8 de noviembre de 2010

Carta al Rector de la Universidad de Zaragoza

Excelentísimo y magnífico señor rector:

El motivo de la presente es para ofrecerle mis servicios como director de la nueva Cátedra de Homeopatía que recientemente se ha puesto en marcha en su Universidad.

Reconozco que en los últimos años la Universidad de Zaragoza ha llevado a cabo una gran labor en favor de la introducción de la homeopatía en el ámbito académico, más meritoria aún teniendo en cuenta que en el resto del mundo la tendencia es justamente la contraria, es decir, el abandono de la enseñanza oficial y hasta la financiación pública de las terapias inútiles y sin fundamento. En cambio, su Universidad ofrece dos títulos propios sobre homeopatía, mantiene incluso una página web dedicada a esta pseudoterapia bajo el título "prescribo homeopatía", y acaba de celebrar una jornada de gran repercusión mediática y esas cosas.

Sin embargo, le supongo enterado de que la reciente creación de la Cátedra de Homeopatía no ha tenido tan buena acogida, ni mucho menos, habiendo motivado incluso la aparición de un manifiesto contra la introducción de las pseudociencias en las Universidades que en este momento ha sido suscrito ya por más de cinco mil personas, además de una reacción sumamente negativa en ambientes científicos y divulgativos.

El viernes pasado tuve ocasión de escuchar la intervención del director de la Cátedra, el profesor Lanuza, en el programa "La ventana", de la Cadena Ser, y he llegado a la conclusión de que la causa de estas reacciones negativas se debe en buena parte a que quizá no sea la persona más indicada para desempeñar este puesto.

Verá. Para empezar, y tras la correspondiente presentación, preguntaron al Sr. Lanuza si la Cátedra ha sido financiada por alguna marca de homeopatía. Esta fue su respuesta:

Sí, sí, sí. De hecho, de hecho, yo creo que todo este revuelo a lo mejor ha podido aparecer por el término "Cátedra". El término "Cátedra" es un término no sé si acertado o desacertado que las Universidades españolas utilizamos cuando queremos crear un convenio entre una empresa y una Universidad. Entonces, en la Universidad de Zaragoza hay... esta es la Cátedra número treinta y dos, hay otras cátedras con otros laboratorios farmacéuticos, con bancos, con otras entidades... y esta es una Cátedra empresa-Universidad. El término "Cátedra" podríamos sustituirlo por "convenio" perfectamente. Quiere decir que no es la Cátedra con el Catedrático, con sus profesores titulares, etcétera, ¿eh? de hecho yo, evidentemente, no soy catedrático, ¿eh? Cátedra aquí sería, bueno, pues un reconocimiento institucional a una relación entre la Univesidad y una empresa, pero podríamos traducirlo por "convenio". Quiero decir que no va una formación detrás ni que se vaya a impartir cátedra ni sentar cátedra.

Como comprenderá, estas declaraciones son un craso error. Quiero decir que es evidente que lo que ha ocurrido aquí es que los Laboratorios Boiron se han comprado una Cátedra en la Universidad, pero el profesor Lanuza no tendría que haberlo reconocido públicamente. Tenga en cuenta que, tratándose de una relación comercial, es inevitable preguntarse qué han intercambiado cada una de las partes, y la única conclusión posible es que la Universidad de Zaragoza ha vendido parte del prestigio que le confiere el hecho de ser eso, nada menos que una Universidad, a cambio de una determinada cantidad de dinero. Lamentablemente, esto de vender fama y honorabilidad a cambio de un plato de lentejas no está socialmente muy bien visto. Con esta operación, más que una institución seria, la Universidad de Zaragoza da la impresión de ser como uno de esos famosos que prestan su imagen pública para vender cualquier producto milagro a cambio de unas perrillas, y aunque probablemente los tiros anden por ahí, esto no deja de ser un desastre desde el punto de vista de las relaciones públicas.

