Ocurrió el pasado cuatro de febrero. Mi amigo Guillermo y yo íbamos camino de Zaragoza, donde al día siguiente nos tomaríamos una terrible sobredosis de un sedante que finalmente nos produjo, como esperábamos, un sabor empalagoso en la boca (para que luego digan que la homeopatía no produce efectos adversos). Ya era prácticamente de noche, y acabábamos de tomar la Autovía Mudéjar desde Sagunto, cuando apareció frente a nosotros un coche situado en sentido contrario a la marcha, en nuestro carril izquierdo.
El vehículo se habia parado y estaba haciendo luces, así que al menos se había dado cuenta de la situación, pero no dejaba de ser un peligro. Así que mi compañero de viaje llamó inmediatamente al 112, hablando con un operador que le dijo que ya habían recibido varios avisos y que la Guardia Civil de Tráfico se encontraba en camino.
Puede parecer que aquello fue una anécdota sin importancia (hasta donde he podido averiguar no ocurrió ningún accidente, afortunadamente). Sin embargo, contagiado del espíritu de algunos de los comentaristas de este y otros blogs críticos con las pseudociencias en general y las pseudomedicinas en particular, creo que merece la pena hacer un análisis más detallado del incidente, y en concreto de la llamada al 112.
Para empezar, si recapitulamos lo sucedido nos daremos cuenta de que no nos pasó nada. Sí, vimos el coche y nos dio un buen susto, pero pudimos continuar el viaje sin más inconvenientes que el descubrimiento de que entre Teruel y Zaragoza la autovía no cuenta con ninguna área de servicio en la que tomarse un café o echar un pis. De modo que, ¿por qué llamó Guillermo al 112, si no tenía ningún interés personal en el asunto? ¿Estaría a sueldo de... no sé, las compañías de seguros del ramo del automóvil? Y no, no se rían: la pregunta es estúpida, por supuesto, pero también lo es la acusación de que criticamos a la homeopatía porque estamos a sueldo de las industrias farmacéuticas (de las no homeopáticas, claro; bueno, y de Merck tampoco), y basta con echar un vistazo a los comentarios de este o cualquier otro blog crítico para ver que es una afirmación bastante corriente.
Como lo es decir que la medicina "alopática" causa más víctimas que las "terapias alternativas" que criticamos. Lo cual es cierto, sí. Igual de cierto que el hecho de que la conducción en sentido reglamentario causa más víctimas que los conductores suicidas. Lo que ocurre es, sencillamente, que en ninguno de los dos casos son magnitudes comparables: hay muchos menos conductores circulando en sentido contrario que en sentido correcto, suelen recorrer menos kilómetros (porque se dan cuenta del error y logran dar la vuelta, porque interviene la Guardia Civil de Tráfico o, en fin, porque su recorrido acaba en accidente) y frecuentemente ocurren a horas y en lugares de escaso tráfico. Pero la cosa cambia si hacemos la comparación caso por caso: conducir en sentido contrario es muchísimo más peligroso que hacerlo en sentido correcto, al igual que confiar el tratamiento de una enfermedad real a una terapia ineficaz (y a veces hasta potencialmente nociva) es mucho más peligroso que acudir a otra con criterio científico.
También podríamos criticar al pobre Guillermo (vale, mañana te pago un café) por su falta de respeto a "otras formas de entender la circulación". Igual que muchos creyentes no soportan que tengamos la osadía de criticar "otras formas de entender la medicina", "la biología", "la existencia", "la ciencia" o lo que sea, sencillamente porque esas "otras formas" sean una completa majadería. O porque sean peligrosas: recuerden si no las reacciones de los antivacunas cuando alguien intenta explicarles que lo que hacen es un verdadero disparate. Por mucho que digan que lo hacen en nombre de "la libertad", como quizá podría también argumentar el anónimo conductor suicida.
