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14 de septiembre de 2011

Expertos confirman que los gatos negros son peligrosísimos.


Entrevistador: ¿Que opina usted de los gatos negros?

Experto: Que son peligrosísimos.

Entrevistador: ¿Pero tiene datos sobre eso?

Experto: Bueno, no, pero todos lo sabemos.

Entrevistador: ¿Y cómo lo saben?

Experto: Porque hay datos que lo demuestran.

Entrevistador: ¿Pero no dice que no tiene datos?

Experto: Bueno, aún no, pero vamos a realizar nuevos estudios y seguro que aparecen.

Entrevistador: ¿Es que hasta ahora no se han realizado estudios?

Experto: Sí, muchísimos. Un mogollón.

Entrevistador: ¿Y no son suficientes?

Experto: No, claro: aún no tenemos datos que confirmen que los gatos negros son peligrosos. Pero seguro que si hacemos muchos estudios tarde o temprano sonará la flauta.

Entrevistador: Pero entonces, ¿son peligrosos?

Experto: Muchísimo, oiga, muchísimo. Tan peligrosos como el agua de las piscinas. Se lo digo yo, que para algo me gano la vida haciendo informes sobre la peligrosidad de estas cosas y cómo prevenirla.

Entrevistador: Muchas gracias.

Experto: A tí, pardillo.


Nota del autor: Aunque pueda parecer que esta entrevista es una parodia de la que seguramente hizo el redactor de esta noticia de la Agencia EFE, no lo es. Al fin y al cabo, no creo que el experto entrevistado para la noticia dijera nada sobre el hecho de que, si realizamos muchísimas veces un estudio, en alguna de ellas tendrá que salir el resultado que queríamos, aunque sea por una simple casualidad estadística. Ni tampoco que, bueno, es un experto que vive de estas cosas, así que no se puede esperar que tire piedras a su propio tejado, ¿verdad?


Y en cuanto a los gatos negros... bueno, seguro que son tan peligrosos y cancerígenos como los teléfonos móviles. Y si no lo creen, lo dicho: denme tiempo y dinero para montar muchos estudios, y tarde o temprano daré con uno que lo confirme. Fijo. 




Y muchas gracias, Mauricio, por la información sobre lo de las piscinas. En otras circunstancias podríamos pensar que el tal Manolis es un paranoico, pero visto lo visto yo diría que simplemente es un sinvergüenza que se aprovecha del miedo que él mismo ayuda a sembrar. Mmmh... ¿de qué me sonará eso?

13 de septiembre de 2011

ABC y los malvados campos electromagnéticos



Hay personas a las que los extraterrestres controlan la mente. Ya, ya sé que eso no es verdad, pero ellos están absolutamente convencidos de que es así, y viven sumidos en el pánico ante la intrusión de los marcianos. Es una situación angustiosa, y supongo que a nadie sensato se le ocurriría que la forma de informar sobre este problema es dar la razón a estos enfermos y animarlos a que sigan usando sus gorros de papel de aluminio, ¿verdad?

Pues o yo me equivoco o en la redacción de ABC hace falta una buena inyección de sensatez, porque eso mismo es lo que han hecho al hablarnos de una dolencia similar a la de las víctimas de los hombrecillos verdes: el "Síndrome de hipersensibilidad electromagnética".



El artículo, cuyo título ya lo muestra como candidato a entrar de cabeza en Malaprensa, empieza muy fuerte:

No es todavía, o al menos según establece la Organización Mundial de Salud, una enfermedad con carácter oficial. 

Muy fuerte y sin dar una. Porque resulta que la Organización Mundial de la Salud sí que ha estudiado profusamente la "hipersensibilidad electromagnética" y la reconoce oficialmente... pero como enfermedad psicosomática. Y es que, aunque el artículo siga diciendo que

La ausencia de estudios impide conocer datos relativos al nivel de incidencia y los efectos sobre la salud de eso que algunos ya conocen y llaman «electrosensibilidad»

Lo cierto es que sí que existen esos estudios, y además son un puñado. Lo que ocurre es que sus resultados son abrumadores en el sentido de descartar que los pacientes sufran una verdadera sensibilidad a los campos electromagnéticos. En esta revisión, por ejemplo, concluye que

En resumen, la investigación reciente no indica que la calidad de vida en relación con la salud resulte afectada por la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia en nuestro entorno diario. Más aún, ninguno de los estudios muestra que los individuos que aseguran padecer hipersensibilidad electromagnética fuese más susceptible a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia que el resto de la población.