Pero, además, si la primera impresión que puede sacar cualquier oyente de todo esto es mala, la segunda es aún peor. Según el profesor Lanuza el objetivo fundamental del chanchullo acuerdo es investigar qué hay de cierto en eso de la homeopatía. Como dijo más tarde,

yo lo único que digo es que hay que evaluarlos, hay que estudiarlos, porque están por ley y yo como farmacólogo tengo que estudiarlos, porque me lo exige... soy funcionario y me lo exige mi Estado y...

Pero, la verdad, que la Universidad vaya a hacerlo con la financiación de un fabricante de remedios homeopáticos no es algo que huela precisamente a rosas. A mí, que soy de educación más bien clásica, lo que me viene a la cabeza tras lo del plato de lentejas es aquello de poner a la zorra a cuidar de las gallinas.

En lugar de meterse en este lío, lo que debería haber hecho el profesor Lanuza es afirmar, con toda rotundidad, que los Laboratorios Boiron son en realidad una institución benéfica y altruista que ríete tú de Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja Internacional y Amnistía Internacional, todos juntos y metidos en un saco. Así, con todo el morro. Al fin y al cabo, eso es lo que parecen creer quienes acusan a los críticos de la homeopatía de estar a sueldo de las multinacionales farmacéuticas, olvidándose de que Boiron, Heel y compañía son... pues eso, multinacionales farmacéuticas. Y en cuanto al resto del público, teniendo en cuenta el desconocimiento general sobre lo que es realmente la homeopatía (que, en su caso, le invito a paliar visitando esta página), probablemente también habrá mucha gente que se lo crea, igual que se creen que la homeopatía es "natural", "milenaria", "holística" o, simplemente, que es efectiva.

Este desparpajo le faltó también al profesor Lanuza cuando, preguntado por el manifiesto al que aludía al principio de la carta, dijo que

Sí, sí, estoy realmente sorprendido, más que nada porque... por eso, porque es una realidad social. La homeopatía... también hay sesenta y dos mil firmas a favor de la homeopatía en una página web en España, y eso no se ha recogido en ningún sitio ni en los medios de comunicación. 

Comprenderá usted, señor Rector, que lo de que la homeopatía sea una realidad social no es un argumento para crear una Cátedra, acuerdo o lo que sea con respaldo universitario. También son una realidad social la astrología, el tarot, la creencia en la comunicación con el Más Allá o la quiromancia y no se enseñan en las Universidades (bueno, salvo en la de Lleida).

Mejor encaminado andaba el profesor Lanuza en lo de las firmas a favor de la homeopatía, sobre todo porque poca gente sabrá que, en realidad, la campaña de recogida de firmas no es "a favor de la homeopatía", a pesar de su denominación, sino a favor de que las industrias homeopáticas no tengan que pagar tasas, a pesar de que el Ministerio pensaba cobrárselas en un importe bastante más bajo que las correspondientes a los fabricantes de medicamentos de verdad.

A eso es precisamente a lo que me refería cuando hablaba de mentir con todo el morro, práctica por lo demás perfectamente ortodoxa dentro del mundillo homeopático. Sin embargo, el profesor Lanuza vuelve a meter la pata cuando prosigue diciendo que

Pero... pero bueno, sí, es sorprendente, es sorprendente aunque es esperable, ¿eh?, porque, digamos, que cuando se es estudioso de este tema, de este tema como de los otros de la farmacología, pero concretamente en este tema se conoce que hay detractores y que hay personas a favor... Es normal, ¿eh? en ciencia ocurre eso, ¿eh? No todo el mundo... Gracias a Dios la ciencia avanza así.

Porque el problema, como debería saber el profesor Lanuza, es que la ciencia ha avanzado y ha dejado ya atrás la homeopatía, más o menos en el mismo sitio en que quedaron la hipótesis del flogisto, la del equilibrio de los humores, el geocentrismo o los estudios sobre las consecuencias hidrológicas del Diluvio Universal. Dentro de la comunidad científica, hoy por hoy, las únicas "personas a favor" de la homeopatía son la escasa minoría que viven de ella... ante lo cual, y recordando que la Cátedra, o chanchullo, o lo que sea que va a dirigir el profesor Lanuza está financiada por un laboratorio homeopático, lo mejor será que corramos un tupido velo.