Y, ya puestos, hasta podríamos decir que Guillermo no tiene ni puta idea de conducción, que es otra acusación la mar de socorrida en estas ocasiones, y que no necesita más explicación. La acusación, digo: los que la emplean jamás se rebajarán a explicarnos por qué opinan que no tenemos ni puta idea, probablemente porque si lo hicieran dejarían claro que, en realidad, los ignorantes son ellos. Descubrir que un vehículo circula por el carril contrario no requiere grandes conocimientos, la verdad, pero las críticas a las pseudociencias que podemos encontrar en muchas webs y blogs escépticas demuestran que sus autores suelen conocerlas más y mejor que los propios creyentes. Cosa que, bien pensada, tampoco resulta tan extraña, ¿verdad?
Se podría decir también que Guillermo intentaba ocultar lo que en realidad era el aterrizaje de una nave procedente de Ganímedes (sí, con el acento cambiado, que es el uso aceptado en ufología) achacándolo a un fenómeno mundano y trivial, como un coche en sentido contrario a la marcha. Y antes de reírse echen un vistazo a las críticas que recibe Juan Carlos Victorio cada vez que explica que si un testigo afirmó ver un ovni donde estaba en ese momento la luna llena, pero no vio la luna llena, probablemente lo que viera fuese... exacto, la luna lunera y cascabelera.
Y se podría decir, en fin, que la llamada de Guillermo, o mi relato de los hechos, o este blog o, en fin, la realidad misma que nos rodea, no es más que una parte de una elaborada trama montada por el gobierno extraterrestre reptiliano que domina el mundo y blablabla. De lo cual no les pongo enlaces a modo de ejemplo por respeto a su salud mental; la de los autores de los enlaces hace tiempo que dejó de existir.
Vamos, que se podrían decir muchas cosas. Y también se podría decir que Guillermo llamó al 112 por simple civismo, igual que él y yo, junto con varios cientos de personas de todo el mundo, nos tomamos una sobredosis homeopática simplemente porque queremos llamar la atención sobre el hecho de que la homeopatía es, en el mejor de los casos, un timo, y en el peor un timo que puede llegar a ser mortal. O que critiquemos a las pseudociencias y a las supersticiones sencillamente porque nos parece lo correcto, sin necesidad de buscarle al gato más pies de los que realmente tiene.
Dicho sea con todo el respeto que nos merecen quienes consideran que tanto la cantidad de pies que tiene un gato como cualquier otro dato objetivamente verificable que podamos imaginar es, en realidad, una cuestión opinable que hay que examinar con la mente abierta a nuevos paradigmas. O sea, ninguno.
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16 de febrero de 2011
La llamada al 112
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21 de septiembre de 2010
Lucecitas en el cielo
Reconozco que la noticia me saltó a la cara como... bueno, como algo que te salta a la cara. La portada de la edición web de ABC la publicaba tan solo en un recuadrito, pero era suficiente como para llamar la atención:
En el interior, el reportaje publicaba una segunda fotografía,
y contaba que
Precisamente fue eso último lo que más me llamó, que captase las fotos sin telescopio. ¿Es eso posible?
Pues más bien no. Y vamos a verlo con los datos que proporciona el propio artículo, sin ir más lejos.
Dice el texto que
No nos complicaremos mucho y utilizaremos la técnica del "cálculo del reverso de sobre". Tal que así:
Como ven el sobre no deja mucho espacio disponible, pero tampoco hace falta demasiado. De hecho, para empezar basta con un par de reglas de tres. Según la mayor de las estimaciones que cita el periódico, el asteroide tendría 14 metros de diámetro. Por otra parte, se encontraba a 79 000 Km de distancia. Haciendo unos numeritos
Lo que ha conseguido este señor equivaldría a fotografiar un disco de 14 mm de diámetro a... ¡79 Km de distancia! Para que se hagan una idea, un céntimo de euro mide algo más de 16 mm de diámetro. No hace falta tener muchas luces para darse cuenta de que semejante proeza es sencillamente imposible, ¿verdad?