Conclusión que comparten revisiones sistemáticas como esta o esta otra, que se centra en los llamados "estudios de provocación", en los que los pacientes son sometidos a campos electromagnéticos sin que lo sepan, o bien creen estar sometidos a campos electromagnéticos sin que realmente lo estén. El resultado es bastante contundente: las personas supuestamente sensibles solo "notan" los campos electromagnéticos (o sufren los síntomas que dicen que les provocan esos campos) cuando creen que están siendo sometidos a ellos aunque no sea verdad, y no notan los campos ni sufren esos síntomas cuando creen que no están presentes, aunque sí lo estén.

Toda esta información, evidentemente, está al alcance de Inma Zamora, la firmante del artículo de ABC, pero por lo visto no se ha molestado en consultarla. ¿Para qué, si ya tenía a mano a los expertos?:


Expertos respecto a los cuales, por supuesto, la redactora tampoco parece haberse asesorado mucho. Una simple visita a su página web (a la que de hecho enlaza el artículo) ya nos muestra claramente por dónde van los tiros:



Vamos, que ABC ha ido a recabar información a una empresa cuyo negocio consiste en detectar esa contaminación peligrosísima y vender "soluciones" a los afectados, como las telas con las que se cubre la mujer del vídeo que ilustra la noticia, y que tanto recuerdan al gorrito de papel de aluminio.

Es el caso también de otro "experto", del que incluso se reconoce abiertamente que vive de eso:


Y también del doctor Fernández Solá, que según el oráculo de Google es especialista en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades dudosas o que ningún otro médico parece descubrir, y que repite la cantinela de que no hay estudios por culpa, cómo no, de la malvada industria:


La industria productora de campos electromagnéticos, se entiende. La otra, la productora de diagnósticos y protecciones de pacotilla en cambio debe ser buenísima, y de hecho se ha prestado a asesorar a la redactora de una forma totalmente desinteresada, ¿verdad?


ABC no es el primer medio que pica en esta historia del yo te diagnostico el peligro gordísimo que corres y te vendo el remedio para solucionarlo. Ni mucho menos. Incluso algún organismo público se ha tragado la historia con plumas y todo. Pero si los datos científicos demuestran que el único efecto nocivo comprobado que tienen esos campos electromagnéticos es el provocado por el miedo hacia ellos, creo (y no soy el único) que habría que pedir a los medios un poco más de responsabilidad a la hora de informar sobre estas cosas, ¿verdad?


P.S.: Por cierto, la foto del gorrito de aluminio proviene de este impresionante estudio que demuestra que el papel de aluminio no solo no protege de las ondas electromagnéticas, sino que amplifica algunas de ellas, poniendo a sus usuarios en manos de los gobiernos/extraterrestres/gobiernos y extraterrestres juntitos que pretendan usarlas para controlar sus procesos mentales. A ver si va a pasar lo mismo con los cachivaches que vende Geosanix...

21 de febrero de 2011

¡Pánico en las ondas!

Bueno, no. En realidad es "pánico a las ondas". Me refiero, claro, a la dosis de miedo que periódicamente nos meten en el cuerpo los medios de comunicación con el tema de los gatos negros las radiaciones electromagnéticas, y que esta vez, como nos cuenta Luis Alfonso Gámez, ha venido de la mano de XL Semanal, el dominical distribuido por los diarios del grupo Vocento.

El reportaje en cuestión, firmado por Francisco Javier Alonso, deja bastante claras sus intenciones desde su misma presentación: según la portada de la web,


La realidad es más bien la contraria: la literatura científica cuenta con varios miles de artículos sobre este tema (más de 25.000, según el propio reportaje), pero solo en unos pocos se asegura haber encontrado algún efecto nocivo. A pesar de ello el autor se las ha arreglado para dar con uno de ellos, sobre el que dice que

22 de agosto de 2010

El remedio homeopático de la semana (VIII): el teléfono móvil

Ya sabemos todos que uno de los grandes males de este mundo es la radiación electromagnética, especialmente la emitida por los teléfonos móviles, que es capaz de provocar en las personas expuestas a su maléfico influjo... bueno, mucho miedo. De hecho, las protestas que genera cualquier intento de instalar una antena de telefonía móvil solo son comparables a las que habría si de repente el barrio se quedase sin cobertura, y la presencia de este tipo de instalaciones desencadena terroríficas secuelas físicas en los habitantes de la zona. Y todo eso sin necesidad de enchufarlas siquiera.

En fin, que los teléfonos móviles son una cosa tan mala, malísima, que no sé cómo los venden sin cuernos ni rabo. Y menos mal que en alguna ciudad han tenido la precaución de obligar a sus fabricantes a advertir del nivel no ya de radiación, sino de radiactividad que emiten, que no es lo mismo pero suena aún más malo (al menos, para los de Europa Press, que ya sabemos el rigor que se gastan en estas cosas).

Pero como todos sabemos hay una rama de la pseudomedicina que no tiene el más mínimo problema a la hora de emplear con fines curativos las sustancias más peligrosas. De modo que aquí tienen, para solaz y pasmo de todos ustedes... (ahora tienen que ir a este enlace, pulsar el botón para potenciar el efecto dramático y volver rápidamente)

El remedio homeopático a base de teléfono móvil.