Velo que también debería haber corrido el profesor Lanuza cuando dijo aquello de que

Yo no soy homeópata, yo me dedico a estudiar los medicamentos. Existen unos medicamentos, regulados por la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, como todos los medicamentos, ¿eh?, que son los medicamentos homeopáticos.

Y, más tarde, que

¡No, no, no, no, perdone! Los medicamentos homeopáticos solo se venden en farmacias. A ver, solo los pueden recetar médicos, de hecho la Organización Médica Colegial lo ha reconocido como "acto médico", y... y... para qué, para evitar el intrusismo, solo lo pueden recetar médicos, odontólogos o veterinarios por ley, y solo lo pueden prescri... lo pueden... eeeh... dispensar farmacéuticos.

Porque, claro, se arriesgaba a que alguno de los oyentes echase un vistazo a la legislación vigente y descubriera... pues que no.

Para empezar, es cierto que los productos homeopáticos pueden ser reconocidos como medicamentos conforme a la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento. De hecho, conforme a nuestra legislación pueden serlo de dos maneras:

- Por el mismo procedimiento que los medicamentos de verdad.

- Por un procedimiento especial simplificado.

¿Cuál es la diferencia entre ambos? Pues, básicamente, que el procedimiento simplificado permite autorizarlos sin necesidad de demostrar su efectividad. Y repito por si no ha quedado claro: si bien nuestra legislación exige que, antes de aprobar la venta como medicamento de un producto, el fabricante proporcione pruebas de su efectividad, establece como única excepción la de los productos homeopáticos, que pueden ser vendidos como medicamentos sin necesidad de demostrar que sirvan realmente para algo. Se trata de una excepción chocante, desde luego, pero no exclusiva de nuestro país: la impone la normativa europea, en cuya redacción se cedió a las presiones de los fabricantes de productos homeopáticos. El motivo de que estos fabricantes lucharan a brazo partido para poder vender sus productos sin tener que demostrar que tengan efectividad alguna es algo que dejo a su imaginación.

A pesar de lo cual, y de nuevo es algo que el profesor Lanuza debería conocer, en España no se ha aprobado ni un solo producto homeopático para su venta como medicamento. Ni siquiera los del laboratorio que ha comprado la Cátedra. De modo que cuando dijo que los potingues homeopáticos

Los dispensan los farmacéuticos con un consejo farmacéutico detrás, por eso el interés de los farmacéuticos en formarse en homeopatía también. Porque ellos están vendiendo algo, igual que aconsejan sobre el resto de medicamentos tienen que aconsejar sobre los medicamentos homeopáticos, que por ley los tienen que vender, y su función es aconsejar.

Debería haber tenido en cuenta que, también "por ley", los farmacéuticos (y los médicos, y él mismo) lo que tendrían que hacer es abstenerse de dispensar, recetar o recomendar productos ilegales.

Claro, con estas cosas no es de extrañar que durante el programa llamase un oyente (Guillermo) y llegase a decir que

Si el señor Lanuza es farmacólogo, que ya uno lo empieza a dudar, sabe que todo lo que ha estudiado dice exactamente lo contrario de la homeopatía, exactamente lo contrario. No puedo entender... salvo por el dinero, claro, una vez que tenemos el dinero y el patrocinio de un laboratorio farmacéutico ya me lo creo todo.

De hecho, el oyente insistió en que los productos homeopáticos

no tienen ningún efecto secundario porque tampoco tienen ningún efecto primario. No tienen efecto en absoluto.

A lo que el profesor Lanuza solo acertó a replicar algo así como que

Yo, yo, mire, me dedico a estudiarlos y no me atrevería a decir las af.. y como las hace usted, las afirmaciones que hace usted.

Cosa que, en vista de lo que comentaba el oyente sobre el dinero y el patrocinio, no resulta extraño en absoluto.