En fin, que ni siquiera hemos necesitado el poco espacio libre que nos dejaba el sobre para darnos cuenta de que la noticia es un disparate. Pero, ya que lo tenemos, vamos a seguir.
Podemos verlo de otra manera. Una fotografía capaz de captar un objeto de 14 metros a 79 000 Km de distancia, ¿qué podría captar sobre la superficie de la luna? Haciendo de nuevo unos cálculos (y redondeando para no echar mano de la calculadora) tenemos que
¿Es posible desde La Tierra resolver objetos de 70 m situados sobre la superficie lunar? Una primera aproximación a la cuestión nos dice que no. Por ejemplo, observen esta foto:
Fue captada a través de un telescopio (de hecho, con la cámara de mi teléfono).
Volvamos al sobre. La Luna tiene un diámetro de 3476 Km. Vamos a suponer que la cámara del fotógrafo portentoso, que dice que era más o menos normal, tuviese una resolución de 12,1 Megapíxeles, de modo que sus fotografías serían de 4000x3000 píxeles. Para seguir sin echar mano de la calculadora vamos a aceptar que la Luna ocupase esos 4000 píxeles y redondear el resultado. Tendríamos que
Es decir, cada píxel de la imagen equivaldría a un kilómetro de superficie lunar. Y eso, recordemos, en el caso de una foto tomada por un telescopio. Sin entrar en detalles (que no caben en el sobre), parece evidente que una "simple cámara" no podría llegar nunca a tanta resolución, de modo que el fotógrafo se quedaría aún más lejos de esos 70 metros. O, lo que es lo mismo, no tendría resolución suficiente para fotografiar el asteroide.
De hecho no podría hacerlo ni él ni nadie. Volvamos a nuestro sobre, pero esta vez vamos a hacer un cálculo un poco más complicado (y sí, ahora con calculadora). La llamada "fórmula de ángulo pequeño" relaciona (aproximadamente) la distancia de un objeto, su tamaño aparente y su diámetro real. En su forma más habitual se suele escribir como
Centro Investigador, que como su nombre indica, es... bueno, esto.
De modo que ya lo ven: Manuel Morriones es un investigador... del fenómeno ovni. Sí, de esos que se van con su chaleco multibolsillos a las alertas ufológicas y demás parafernalia. Como yo, en el fondo, soy un pedazo de pan, pensaré que este animoso investigador, sencillamente, es incapaz de saber lo que ha fotografiado (porque la alternativa, es decir, que sí que sepa lo que ha fotografiado, le dejaría en peor lugar aún). Pero, en cualquier caso, si esto es una muestra de la calidad de sus investigaciones ufológicas...
Pero, ¿saben? En realidad no hay problema. Estas cosas no son tan raras en la ufología española. Y, como hemos visto, tampoco en los medios y agencias de noticias. En fin...
En el interior, el reportaje publicaba una segunda fotografía,
y contaba que
Manuel Moriones, un madrileño aficionado a la astronomía, ha logrado captar en Isla Cristina (Huelva) unas imágenes inéditas de lo que parece ser el paso de un asteroide sobre la Tierra. Según el autor de la fotografía, se trata de la roca espacial 2010 RF12 que hace unos días pasó muy cerca de nuestro planeta. La instantánea fue captada con una simple cámara, sin telescopio.
Precisamente fue eso último lo que más me llamó, que captase las fotos sin telescopio. ¿Es eso posible?
Pues más bien no. Y vamos a verlo con los datos que proporciona el propio artículo, sin ir más lejos.
Dice el texto que
El primer asteroide, el 2010 RX30 con un tamaño de entre diez y veinte metros de diámetro, pasó a las 9:51 a menos de 0.6 distancias lunares de la Tierra (unos 248.000 kilómetros), mientras que el segundo, el 2010 RF12, con tamaño de entre seis y catorce metros, pasó a 0.2 distancias lunares (unos 79 000 kilómetros) una horas después, a las 23:12.