Pero vamos por partes. Probablemente al leer eso habrán pensado ustedes que el procedimiento de elaboración del mejunje empieza con algo como esto:


Para luego proceder a la dilución y sucusión del polvillo hasta que ya no quede ni, ejem, su recuerdo.

Pero no, la cosa es más sencilla. Como ya sabemos, para crear un producto homeopático no hace falta contar con un objeto físico, sino que puede hacerse simplemente con sus emanaciones, radiaciones o efluvios.  Bueno, y hasta sin ellos. De hecho, por lo visto incluso basta con escribir el nombre del remedio en un papelito y echarlo al agua para crearlo, lo cual sale ciertamente más barato que lo del vídeo. Pero bueno, también sale baratillo el método empleado, que consiste en lo siguiente:


Pedimos su colaboración a dos usuarios moderados de teléfonos móviles. Se entregó a cada uno de ellos una botella con cuatro gramos de lactosa adosada al teléfono móvil, y se tomó nota del número y la duración de las llamadas. También se les pidió que evitaran dejar el móvil y la lactosa adosada cerca de cualquier otra [fuente de] interferencia, como televisores, hornos microondas, etc.

Teléfono 1:
Modelo: Eriksson [sic] GH337
Digital
Operador: Cellnet
Exposición total a llamadas: 5 minutos.

Teléfono 2:
Modelo: Nokia 5.1
Digital
Operador: Orange
Exposición total a llamadas: 2 horas y 16 minutos.

Se mezclaron cantidades iguales del polvo de lactosa expuesto y se trituraron hasta 3C de acuerdo con las notas a pie de página del parágrafo 270 de la sexta edición del Organon. Se continuó la potentización en forma líquida hasta 30C.


Y a continuación se llevó a cabo la


¿Que qué es eso de "proving"? Pues como su nombre indica se trata de un ensayo, consistente en la ingestión de la sustancia original (o del remedio preparado con ella) por una serie de voluntarios sanos para observar el efecto que produce en ellos. Solo que, evidentemente, no es un ensayo normal, sino homeopático, de modo que se concentra no tanto en los efectos físicos (que como pueden imaginar son psicosomáticos o puramente inexistentes) sino en los "mentales": emociones, pensamientos que les vienen a la cabeza o incluso sueños, que son alegremente atribuidos al espíritu terapéutico del remedio.

Y, por cierto, si al leer eso de que se trata de observar los efectos que produce el remedio en individuos sanos les ha venido a la cabeza alguna de las excusas que los homeópatas esgrimieron para intentar justificar el "fracaso" de nuestro placebocidio... bueno, es que tienen buena memoria.

Sea como sea, aquellas "experiencias", debidamente recopiladas y sistematizadas (también a la peculiar manera de la homeopatía, claro) permiten elaborar una serie de "indicaciones terapéuticas" del potingue. Todo lo cual se reúne en un bonito documento que, sorprendentemente, no pretende en absoluto hacer reír.

Aunque en casos como este lo logre plenamente.

Y como el documento original, además de tratarse de un archivo de Word, está en inglés y cuenta con nada menos que cincuenta páginas, me limitaré a hacerles un rápido resumen. Aunque, claro, si tienen ustedes espíritu masoquista curiosidad, siempre pueden descargárselo aquí.

Pero vamos al grano. Según el escalofriante testimonio de las sujetos de prueba (que eran todas mujeres), el remedio despeja la mente y fortalece el intelecto:


Siento una gran claridad mental en el trabajo esta mañana.

Conduciendo a casa desde el trabajo vi un pueblo que nunca había notado antes.

Me siento alerta y responsable al despertarme.


O no:


Encuentro muy difícil concentrarme. Tecleo mal, y encuentro dificultades para pulsar las teclas correctas.

He llamado a mi supervisor. Me ha costado mucho encontrar las teclas de los números que tenía que marcar. He tenido que recitarlos en voz alta.

Confusa. He llamado "coliflor" a un pepino.

De hecho, el remedio puede producir despiste y torpeza incluso antes de empezar a tomarlo:

A punto de tomar el remedio. Pánico momentáneo: ¿dónde está el remedio? Encuentro la botella, quito la tapa. Los gránulos están atascados y no puedo sacarlos de la botella. 

Pero no todo van a ser malas noticias. Por ejemplo, el remedio mejora el humor:

Durante el almuerzo he tenido un ataque de risa, que se convirtió en una sucesión de risitas que no pude controlar. 

Risa tonta. ¡Es todo tan divertido! 

O no:

Me he vuelto muy sensible y un poco llorona.