De lo expuesto hasta ahora se deduce que el profesor Lanuza, a pesar de su currículo (sí, ya, dice que no es homeópata pero dirige los cursos de homeopatía de la Universidad y ahora esta cátedra) no parece la persona idónea para desempeñar el puesto desde el punto de vista de las relaciones públicas. Pero es que tampoco parece serlo en cuanto a su preparación homeopática. A preguntas de Juan José Millás sobre la diferencia entre un medicamento normal y un producto homeopático, el profesor Lanuza dijo que

Pues la diferencia básica es la cantidad de medicamento. Como bien decía mi compañero el medicamento homeopático se basa en la ultradilución, al final hay cantidades insignifican... muy pequeñas, muy pequeñas.

Una afirmación que puede ser aceptable en boca de... no sé, un comercial de Boiron, por ejemplo, pero en ningún modo en la de todo un profesor de farmacología. Como sabe cualquier estudiante de química elemental, la materia no puede dividirse infinitamente: en una cantidad determinada de sustancia hay una cierta cantidad de moléculas, de modo que si la diluimos una y otra vez llegará un momento en que, sencillamente, no quedará ni una sola molécula de la sustancia original. En una dilución homeopática de "potencia" 23D o 13C no habrá ya ni rastro de principio activo, y se trata de grados bastante modestos para la práctica habitual de la homeopatía, en lo que lo más corriente es encontrar productos diluidos a 30C o incluso más.

En definitiva: no es que la homeopatía emplee "cantidades insignifican... muy pequeñas, muy pequeñas". Es que lo único que emplea es agua. Y, es más: la mayoría de las veces, ni eso.

En cualquier caso, el motivo de esta carta no es detenernos a considerar si es normal que un profesor de farmacología parezca ignorar la legislación vigente, se deje guiar por la popularidad social en lugar de la evidencia científica, o aparente desconocer quién era el señor Avogadro.

Como le decía, mi intención es ofrecerle mis servicios como director de la Cátedra, para lo cual poseo unas cualificaciones que creo inmejorables. Para empezar, como habrá visto, me desenvuelvo con más soltura en la disciplina que parece ser la especialidad del profesor Lanuza, aunque reconozco que no es ninguna proeza: incluso Guillermo, el oyente que llamó al programa, demostró desde el principio un conocimiento de la homeopatía mucho más profundo que el del profesor, al calificar al fundador de la disciplina, Samuel Hahnemann, como "soplagaitas". Pero es que, además, he obtenido nada menos que tres títulos, tres, que acreditan mi sólida formación en la materia:





Se trata, además, de títulos expedidos nada menos que por Laboratorios Boiron, la misma empresa que patrocina la Cátedra, así que no me cabe la menor duda de que los reconocerá usted como plenamente válidos. Máxime ahora, que la propia Boiron ha eliminado la posibilidad de obtenerlos desde España, sin duda para pasar a otorgarlos a través de su Cátedra recién comprada.

Por otro lado, puedo presumir de que no soy solo experto en homeopatía: también soy un gran usuario de la misma. Y el hecho de que la haya ingerido de una sola vez en vez de poco a poco creo que es un mérito adicional, ya que me permite encontrarme en una posición inmejorable para estudiar los efectos adversos que pudieran tener estos productos, tanto en mi persona como en otros casos de los que he sido testigo. Le prometo que lo haré tan pronto como se presenten.

Por otra parte, como usted probablemente sabrá, en el fondo esto de la homeopatía consiste básicamente en palabrería, y en ese aspecto, gracias a mi amiga Alice Sheppard, también he recibido una formación amplia y sólida que pondré al servicio de la Cátedra. De hecho, en el fondo se trata de dejar de meterme con unas empresas farmacéuticas (las homeopáticas) para hacerlo con las otras (las científicas), cosa por lo demás no demasiado difícil teniendo en cuenta que también tienen trapos sucios para dar y regalar. Además, reconozco que les tengo bastante manía, dado que llevo un montón de años siendo acusado de estar a su servicio y a cambio no he recibido no ya mi correspondiente cheque, es que ni siquiera me han mandado ni una mísera aspirina de regalo.

Y, por último, debo indicar con toda modestia que poseo un amplio conocimiento de los desarrollos más vanguardistas de la homeopatía, alguno de los cuales reconozco que no estoy dispuesto a probar, desde luego, pero que en todo caso creo que nos proporcionan una valiosísima lección sobre el ser humano, su capacidad de curarse a sí mismo y, sobre todo, su capacidad de tomarse el pelo a sí mismo y a los demás. Que es, de nuevo, de lo que se trata, ¿verdad?

