medicamento de un producto, el fabricante proporcione pruebas de su efectividad, establece como única excepción la de los productos homeopáticos, que pueden ser vendidos como medicamentos sin necesidad de demostrar que sirvan realmente para algo. Se trata de una excepción chocante, desde luego, pero no exclusiva de nuestro país: la impone la normativa europea, en cuya redacción se cedió a las presiones de los fabricantes de productos homeopáticos. El motivo de que estos fabricantes lucharan a brazo partido para poder vender sus productos sin tener que demostrar que tengan efectividad alguna es algo que dejo a su imaginación.

A pesar de lo cual, y de nuevo es algo que el profesor Lanuza debería conocer, en España no se ha aprobado ni un solo producto homeopático para su venta como medicamento. Ni siquiera los del laboratorio que ha comprado la Cátedra. De modo que cuando dijo que los potingues homeopáticos

Los dispensan los farmacéuticos con un consejo farmacéutico detrás, por eso el interés de los farmacéuticos en formarse en homeopatía también. Porque ellos están vendiendo algo, igual que aconsejan sobre el resto de medicamentos tienen que aconsejar sobre los medicamentos homeopáticos, que por ley los tienen que vender, y su función es aconsejar.

Debería haber tenido en cuenta que, también "por ley", los farmacéuticos (y los médicos, y él mismo) lo que tendrían que hacer es abstenerse de dispensar, recetar o recomendar productos ilegales.

Claro, con estas cosas no es de extrañar que durante el programa llamase un oyente (Guillermo) y llegase a decir que

Si el señor Lanuza es farmacólogo, que ya uno lo empieza a dudar, sabe que todo lo que ha estudiado dice exactamente lo contrario de la homeopatía, exactamente lo contrario. No puedo entender... salvo por el dinero, claro, una vez que tenemos el dinero y el patrocinio de un laboratorio farmacéutico ya me lo creo todo.

De hecho, el oyente insistió en que los productos homeopáticos

no tienen ningún efecto secundario porque tampoco tienen ningún efecto primario. No tienen efecto en absoluto.

A lo que el profesor Lanuza solo acertó a replicar algo así como que

Yo, yo, mire, me dedico a estudiarlos y no me atrevería a decir las af.. y como las hace usted, las afirmaciones que hace usted.

Cosa que, en vista de lo que comentaba el oyente sobre el dinero y el patrocinio, no resulta extraño en absoluto.

De lo expuesto hasta ahora se deduce que el profesor Lanuza, a pesar de su currículo (sí, ya, dice que no es homeópata pero dirige los cursos de homeopatía de la Universidad y ahora esta cátedra) no parece la persona idónea para desempeñar el puesto desde el punto de vista de las relaciones públicas. Pero es que tampoco parece serlo en cuanto a su preparación homeopática. A preguntas de Juan José Millás sobre la diferencia entre un medicamento normal y un producto homeopático, el profesor Lanuza dijo que

Pues la diferencia básica es la cantidad de medicamento. Como bien decía mi compañero el medicamento homeopático se basa en la ultradilución, al final hay cantidades insignifican... muy pequeñas, muy pequeñas.

Una afirmación que puede ser aceptable en boca de... no sé, un comercial de Boiron, por ejemplo, pero en ningún modo en la de todo un profesor de farmacología. Como sabe cualquier estudiante de química elemental, la materia no puede dividirse infinitamente: en una cantidad determinada de sustancia hay una cierta cantidad de moléculas, de modo que si la diluimos una y otra vez llegará un momento en que, sencillamente, no quedará ni una sola molécula de la sustancia original. En una dilución homeopática de "potencia" 23D o 13C no habrá ya ni rastro de principio activo, y se trata de grados bastante modestos para la práctica habitual de la homeopatía, en lo que lo más corriente es encontrar productos diluidos a 30C o incluso más.

En definitiva: no es que la homeopatía emplee "cantidades insignifican... muy pequeñas, muy pequeñas". Es que lo único que emplea es agua. Y, es más: la mayoría de las veces, ni eso.

En cualquier caso, el motivo de esta carta no es detenernos a considerar si es normal que un profesor de farmacología parezca ignorar la legislación vigente, se deje guiar por la popularidad social en lugar de la evidencia científica, o aparente desconocer quién era el señor Avogadro.

Como le decía, mi intención es ofrecerle mis servicios como director de la Cátedra, para lo cual poseo unas cualificaciones que creo inmejorables. Para empezar, como habrá visto, me desenvuelvo con más soltura en la disciplina que parece ser la especialidad del profesor Lanuza, aunque reconozco que no es ninguna proeza: incluso Guillermo, el oyente que llamó al programa, demostró desde el principio un conocimiento de la homeopatía mucho más profundo que el del profesor, al calificar al fundador de la disciplina, Samuel Hahnemann, como "soplagaitas". Pero es que, además, he obtenido nada menos que tres títulos, tres, que acreditan mi sólida formación en la materia:





Se trata, además, de títulos expedidos nada menos que por Laboratorios Boiron, la misma empresa que patrocina la Cátedra, así que no me cabe la menor duda de que los reconocerá usted como plenamente válidos. Máxime ahora, que la propia Boiron ha eliminado la posibilidad de obtenerlos desde España, sin duda para pasar a otorgarlos a través de su Cátedra recién comprada.