Me he sentido muy deprimida esta tarde, con ánimo casi suicida, pero mejor por la noche y tras tomar alcohol. 

De hecho, incluso puede volver a las pacientes más hurañas y gruñonas:

Fin de semana del college. Me he encontrado yéndome a la fila del fondo, en apariencia para apartarme del sol, pero en parte porque quería esconderme.

Conforme avanzaba el fin de semana me sentía más y más en mi propio planeta. Me sentía muy sola.

Y hasta racistas:

Sentimientos de intenso odio hacia las razas [distintas a la suya, claro] y los extranjeros. No era cosa de su color, simplemente me disgustaba todo. 

O no:

Me siento más preparada de lo normal para expresar mis opiniones.

Siento más confianza en mí misma. Cuando hablo con gente de fuera de mi familia siento que estoy diciendo las cosas que debo decir en lugar de comentarios tontos. Estoy disfrutando de esta sensación.

Al marcharme de la fiesta besé y abracé a esa mujer con la que solo había intercambiado cuatro o cinco frases, a pesar de que había allí muchas personas a las que conozco mejor. Me he dado cuenta de que necesito conectar con la gente, comunicarme a un nivel más significativo.

 Y claro, con tanta necesidad de comunicación no es raro que pasen cosas como que

Sigo teniendo destellos visuales de axones y dendritas [sic], y un gran teléfono marrón colocado en un ángulo de 45 grados. Hay un montón de botones, y sé que he grabado en él todos los números de teléfono de la gente que conozco, y me da miedo pensar que se borren.

Las pacientes se sienten irritables:


Gran estallido de cólera esta mañana. He lanzado platos contra la pared. Estaba fuera de mí por la rabia. 

O no:

Me siento muy calmada con mis niños. Muy bonito. Solo puedo describirlo como calma y autoconfianza, como si tuviera más control sobre mí.

 El remedio causa retraso en la regla:


El mes empezó ocho días tarde.

O no:

El período se adelantó seis días.

Dolores musculares:

Siento un extraño dolor agudo en mi pierna derecha, justo sobre la rodilla, en el músculo.

O no:

He notado que el músculo de mi pantorrilla izquierda ya no me duele. Me dolía desde 1984. 

Y, en fin, pérdida de sueño:

Conseguir dormir resultó muy difícil. No me siento muy descansada esta mañana.

O no:

Dormí increíblemente bien anoche, muy profundamente. Me siento razonablemente descansada. 


Como recordarán, según los principios de la homeopatía el remedio cura en un enfermo los mismos síntomas que produce en una persona sana. De modo que si experimenta usted alguno de aquellos síntomas, o de estos otros:


Me lavé los dientes en el cuarto de baño equivocado.

Me siento muy consciente de la forma de mi cabeza.

Extraña sensación en el molar inferior izquierdo.

Me pica un punto de la piel, en la zona de las costillas inferiores, a la derecha, tras darme una ducha caliente.

He tenido ganas de tomar cohcolate recientemente, cosa que no suele pasarme.

He notado que mi orina tiene más color de mermelada [sic] que lo habitual.

O no:

Algo está mal pero no sé qué.

O incluso si experimenta otros, ejem, "síntomas":

Siento la sensación de que no quiero seguir estando constreñida o ligada legalmente a otra persona.

Ya sabe: los puede solucionar con un poco de radiación de teléfono móvil a 30C.

O no:

Le conté a mi marido lo que estaba pasando y los síntomas desaparecieron.

 ¡Dos sorbos de vino tinto y todos los síntomas de la cabeza han mejorado!


Nota: Conocí este "ensayo", por llamarlo de alguna manera, gracias a Rob Hinkley. En cuanto a la idea, también por llamarla de alguna manera, de crear remedios homeopáticos escribiendo el nombre en un papel y echándolo al agua, me facilitó el enlace Kash Farooq, que por cierto también está realizando su propia recopilación de remedios estrafalarios. Visiten sus blogs, que merece la pena.

11 de junio de 2007

Antología del terror electromagnético (2)

A propósito de esto. Y de esto, o de esto...

(Cortesía de Jesus and Mo. Devuélvales el favor visitándoles; merece la pena).

4 de junio de 2007

Antología del terror electromagnético

Si algún día se escribiera una antología de los relatos que buscan meternos miedo con eso de los campos electromagnéticos... bueno, no, no creo que los artículos que firmaba ayer Solange Vázquez en El Correo ocupen un lugar destacado. Pero no será por falta de intención, vamos.

Y es que miedo, lo que se dice miedo, no consiguen meter mucho, pero lo intentan, vaya. Y con ganas.

Y si no fíjense ustedes en el título del primero de ellos: "Fugitivos de las ondas", nada menos. Titular que sirve de presentación a la historia de varios enfermos de la llamada "hipersensibilidad electromagnética", dolencia que les ataca cuando se encuentran en presencia de luces fluorescentes, hornos microondas, líneas de alta tensión y, por supuesto (¿cómo iba a faltar el Coco Malo a la cita?) teléfonos móviles.