En definitiva, como puede ver reúno méritos más que sobrados para obtener el puesto, y no le quepa duda de que bajo mi dirección la Cátedra de Homeopatía en particular, y la Universidad de Zaragoza en general, permanecerán con todos los honores en el lugar que realmente se merecen. O sea, este.

Suyo affmo. y ss., etc...

7 de noviembre de 2010

Otra vez el congreso "Ciencia y espíritu"

¿Se acuerdan del Congreso Ciencia y Espíritu del año pasado? Ya saben, aquel en el que los asistentes, con animado espíritu, daban de patadas a la ciencia. Sí, ese mismo.

Bueno, pues la edición de este año será... mejor que se lo cuente Confusio, que lo hace muy bien.

6 de noviembre de 2010

Elige tu terapia alternativa


(Pulse sobre la imagen para verla en tamaño original)


Traducido con autorización de Crispian Jago

4 de noviembre de 2010

Vulgares estafadores

ANTECEDENTES DE HECHO


PRIMERO.- Hace cosa de un año, como contaba Magonia, la Universidad de Castilla-La Mancha se dejaba colar un gol por toda la escuadra, cediendo sus instalaciones para la realización de un seminario parapsicológico. El modus operandi de los organizadores fue de lo más típico: solicitaron el uso del local, pagaron las tasas correspondientes, y a continuación, aprovechando que habían conseguido montar su numerito en la Universidad, colocaron el logotipo universitario en sus carteles y presumieron a los cuatro vientos de que la UCLM colaboraba con el montaje, dando la apariencia de tener una legitimidad académica que, evidentemente, ni merecían ni habían obtenido. De hecho, la protesta de varios profesores consiguió que al menos desapareciera el logotipo de Universidad de la cartelería del espectáculo circense, aunque no fue suficiente como para que los responsables académicos recapacitaran y evitasen que la institución se enfangara.

Uno de los profesores que más destacaron en aquella protesta fue Fernando Cuartero, catedrático de la Universidad que no dudó en señalar que

Este tipo de vulgares estafadores, por el módico pago de unas tasas, obtienen, mediante una mala práctica, un pretendido amparo académico que es completamente falso.


SEGUNDO.- A raíz de aquello uno de los organizadores, Rafael Campillo, decidió querellarse contra Fernando Cuartero por la supuesta comisión de un delito de injurias y calumnias contra él, exigiendo la condena del catedrático y el abono de una indemnización de seis mil euros. El Juzgado, sin embargo, consideró los hechos como constitutivos, como mucho, de una falta.

Y tras el correspondiente juicio, la Magistrada-Juez del Juzgado de Instrucción número Uno de Albacete dictó la correspondiente Sentencia, que pueden consultar en pdf aquí por cortesía de Magonia.



FUNDAMENTOS DE DERECHO


PRIMERO.- A pesar de que la carta de Fernando Cuartero era mucho más extensa, la querella se centra en la frase acerca de los vulgares estafadores. La Magistrada considera dicha frase constitutiva de una falta de injurias básicamente por considerar que (transcribo):

Si leemos la totalidad del escrito, observamos que dichas expresiones son innecesarias para manifestar su desacuerdo con el acto, así como para comunicar al vicerrector que él no estaba de acuerdo con el mismo y las razones. Dichas razones y su opinión sobre el evento, hubieran llegado a su receptor igualmente si estas expresiones no se hubieran vertido, eran innecesarias para la crítica del seminario, excediendo de ese animus criticandi. De la misma manera que no eran necesarias para poner de relieve que la parapsicología no es una ciencia (...). Además, si examinamos gramaticalmente la frase "vulgares estafadores" es una frase injuriosa, por cuanto según el diccionario de la Real Academia vulgares significa "que es impropio de personas cultas o educadas" y estafadores "persona que estafa", estafar "pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños, y con ánimo de no pagar (...)"