Por otro lado, puedo presumir de que no soy solo experto en homeopatía: también soy un gran usuario de la misma. Y el hecho de que la haya ingerido de una sola vez en vez de poco a poco creo que es un mérito adicional, ya que me permite encontrarme en una posición inmejorable para estudiar los efectos adversos que pudieran tener estos productos, tanto en mi persona como en otros casos de los que he sido testigo. Le prometo que lo haré tan pronto como se presenten.

Por otra parte, como usted probablemente sabrá, en el fondo esto de la homeopatía consiste básicamente en palabrería, y en ese aspecto, gracias a mi amiga Alice Sheppard, también he recibido una formación amplia y sólida que pondré al servicio de la Cátedra. De hecho, en el fondo se trata de dejar de meterme con unas empresas farmacéuticas (las homeopáticas) para hacerlo con las otras (las científicas), cosa por lo demás no demasiado difícil teniendo en cuenta que también tienen trapos sucios para dar y regalar. Además, reconozco que les tengo bastante manía, dado que llevo un montón de años siendo acusado de estar a su servicio y a cambio no he recibido no ya mi correspondiente cheque, es que ni siquiera me han mandado ni una mísera aspirina de regalo.

Y, por último, debo indicar con toda modestia que poseo un amplio conocimiento de los desarrollos más vanguardistas de la homeopatía, alguno de los cuales reconozco que no estoy dispuesto a probar, desde luego, pero que en todo caso creo que nos proporcionan una valiosísima lección sobre el ser humano, su capacidad de curarse a sí mismo y, sobre todo, su capacidad de tomarse el pelo a sí mismo y a los demás. Que es, de nuevo, de lo que se trata, ¿verdad?

En definitiva, como puede ver reúno méritos más que sobrados para obtener el puesto, y no le quepa duda de que bajo mi dirección la Cátedra de Homeopatía en particular, y la Universidad de Zaragoza en general, permanecerán con todos los honores en el lugar que realmente se merecen. O sea, este.

Suyo affmo. y ss., etc...

17 comentarios:

  1. Pues eso, amén. Extenso y clarito.

    Saludos.

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  2. Tú, lo que quieres es provocar un infarto al rector de la Universidad de Zaragoza y ocupar su puesto.

    En serio, magnífica entrada. Irónica, clara y rotunda. Me encantan tus comentarios a las afirmacionss del titular de la cátedra comprada por Boiron.

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  3. Me hace mucha gracia el argumento "porque es una realidad social" que usa el señor Linuza.

    Entonces como es una realidad social debemos promocionarla, fomentarla, venderla y defenderla.

    A mí se me ocurren otras realidades sociales mucho mejores como la pobreza y el racismo.

    Hay muchos datos que amparan, tristemente, ambas realidades, por tanto se debe crear una cátedra pagada por bancos y partidos de extrema derecha para promocionar las ventajas de ser pobre y de ser racista.

    Queda claro que porque sea popular y extendido no tiene porque ser bueno ni defendible desde una institución pública como la universidad.

    En fin, me voy a tomar mi oscillococcinum con leche.

    Saludos!

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  4. me da pena tener que leer una carta como esta... pero me alegro de que alguien la escriba

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  5. ¡¡¡Bravo!!! Ojalá le nombren director.

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  6. Me quito el sombrero.

    Saludoss.

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  7. Muy buena entrada, el tono es mas que acorde con la risión que provoca el sr. Linuza, que no se sabe si es por pura ignorancia o por no saber como defender su chiringuito del que sacara un dinero tocándose las narices, sin que se note.

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  8. Sólo me queda aplaudir y asentir.

    Ah! y agradecer que hayas enlazado el artículo sobre Glaxo.

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  9. Una pregunta, si yo o alguien va a una farmacia con x síntomas, pide un medicamento y la persona que te atiende te intenta colar un remedio homeopático, ¿esto se puede denunciar o reclamar de alguna manera en tanto que es sabido que no tiene ningún efecto y por tanto, entiendo yo, te están dando gato por liebre? Lo vengo a decir porque, ante la proliferación de productos homeopáticos en las farmacias, a uno le pueden vender cualquier cosa máxime cuando no tienes conocimientos sólidos sobre medicina.

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  10. Estupenda. Como el resto de comentaristas aplaudo y espero que el sr. rector se digne algún día a contestar alguno de nuestros requerimientos. Yo sigo esperando.

    Un saludo.

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  11. No he parado de reir, ¡hasta me he atragantado!, todavía me enjuago las lágrimas mientras escribo esto. Se que no debería, que puede ser una cuestión seria para la salud de algunos pero no puedo evitarlo.

    solo resta decir ¡chapeau! y saludos

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  12. Desde luego... si no te dan el cargo, sería una verdadera injusticia.

    Felicidades por la publicación y por adelantado por el nuevo cargo.

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  13. La pregunta de Alejandro es muy buena sin duda, si alguien sabe la respuesta y nos informa seria de agradecer.

    Y extendiendola, ¿y si un doctor que SABE que eso no vale para nada me la receta? ¿se puede tomar alguna medida contra el?

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  14. Y sigue levantando ampollas la catedra en timologia:

    http://www.ehtio.es//comic/for-science-/770?ref=nf

    Paa echarse unas risas :P

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  15. Clarísimo como el agua. Felicidades por la entrada.

    Saludos.

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