En honor a la verdad, Solange Vázquez nos recuerda en su artículo que la cosa no está del todo clara. En concreto dice que

[La OMS destaca que]«la mayoría» de los estudios no ha alcanzado la evidencia científica de que los 'hipersensibles' reaccionen al ser expuestos a ondas. «Yo no tengo ninguna duda de que los síntomas son reales, pero no parecen relacionados con los campos electromagnéticos. Nadie sabe qué demostrarán futuras investigaciones», declaró a este periódico el profesor Anders Ahlbom, del Instituto Karolinska sueco, institución que participa en la elección de los Nobel de Medicina. Por su parte, Joseba Zubia, catedrático de Comunicaciones Ópticas de la Universidad del País Vasco, cree que «la gente se sugestiona» y atribuye su enfermedad «al miedo» que desde siempre ha generado la irrupción de nuevas tecnologías.


La pena es que a continuación eche por tierra esa precaución para contarnos que

Otros expertos, en cambio, sostienen que hay personas especialmente sensibles a los campos electromagnéticos -formados por radiaciones de la telefonía móvil, el Wi-Fi y las líneas de alta tensión, así como las emisiones de aparatos y electrodomésticos- que se han convertido en auténticas 'antenas humanas' y sufren los efectos de las ondas. Ni siquiera a nivel geográfico existe el mínimo atisbo de consenso: mientras que en España aún no se ha reconocido legalmente esta dolencia, en países como Suecia, Suiza, Italia, Rusia, China, Nueva Zelanda y Bélgica han legislado medidas preventivas. Así, la electrosensibilidad está reconocida en Suecia como enfermedad orgánica incapacitante
.

De hecho, para el doctor Fernández Sola, citado también en el artículo, la explicación de que sólo unas pocas personas padezcan esta enfermedad se encuentra en que

«(...) no todo el mundo aguanta igual las cosas -matiza Fernández Solá-. El número de campos electromagnéticos ha aumentado mucho en los últimos años, lo que ha propiciado que aparezcan casos de hipersensibilidad, cuyos síntomas son parecidos al resto de las alergias: irritaciones cutáneas, de garganta, de piel, problemas respiratorios, náuseas, vómitos, diarrea Y, en ocasiones, migrañas, insomnio, incluso fibromialgia y fenómenos neurológicos más graves. Por ejemplo, hay afectados que pasan por debajo de una línea de alta tensión y se desorientan totalmente».


En definitiva, se trata de una enfermedad real y con unos terribles efectos que los afectados -cuyos testimonios ocupan la mayor parte del artículo- y diversos expertos -citados en este y los otros escritos de Solange Vázquez, como veremos- se encargan de atribuir con poco margen para la duda a los campos electromagnéticos.

Lo cual, a la vista de los datos que existen sobre la enfermedad, no es cierto.

Vamos por partes. La hipersensibilidad a los campos electromagnéticos existe, ciertamente, como enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud. Sus síntomas son, como dice la propia OMS, bastante inespecíficos, aunque por lo general quienes la padecen hablan de fatiga y estrés, dolores de cabeza, comezón en la piel, pérdidas de memoria o insomnio. Y en los casos considerados severos, sin duda puede hacer la vida imposible a las personas que la padecen. De modo que hasta ahí el artículo de Solange Vázquez va bien.

Sólo hasta ahí, porque lo curioso de esta enfermedad es que todo indica que no la causan los campos electromagnéticos.

Se han realizado ya unos cuantos estudios clínicos sobre la enfermedad. Algunos bastante importantes, con varios centenares de pacientes. En algunos se ha sometido a los pacientes a campos electromagnéticos sin que ellos lo supieran, para comprobar si experimentaban un empeoramiento de sus síntomas. En otros se ha procedido al revés: se les ha hecho creer que se les estaba sometiendo a un campo electromagnético "de pega" (por ejemplo, mediante un teléfono móvil simulado), para ver qué pasaba. Y los resultados son demoledores: los teléfonos móviles de pacotilla hacen que los enfermos empeoren notablemente, mientras que los campos electromagnéticos reales, pero emitidos sin que lo sepan los pacientes, no producen absolutamente ningún efecto. Sólo en algunos, muy pocos casos se ha podido determinar una causa real, aunque sin relación con los campos electromagnéticos: al parecer a algunas personas el parpadeo de los tubos fluorescentes o las bombillas de corriente alterna puede llegar a causarles dolores de cabeza. Pero en la mayoría de las ocasiones la enfermedad es real, sí, pero sus causas son pura y simplemente psicosomáticas.