(...) para oponerse a que la Universidad permitiera su realización en sus instalaciones, no había que decir que los organizadores eran "vulgares estafadores", esta expresión es innecesaria para demostrar que la parapsicología no es ciencia, podemos decir que es una pseudociencia, que era inveraz en tanto que no se puede demostrar y no científico (sic), pero al proferir la expresión de "estafador" se está excediendo de la crítica al evento para pasar a menoscabar la fama y el honor de quien organizase el mismo. Siendo indiferente que el denunciado conociese o no al denunciante, lo cierto es que él fue quien realizó la petición en la Universidad para celebrar el evento, y quien, por tanto, se sintió aludido y ofendido ante las expresiones del denunciado.

SEGUNDO.- La Magistrada considera, en primer lugar, que la expresión "vulgares estafadores" es innecesaria. Uno de los aspectos que la Jurisprudencia contempla a la hora de decidir si una expresión es o no injuriosa es precisamente ese, si formaba parte de la crítica o era algo más, un insulto del que se podría haber prescindido.

Y aquí es donde la Magistrada, en mi opinión, comete su primer error.

La frase original lo explicaba con toda corrección. Recordemos que Fernando Cuartero no se limitaba a llamar a los organizadores "vulgares estafadores", sino que explicaba por qué los consideraba como tales: porque

por el módico pago de unas tasas, obtienen, mediante una mala práctica, un pretendido amparo académico que es completamente falso.

Como dice la propia Magistrada,

(...) según el diccionario de la Real Academia vulgares significa "que es impropio de personas cultas o educadas" y estafadores "persona que estafa", estafar "pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños, y con ánimo de no pagar (...)"

Y, desde luego, parece claro que la conducta que describe Fernando Cuartero es un claro artificio o engaño mediante el cual sus autores obtienen algo de valor (la apariencia de legitimidad que adquieren al presumir de que la Universidad colaboraba con el montaje). Cosa que, por otra parte, no parece muy propia de personas educadas.


TERCERO.- La Magistrada, sin embargo, parece no haberse dado cuenta de este dato, sino que ha considerado que la expresión de "vulgares estafadores" se refería a la actividad que practican los organizadores del evento. Actividad que califica como "parapsicología", ante lo cual, por cierto, deberían ser los parapsicólogos los primeros que protestasen. La (triste) realidad es que el acto contaba incluso con una actuación mediúmnica a cargo de Marylin Rossner o la retransmisión del programa "Espacio en Blanco", con el que Radio Nacional demuestra que la basura mediática no es patrimonio exclusivo de las emisoras privadas. Vamos, que el espectáculo consistió fundamentalmente en la promoción de la creencia en los poderes ocultos de los médium, los contactos con el Más Allá y demás parafernalia esotérica.

Actividades sobre las cuales nuestra Justicia (con perdón) tiene también algo que decir. Como hemos comentado otras veces (por ejemplo aquí), para el Tribunal Supremo

Se considera que no existe estafa cuando el sujeto pasivo acude a médium, magos, poseedores de poderes ocultos, echadoras de cartas o de buenaventura o falsos adivinos, cuyas actividades no puedan considerarse como generadoras de un engaño socialmente admisible que origine o sean la base para una respuesta penal. 

Conviene aclarar que el Tribunal Supremo se refiere a que estos hechos no pueden considerarse como estafas en el sentido jurídico-penal del término. Pero no dejan por ello de ser engaños. De hecho, el Tribunal sigue diciendo que

En estos casos se considera que el engaño es tan burdo e inadmisible que resulta inidóneo para erigirse en el fundamento de un delito de estafa.

Así que volvamos al Diccionario de la RAE que maneja la Magistrada. Según la Jurisprudencia del Supremo, como hemos visto, estos hechos no constituyen delito de estafa, por lo que habría que desechar la segunda definición del término. Pero se trata, dice también el Supremo, de engaños, a los que por lo tanto sí podríamos calificar como "estafas" conforme a la primera definición del Diccionario. Solo que burdas. Vulgares, vamos.

En fin, que para el Tribunal Supremo estas actividades son, ejem, vulgares estafas.