Moriones realizó las fotografías a las 23:25 horas en la playa onubense, de forma que sería el segundo objeto el que se refleja en las imágenes. El investigador, afincado en Madrid, ha indicado que sólo tuvo que adentrarse unos metros en el mar para captar una imagen que considera "histórica".
No nos complicaremos mucho y utilizaremos la técnica del "cálculo del reverso de sobre". Tal que así:
Como ven el sobre no deja mucho espacio disponible, pero tampoco hace falta demasiado. De hecho, para empezar basta con un par de reglas de tres. Según la mayor de las estimaciones que cita el periódico, el asteroide tendría 14 metros de diámetro. Por otra parte, se encontraba a 79 000 Km de distancia. Haciendo unos numeritos
Lo que ha conseguido este señor equivaldría a fotografiar un disco de 14 mm de diámetro a... ¡79 Km de distancia! Para que se hagan una idea, un céntimo de euro mide algo más de 16 mm de diámetro. No hace falta tener muchas luces para darse cuenta de que semejante proeza es sencillamente imposible, ¿verdad?
En fin, que ni siquiera hemos necesitado el poco espacio libre que nos dejaba el sobre para darnos cuenta de que la noticia es un disparate. Pero, ya que lo tenemos, vamos a seguir.
Podemos verlo de otra manera. Una fotografía capaz de captar un objeto de 14 metros a 79 000 Km de distancia, ¿qué podría captar sobre la superficie de la luna? Haciendo de nuevo unos cálculos (y redondeando para no echar mano de la calculadora) tenemos que
¿Es posible desde La Tierra resolver objetos de 70 m situados sobre la superficie lunar? Una primera aproximación a la cuestión nos dice que no. Por ejemplo, observen esta foto:
Fue captada a través de un telescopio (de hecho, con la cámara de mi teléfono).
Volvamos al sobre. La Luna tiene un diámetro de 3476 Km. Vamos a suponer que la cámara del fotógrafo portentoso, que dice que era más o menos normal, tuviese una resolución de 12,1 Megapíxeles, de modo que sus fotografías serían de 4000x3000 píxeles. Para seguir sin echar mano de la calculadora vamos a aceptar que la Luna ocupase esos 4000 píxeles y redondear el resultado. Tendríamos que
Es decir, cada píxel de la imagen equivaldría a un kilómetro de superficie lunar. Y eso, recordemos, en el caso de una foto tomada por un telescopio. Sin entrar en detalles (que no caben en el sobre), parece evidente que una "simple cámara" no podría llegar nunca a tanta resolución, de modo que el fotógrafo se quedaría aún más lejos de esos 70 metros. O, lo que es lo mismo, no tendría resolución suficiente para fotografiar el asteroide.
De hecho no podría hacerlo ni él ni nadie. Volvamos a nuestro sobre, pero esta vez vamos a hacer un cálculo un poco más complicado (y sí, ahora con calculadora). La llamada "fórmula de ángulo pequeño" relaciona (aproximadamente) la distancia de un objeto, su tamaño aparente y su diámetro real. En su forma más habitual se suele escribir como
D=ad/206.265
Donde D es el diámetro real del objeto, a su tamaño aparente en segundos de arco, y d la distancia.
En este caso lo que conocemos es precisamente la distancia (79 000 Km) y el diámetro real del objeto (14 m), de modo que podemos emplear la fórmula para encontrar su tamaño aparente:
¿Cómo podríamos observar un objeto de 0,0366 segundos de arco? Pues difícilmente. Ni con la cámara de este señor, ni con mi telescopio, ni con el mismísimo Hubble. De hecho, el Hubble alcanza una resolución óptica de 0,1 segundos de arco, y aunque su óptica no le permite alcanzar la cantidad de "aumentos" que los mayores telescopios con base en tierra, estos se ven lastrados por los efectos de la atmósfera, que impiden obtener resoluciones mayores de 0,5 arcosegundos.