O dicho de otro modo: lo que causa la hipersensibilidad electromagnética no son los campos electromagnéticos, sino el miedo a los campos electromagnéticos.

Miedo fomentado por artículos como los de Solange Vázquez, que en otra de sus columnas (la titulada "Mejor con construcción sostenible" vuelve a asustarnos con la relación entre la lipoatrofia circular, una enfermedad benigna detectada a numerosos trabajadores de grandes empresas (curiosamente, las más afectadas son catalanas: Gas Natural y La Caixa) y que la periodista relaciona sin dudarlo con el llamado "síndrome del edificio enfermo". Dice esta mujer que

El concepto de construcción sostenible, que propone la creación de edificios ecológicos, hechos con materiales reciclados y que protejan en la medida de lo posible a sus habitantes, empieza a ganar peso. Tomas de tierra adecuadamente instaladas y el uso de materiales aislantes y ligeros, por ejemplo, pueden hacer que una persona aquejada de electrosensibilidad sienta síntomas menos acusados. (...)

Es lo que ocurrió a principios de año en la sede de Gas Natural de Barcelona, un flamante edificio recién estrenado que tuvo que ser desalojado temporalmente porque 150 empleados, casi todas mujeres, enfermaron de lipoatrofia semicircular, una extraña dolencia que se manifiesta con una pérdida de tejido graso en la zona superior de los muslos. Esta patología, cuyas causas no están claras, parece estar relacionada con las cargas electrostáticas intensificadas por un mobiliario de materiales inadecuados y por un índice de humedad incorrecto.

Este es el caso de 'edificio enfermo' más llamativo que se ha dado en España en los últimos tiempos, un fenómeno que sobre todo se detecta en construcciones modernas y en lugares donde hay gran cantidad de artefactos tecnológicos, como las sedes de radio y televisión (...).


Tan terrorífico como lo de la hipersensibilidad... y tan erróneo. La lipoatrofia semicircular, de nuevo, es también una enfermedad real. Pero si bien sus causas aún no han sido identificadas con toda seguridad, todo apunta a que su relación con los campos electromagnéticos sólo existe en la imaginación de personas como Solange Vázquez y otros escritores de cuentos de terror. Según parece, la causa más probable de esta enfermedad son microtraumas, pequeños golpes contra el mobiliario. El hecho de que se dé sobre todo en mujeres que trabajan en oficinas obedece a la combinación de factores como el uso de minifaldas y la altura estratégica a la que están colocados los cantos de los escritorios. Y bueno, yo reconozco que ante este panorama prefiero con mucho que se adopten medidas preventivas respecto a los escritorios y no con relación a las minifaldas, pero en todo caso la solución parece ir por ahí, en lugar de ponerse a contratar a algún experto en limpiar la oficina de los malos espíritus... digo, de los malvados campos electromagnéticos.

Experto como el que cita Solange Vázquez en su tercer artículo, "«La electropolución es la plaga del siglo XXI»", que consiste en una entrevista a Carlos M. Requejo, a quien presenta como

uno los pocos expertos en domoterapia -disciplina que estudia los edificios 'enfermos'- que hay en España


Carlos Requejo es responsable de la empresa JCC Gabinete de Asesoría y proyectos de calidad ambiental S.L., nombre larguísimo que abrevian denominándose simplemente "Domótica". Empresa que en su página web nos ofrece asesoría sobre los males de la contaminación electromagnética, la bioconstrucción, la calidad ambiental o la domobiótica, disciplina cuyo carácter científico podemos evaluar si tenemos en cuenta que entre otros aspectos incluye el asesoramiento sobre Feng-shui o geobiología. Vamos, que sólo le falta vender camas piramidales para copar todo el mercado magufo-doméstico.

Así que, en esa línea, Carlos Requejo nos informa cumplidamente de que

Existe algún riesgo con todos los aparatos electrodomésticos, pero, generalmente, son los emisores de microondas digitales, usados en telecomunicaciones, como el teléfono móvil GSM, el inalámbrico tipo DECT, y las redes inalábricas, como Wi-Fi y 'Wi-Max', que en contra de los derechos constitucionales invaden nuestro cuerpo, nuestro cerebro ¿Y la intimidad inviolable del domicilio privado!

Advirtiéndonos además que no nos confiemos: aunque aún no hayamos desarrollado los síntomas de la temible hipersensibilidad electromagnética,

Todos somos sensibles al electromagnetismo en mayor o menor grado, sólo que los casos diagnosticados como electrosensibles son la avanzadilla y muestran síntomas agudos a corto plazo. Pero, si la exposición a estos campos se hace crónica y habitual, acabaremos todos desarrollando síntomas. Por eso se dice que la electropolución es la plaga del siglo XXI.