De modo que, aunque la frasecita de marras no se hubiese referido al engaño concreto del que hablábamos antes, sino al timo, más abstracto aunque no menos real, que supone la promoción de estas supercherías (como parece creer la Magistrada), calificar a quienes lo llevan a cabo como vulgares estafadores sería algo absolutamente impecable. ¿O no?


CUARTO.- Hay aún otra consideración. Si bien según la Magistrada

(...) al proferir la expresión de "estafador" se está excediendo de la crítica al evento para pasar a menoscabar la fama y el honor de quien organizase el mismo. Siendo indiferente que el denunciado conociese o no al denunciante, lo cierto es que él fue quien realizó la petición en la Universidad para celebrar el evento, y quien, por tanto, se sintió aludido y ofendido ante las expresiones del denunciado.

Lo cierto es que el elemento subjetivo es en este caso de vital importancia. La tipificación penal de las injurias y calumnias busca proteger a las personas que sufran un ataque a su honor (entendido como imagen pública), pero para ello es imprescindible que la identidad de esas sea o bien conocida o, por lo menos, fácilmente identificable.

Y en este caso la cosa no está tan clara. La información sobre los organizadores del Seminario del año pasado no está disponible en la web, pero para la edición de este año se nos dice que la organización corre a cargo de una Asociación llamada "Rosa de los Vientos":


Por otra parte, según me comentan la factura emitida por la Universidad por el alquiler del paraninfo estaba a nombre de una empresa llamada Cineproad.

Quien no aparece, ni en uno ni en otro caso, es el querellante, Rafael Campillo Carreño. Que en su querella sí se identifica a sí mismo como organizador del evento, pero que, de serlo, se oculta tras esas asociaciones y empresas.

En esas circunstancias, francamente, se me hace difícil encontrar la conexión entre el ánimo de injuriar a alguien (que la Magistrada considera probado) y el hecho de que ese alguien sea, como suele decirse, conocido en su casa a las horas de comer, pero desde luego no por Fernando Cuartero, por el vicerrector al que dirigió su carta, o por la inmensa mayoría de quienes la pudieron leer tras su difusión en internet.


FALLO


En vista de lo cual la Magistrada dicta su fallo (no solo porque se llame así, sino también porque tiene toda la pinta de ser eso, un fallo).

Fallo que consiste en condenar a Fernando Cuartero a la desorbitada pena de... doce días de multa. Un total de doscientos cuatro euros que, como dicen los amigos de Amazings, lo mismo bien valen darse el gustazo.

Todo ello con la expresa reserva de acciones civiles. Es decir, que el querellante, a la vista del cariz que iba tomando la cosa (solicitaban una condena por delito y una indemnización de seis mil euros, y la Magistrada lo calificó como una simple falta, de modo que el precio del honor lesionado probablemente acabaría resultando bastante más bajo), decidió guardarse su reclamación de indemnización para otra ocasión. Si es que comete la imprudencia de lanzarse a ello.


VOTO PARTICULAR


Dicho todo lo cual conviene fijarse en un aspecto del caso que hemos tocado un poco de refilón: esto de los organizadores. Según parece, la organización de cara al público la lleva una asociación, de cara a los pagos la lleva una empresa, y en realidad (según propia confesión) la hace un señor. Todo ello en un seminario cuyos beneficios, nos aseguran, van a parar a causas benéficas, pero que en cualquier caso suponen mover una crecida cantidad de dinero.

Que, además, está sujeta a ciertas obligaciones. Si, por ejemplo, la asociación "Rosa de los vientos" es la organizadora del acto, y teniendo en cuenta que hay que pagar inscripción y que la misma no está reservada exclusivamente a sus socios, se supone (vamos, las leyes fiscales suponen) que la asociación debe de estar dada de alta en el censo del Impuesto de Actividades Económicas, declarar e ingresar a Hacienda el IVA de esas entradas y realizar la correspondiente declaración del Impuesto de Sociedades. Si la factura del paraninfo, como me han dicho, se emitió a nombre de una sociedad, esta empresa tendrá a su vez que justificar su relación con el acto, y no podrá desgravar el IVA de la factura ni contabilizarla como un gasto deducible salvo que mantenga algún tipo de relación comercial con la asociación "Rosa de los vientos", en cuyo caso también habrá tenido que emitir la correspondiente factura a dicha asociación. Y si todo ello, en realidad, lo organizó un señor por su cuenta, debería a su vez haberse dado de alta en el IVA y el IAE, así como en la Tesorería General de la Seguridad Social.