Eso directamente, claro. Se podría llegar a captar un objeto como el asteroide de marras gracias a la luz solar que reflejaba, y aunque su tamaño sería insuficiente para llegar a resolverlo y captar su forma, el fotógrafo quizá podría haber captado un puntito brillante. De hecho así es como fueron descubiertos estos objetos y así es como se ha podido captar algunas fotos de ellos... que no tienen nada que ver con las que publica el periódico, a pesar de haber sido obtenidas con telescopio. Porque resulta que 2010 RF12 alcanzó una magnitud aparente de aproximadamente 12, es decir, unas 250 veces menos brillante que las estrellas más débiles que pueden observarse a simple vista. Y, desde luego, muchísimo menos luminoso que lo que podría captar una "simple cámara".
De todos modos reconozco que todos estos cálculos sobran. Bastaría con el primero, es decir, el hecho de que las fotos equivaldrían a fotografiar desde Madrid un céntimo de euro situado en Ávila, para darse cuenta de que la afirmación es un puro disparate. Por muy brillante que fuera el céntimo de euro.
Lo cual, por cierto, no ha impedido que la "noticia" se publicase no solo en ABC, sino en Huelva Información, ADN, El Día o Terra Noticias. En algunos casos, para más sarcasmo, en la sección de ciencia y tecnología. Evidentemente, en ninguno de estos medios hubo nadie que se mosquease lo más mínimo ante la noticia y hubiese hecho unas mínimas comprobaciones, pero es que tampoco lo hubo en la fuente de la noticia, la Agencia Efe, que no parece preocuparse demasiado por estar a la altura de ese lema que nos coloca Google cuando buscamos su dirección de internet.
Claro que tampoco parece que se mosquease mucho el autor de las fotos. Algo muy extraño si tenemos en cuenta que, según la noticia, este buen señor es un "investigador". Pero, ¿qué clase de investigador?
Pues la respuesta la tenemos en alguna otra publicación de las que han picado, como La Vanguardia, que dice que este señor
trabaja para el Centro de Investigador de Fenómenos Extraños (CIFE) de la Comunidad madrileña
Centro Investigador, que como su nombre indica, es... bueno, esto.
De modo que ya lo ven: Manuel Morriones es un investigador... del fenómeno ovni. Sí, de esos que se van con su chaleco multibolsillos a las alertas ufológicas y demás parafernalia. Como yo, en el fondo, soy un pedazo de pan, pensaré que este animoso investigador, sencillamente, es incapaz de saber lo que ha fotografiado (porque la alternativa, es decir, que sí que sepa lo que ha fotografiado, le dejaría en peor lugar aún). Pero, en cualquier caso, si esto es una muestra de la calidad de sus investigaciones ufológicas...
Pero, ¿saben? En realidad no hay problema. Estas cosas no son tan raras en la ufología española. Y, como hemos visto, tampoco en los medios y agencias de noticias. En fin...
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9 de diciembre de 2009
27 de octubre de 2009
Creer o saber
Supongo que conocerán ustedes la abracadabrante historia de los ovnis gallegos. Si no es así, no se preocupen: la cuento yo estupendamente ;-) en el número 7 de la Circular Escéptica, que pueden adquirir no en el puesto instalado en el hall del teatro, sino suscribiéndose gratuitamente en la web de Círculo Escéptico.
Bueno, bromas aparte, seguro que recuerdan la historia: se trataba de una supuesta "oleada ovni" gallega que acabó siendo una campaña de publicidad viral del portal Terra.
Ahora fuercen la memoria bastante menos. Ayer mismo se conoció la noticia del meteorito que cayó en letonia. Y, pocas horas después, se supo que también se trataba de una campaña de publicidad viral.