En fin, ¿ven como no les engañaba cuando calificaba estos artículos como relatos de terror? Un terror irracional, basado en la ignorancia, pero terror, al fin y al cabo. Y tan grave que, en una especie de bucle, puede llegar a producir esa enfermedad real sobre la que supuestamente nos está advirtiendo, y cuya causa son artículos de este tipo.

En fin, como se pueden imaginar, desde el Círculo Escéptico ya hemos enviado una carta al periódico protestando por este ejemplo de mala información periodística, y por supuesto invitamos a quien lo desee a enviar la suya. Al fin y al cabo, en este caso no nos encontramos solamente ante la típica magufada periodística, la habitual historieta sobre Nessie o el Yeti, sino ante algo mucho más grave: la irresponsabilidad que supone fomentar un miedo que puede hacer que las personas más susceptibles lleguen a enfermar... de miedo.

23 de abril de 2007

Gatos negros


Seguro que en su municipio también pasa. Fíjese usted bien, ahora que estamos en campaña electoral: ¿a que algún partido ha pedido que se prohiban los gatos negros? ¿O, al menos, que se restrinja su presencia en las calles? Por la zona donde yo vivo, partidos aparentemente serios...

[Bueno, ya sé que todos los partidos son aparentemente serios, y que todos son serios sólo aparentemente, pero me refiero a que el disparate no viene del Partido del Mutuo Apoyo Romántico, el Partido de la Gente, el Grupo Político Honradez Absoluta Española, el Partido del Karma Democrático o la Alianza para el Desarrollo y la Naturaleza, por citar algunos grupos que no sólo existen realmente, sino que hasta consiguen algún que otro voto cuando se presentan a las elecciones. De verdad, que no me lo estoy inventando.]

Decía que por la zona donde yo vivo, partidos aparentemente serios han propuesto que se elabore un censo de gatos negros presentes en las poblaciones, que se impida que se instalen en ellas nuevos gatos negros, y hasta que se eliminen todos los que existan dentro del casco urbano, tolerándolos sólo en las montañas de los alrededores.

Incluso hay quien ha pedido que su pueblo sea declarado "zona libre de gatos negros", nada menos.

Y es que mucha gente comparte esa antigua superstición según la cual los gatos negros son terriblemente pelibrosos para la salud. De hecho muchos creen que de los gatos negros emanan unos efluvios que producen terribles efectos en las personas situadas en sus proximidades.

Y como suele ocurrir, la superstición es apoyada por los medios de comunicación. Cada dos por tres la prensa nos relata casos en los que los habitantes de un bloque de casas de Villaconejos de Arriba en el que se ha instalado un gato negro padecen una tasa inusualmente alta de enfermedades. Claro, si uno se fija mucho en la noticia se da cuenta de que las enfermedades en cuestión son tan heterogéneas que van desde diversos tipos de cáncer a jaquecas sin una causa concreta, pasando por casos de reúma o hipertensión. Por regla general, las noticias no aportan ningún dato que permita comprobar si en efecto la incidencia de estas enfermedades es mayor o menor que dos manzanas más allá, o si los enfermos las han contraído verdaderamente después de instalarse allí el gato negro. Pero esta escasez de detalles importantes contrasta con la profusión de tonterías que los inevitables "expertos" de turno nos contarán acerca de los campos emitidos por los gatos negros y sus consecuencias biológicas.

Claro, al final lo único que consiguen con todo eso es, en el mejor de los casos, añadir a la preocupación de los enfermos por sus enfermedades la angustia de creer que la causa de sus males sigue instalada en su azotea. En el mejor de los casos, porque en el peor -que de verdad haya una incidencia anormalmente alta de alguna enfermedad en el lugar- los numeritos sobre los gatos negros pueden dificultar la investigación para encontrar la verdadera causa del esa incidencia anormal.

Pero sea como sea, este tipo de supersticiones sigue tan extendida que, como comentábamos, muchos partidos políticos añaden en sus programas las correspondientes propuestas para limitar, prohibir e incluso erradicar a los... los...

¿He dicho "gatos negros"? Ah, perdón: quería decir "repetidores de telefonía móvil".

Aunque creo que se entiende bien, ¿no?

12 de marzo de 2007

Electromagnetismo judicial

Cuenta Mauricio-José Schwarz, en versos que valen bien su prosa, la historieta de cómo "Caiga quien Caiga" cayó en las tonterías de la Fundación GEA sobre la telefonía celular. Y cuenta también cómo "Caiga quien Caiga" calló ante su protesta.

Poco más hay que decir sobre el tema que lo que él ya cuenta. Pero como últimamente este blog está bastante judicializado (cosas del exceso de trabajo), no me resisto a poner un par de granitos de arena... pues eso, judiciales.