En cualquier caso, en el balance que la organización publicó tras el evento se hace constar que los beneficios fueron destinados íntegramente a dos organizaciones benéficas, lo cual está muy bien, pero no aparece ni la más mínima mención al cumplimiento de las obligaciones fiscales de los organizadores.

De modo que quizá para la Magistrada el organizador (¿en la sombra?) no merecía ser calificado como vulgar estafador. Pero a lo mejor el Ministerio de Hacienda opina otra cosa...



CODA


Dicho lo cual creo que no hará falta que aclare cuál es mi opinión sobre la Sentencia. Solo diré que, aun teniendo en cuenta que se trata de una cuestión muy compleja y en la que cada Juez y cada Sala de Audiencia tiene una opinión distinta, Fernando Cuartero hará ha hecho muy bien en recurrirla.

Pero no va a ser lo único. De momento les invito a unirse al grupo de apoyo al profesor Fernando Cuartero que se ha creado en Facebook, y que difundan en lo posible lo que ha ocurrido.

¡Ah!, y que permanezcan atentos a sus pantallas. Esta historia no ha hecho más que empezar, y creo que a los vendedores de misterios no les va a gustar nada cómo se va a ir desarrollando. Pero nada de nada.

2 de noviembre de 2010

¿Qué es la homeopatía?

Hay que reconocer que la situación de la lucha contra las pseudociencias ha cambiado radicalmente en los últimos años. No hace muchos años, por ejemplo, sería impensable que un manifiesto contra la pseudociencia en la Universidad reuniese más de tres mil firmas en cuatro días. Y si hasta hace muy poco era muy difícil encontrar en nuestro idioma información veraz y rigurosa sobre disciplinas pseudocientíficas como, por ejemplo, la homeopatía, hoy hay muchas y muy buenas páginas sobre ella.

Que es, precisamente el problema. No que sean muy buenas, claro, sino que son muchas. En Google, una pregunta tan simple como "¿Qué es la homeopatía?" arroja cientos de miles de resultados, pero la inmensa mayoría solo contienen propaganda, incluso por parte de grandes laboratorios o de curanderos supuestos terapeutas que la emplean y que, naturalmente, pretenden vender sus servicios.

Bueno, pues vamos a intentar darle la vuelta a la tortilla.


Qué es la homeopatía pretende ser, sencillamente, eso: una web en la que se expliquen de una forma rigurosa y científicamente correcta los fundamentos de la homeopatía, se aclare qué es y qué no es, se proporcione información veraz sobre la ausencia de resultados positivos en los ensayos científicos, se expliquen algunos de los motivos por los que en ocasiones parece funcionar, y se proporcione una selección de enlaces y recursos informativos básicos para entenderla. Todo ello de una forma simple y clara, y con la intención expresa de servir de referencia.

Servir de referencia en el más amplio sentido de la palabra: para quien quiera saber qué hay realmente detrás de todos esos milagros que nos prometen los seguidores de esta pseudoterapia, por un lado. Pero, no menos importante, para que todos los que de algún modo tratemos el tema de la homeopatía desde un punto de vista científico y escéptico podamos enlazarla, promocionarla y convertirla en un punto de paso obligado para cualquiera que, llevado por la curiosidad, se haga la dichosa pregunta de qué es la homeopatía.

De modo que esta entrada, como muchas otras que encontrarán hoy en la blogosfera hispana, no es solo la presentación de la web, sino sobre todo una invitación. A enriquecerla, claro, pero especialmente a enlazarla y citarla. Si nuestro objetivo es, lisa y llanamente, que quien contemple la posibilidad de recurrrir a este tipo de falsas terapias disponga de información adecuada acerca de lo que son realmente, no debemos dejar pasar esta oportunidad. Así que vamos con ello.