Ambas noticias, en fin, guardan un asombroso paralelismo. Salvo por un detalle: la reacción de los, digamos, más directamente "afectados", que en el caso de los ovnis gallegos eran los ufólogos y los creyentes en los platillos volantes, y en el del meteorito trucho... no sé, digo yo que serán los astrónomos y astrofísicos.
Las reacciones de los devotos platillistas fueron por regla general de santa indignación contra Terra por lo que consideraron como una burla. Con un pequeño sector disidente, eso sí, que también clamaba de indignación, pero no porque creyeran que Terra les había gastado una broma que para ellos era de pésimo gusto, sino, peor aún, porque estaban convencidos de que el portal de noticias les estaba ocultando la Horrible Verdad siguiendo las Directrices de la Gran Conspiración o Así. Y es que, al fin y al cabo, algunos de esos conspiranoicos se habían tomado un esfuerzo considerable en demostrar cinetíficamente la autenticidad de los vídeos del ovni. Y claro, no iban a dejar que algo tan nimio como la cruda realidad les jorobase el invento, ¿no creen?
Pasemos ahora a la reacción de los astrónomos y astrofísicos al fiasco del meteorito letón. Mmmh... nada por aquí, nada por allá... Si acaso, alguna que otra rectificación con buen humor por parte de quienes dieron por buena la noticia, pero nada de rabietas, lloriqueos ni gritos de "¡mamá, el Nene Malo de Negro me ha engañadooooo!"
¿Cual es el problema? Pues el de siempre en estas cosas de la ufología: la creencia en los platillos volantes no deja de ser una forma de fe como otra cualquiera, una aceptación acrítica de dogmas y creencias sagrados. Tanto que, cuando esos dogmas son tomados a la ligera, los creyentes se indignan por lo que toman como una burla a sus convicciones (en el caso de los cabreados con Terra) o simplemente niegan la mayor (en el de los también cabreados con Terra, pero además convencidos de que esto es cosa de la CIA empeñada en ocultar la verdad). Puede que no todos hayan clavado en la pared el famoso póster del "I want to believe", pero no les hace falta: lo tienen bien clavadito en su interior.
En cambio, la astronomía y la astrofísica son conocimientos científicos, y como tales se aferran a la realidad, guste o no guste. Por supuesto, puede haber algún garbanzo negro, alguien que también confunda sus deseos con realidades, pero la norma, es decir, lo normal, es que se acepten las cosas como son. Y si el meteorito resulta que no era tal, pues nada, a reír la gracia si es que la tiene, y a otra cosa. Nada de santas cruzadas contra los que parieron la falsa noticia, ni de acusar a cualquiera sabe qué Oscuras Fuerzas del Mal de querer ocultarnos una auténtica caída de un pedrusco espacial.
Y esa, y no otra, es la razón por la que la ufología no dejará nunca de ser un simulacro de ciencia, salvo en aquellos poquísimos casos en los que se la plantean más como el estudio de un fenómeno sociológico que otra cosa. La fe, dicen, mueve montañas, pero en realidad lo que hace es colocárnoslas delante de los ojos para que no veamos la realidad.
Y así, queridos ufólatras, no conseguiréis ir ni a Raticulín ni a ninguna parte...
Bueno, bromas aparte, seguro que recuerdan la historia: se trataba de una supuesta "oleada ovni" gallega que acabó siendo una campaña de publicidad viral del portal Terra.
Ahora fuercen la memoria bastante menos. Ayer mismo se conoció la noticia del meteorito que cayó en letonia. Y, pocas horas después, se supo que también se trataba de una campaña de publicidad viral.
Ambas noticias, en fin, guardan un asombroso paralelismo. Salvo por un detalle: la reacción de los, digamos, más directamente "afectados", que en el caso de los ovnis gallegos eran los ufólogos y los creyentes en los platillos volantes, y en el del meteorito trucho... no sé, digo yo que serán los astrónomos y astrofísicos.