El primero es un párrafo extraido de la Sentencia de ocho de febrero de 2002 dictada por el Juzgado de Primera Instancia número Dos de Murcia, en relación con la reclamación de una Comunidad de Propietarios frente a la empresa Iberdrola por la existencia en el edificio de un transformador que, según los demandantes, provocaba un "exceso de contaminación electromagnética" que representaba un riesgo para la salud de los vecinos.

En el procedimiento, como no podía ser menos, apareció la Fundación GEA representada por su presidente, Raúl de la Rosa, si bien esta vez comparecía como perito autor de un informe elaborado por la empresa "Integralia, S.L.". Informe en el que, por supuesto, se aportaban toda clase de datos sobre la maléfica influencia de los campos electromagnéticos en general, y de los emanados por el infernal transformador, en particular.

Iberdrola, por su parte, presentó un plantel de destacados científicos que desmontaron sin piedad el informe de Raúl de la Rosa. Tan sin piedad que la Juez del caso creyó conveniente reproducir algunas de las valoraciones que les merecían tanto el informe como su autor. Reproduzco el parrafito:

En su informe el Sr. Hernando rebate asimismo las conclusiones del Documento nº 3 de la demanda emitido por la sociedad “Integralia, S.L.” de la que es gerente e1 Sr. de la Rosa Martínez indicando que se basan en los aparentes resultados de unos pocos y antiguos trabajos. La epidemiología solamente contempla los resultados del denominado informe Karolínska de 1992. Se omite toda la información relativa a cientos de trabajos posteriores con resultados tan distintos que han permitido concluir lo reseñado en las recomendaciones del Consejo de la Unión Europea y en el Real Decreto 1066/2001 de 28 de septiembre de 2001. El mal llamado informe Karolinska -en el documento se considera exclusivamente e1 informe de María Feychiting y Anders Ahlbom y no fue suscrito institucionalmente por el Hospital- contenía un estudio epidemiológico, publicado en 1992, parecía indicar una tendencia a1 incremento de la frecuencia de la leucemia infantil en niños que vivían próximos a las líneas de transmisión de alta tensión, comprobándose inmediatamente que no existía relación entre la intensidad de campo que soportaban en media los niños y la frecuencia de la enfermedad. Desde entonces hasta hoy -sigue indicando el Sr. Hernando- cientos de estudios más completos y profundamente elaborados, tanto epidemiológicos como de laboratorio, han indicado lo contrario. Los resultados de las múltiples experiencias epidemiológicas posteriores, incluidos los derivados del “Informe Karolinska” han sido seriamente evaluados por la comunidad científica multidisciplinar representada por Academias de Ciencias, las revistas más prestigiosas internacionales de Medicina, las Comisiones de expertos nombradas por los Gobiernos y el Consejo de la Unión Europea, e Instituciones Científicas -el Consejo Superior de investigaciones Científicas o el CIEMAT en España—, siendo conclusión común de estos organismos e instituciones científicas e1 ya mencionado de que “No existe evidencia de que los campos electromagnéticos de, 50 herzios de frecuencia, e intensidad inferior a 100 microteslas o 100.000 nanoteslas produzcan efectos nocivos sobre la salud.”; igualmente cuestiona la mención que se hace en el informe de “Integralia, S.L.” a los resultados de un trabajo experimental llevado a cabo en el Hospital Ramón y Caja como investigación realizada sobre embriones de pollo que condujo a algunas conclusiones parciales que de acuerdo con la comunidad científica no pueden extrapolarse de ninguna manera a embriones humanos; que además en su informe el Sr. de la Rosa alude a estudios que él mismo ha realizado sobre ratones expuestos a campos en la Facultad de Biológicas de Valencia, que rechaza por carecer de referencias sobre observaciones experimentales. Es por tanto concluye el Sr. Hernando, aludiendo al informe de “Integralia, S.L.” ratificado por el Sr. de la Rosa y que sustenta la pretensión actora, un Informe, anticuado, incompleto y consecuentemente en clara oposición con la opinión de la Comunidad Científica (dejando aquí constancia por su importancia en el caso que nos ocupa al estar aludiendo de manera reiterada a la comunidad científica y por tanto sin otra pretensión, que el Sr. de la Rosa que como declaró en trámite de diligencias finales no es físico, ni médico, ni biólogo, habiendo realizado estudios universitarios a nivel de filosofía, añadiendo que lleva bastantes años trabajando en el campo del electromagnetismo, y que ha dado clases en universidades -que no identificó— en este campo como experto, y realizado trabajos de biología en la importancia de los contenidos de los documentos aportados por la parte actora en trámite de audiencia previa aludiendo que carecen de rigor científico.


Por cierto, si alguien tiene curiosidad por saber quién es este "Sr. Hernando", puede consultarlo aquí. En cuanto a Raúl de la Rosa, bueno, si atendemos a lo que nos cuenta el Sr. Hernando, podemos decir de él aquello que decían Les Luthiers: "realizó estudios..."