Las reacciones de los devotos platillistas fueron por regla general de santa indignación contra Terra por lo que consideraron como una burla. Con un pequeño sector disidente, eso sí, que también clamaba de indignación, pero no porque creyeran que Terra les había gastado una broma que para ellos era de pésimo gusto, sino, peor aún, porque estaban convencidos de que el portal de noticias les estaba ocultando la Horrible Verdad siguiendo las Directrices de la Gran Conspiración o Así. Y es que, al fin y al cabo, algunos de esos conspiranoicos se habían tomado un esfuerzo considerable en demostrar cinetíficamente la autenticidad de los vídeos del ovni. Y claro, no iban a dejar que algo tan nimio como la cruda realidad les jorobase el invento, ¿no creen?
Pasemos ahora a la reacción de los astrónomos y astrofísicos al fiasco del meteorito letón. Mmmh... nada por aquí, nada por allá... Si acaso, alguna que otra rectificación con buen humor por parte de quienes dieron por buena la noticia, pero nada de rabietas, lloriqueos ni gritos de "¡mamá, el Nene Malo de Negro me ha engañadooooo!"
¿Cual es el problema? Pues el de siempre en estas cosas de la ufología: la creencia en los platillos volantes no deja de ser una forma de fe como otra cualquiera, una aceptación acrítica de dogmas y creencias sagrados. Tanto que, cuando esos dogmas son tomados a la ligera, los creyentes se indignan por lo que toman como una burla a sus convicciones (en el caso de los cabreados con Terra) o simplemente niegan la mayor (en el de los también cabreados con Terra, pero además convencidos de que esto es cosa de la CIA empeñada en ocultar la verdad). Puede que no todos hayan clavado en la pared el famoso póster del "I want to believe", pero no les hace falta: lo tienen bien clavadito en su interior.En cambio, la astronomía y la astrofísica son conocimientos científicos, y como tales se aferran a la realidad, guste o no guste. Por supuesto, puede haber algún garbanzo negro, alguien que también confunda sus deseos con realidades, pero la norma, es decir, lo normal, es que se acepten las cosas como son. Y si el meteorito resulta que no era tal, pues nada, a reír la gracia si es que la tiene, y a otra cosa. Nada de santas cruzadas contra los que parieron la falsa noticia, ni de acusar a cualquiera sabe qué Oscuras Fuerzas del Mal de querer ocultarnos una auténtica caída de un pedrusco espacial.
Y esa, y no otra, es la razón por la que la ufología no dejará nunca de ser un simulacro de ciencia, salvo en aquellos poquísimos casos en los que se la plantean más como el estudio de un fenómeno sociológico que otra cosa. La fe, dicen, mueve montañas, pero en realidad lo que hace es colocárnoslas delante de los ojos para que no veamos la realidad.
Y así, queridos ufólatras, no conseguiréis ir ni a Raticulín ni a ninguna parte...
29 de enero de 2009
El "ovni" de Obama
Dentro del fabuloso mundo del circo de lo paranormal la ufología es probablemente una de las “disciplinas” que generan más noticias estrafalarias, bufas o, simplemente, idiotas. Y para noticia idiota, la del supuesto ovni que sobrevoló la toma de posesión de Barack Obama como Presidente de EE.UU. es de las que se llevan la palma.
Por si no lo han oído aún, la noticia es eso mismo, que un ovni sobrevoló el “mall” de Washington mientras Obama estaba jurando su cargo. Ovni que fue captado por las cámaras de la CNN, nada menos. Lo pueden ver en este espectacular vídeo de una cadena rival, la Fox:
¿Impresionados? Yo tampoco. Y por lo visto, tampoco los de la CNN. Como pueden ver en el vídeo original, el supuesto platillo volante no interrumpe ni un momento los sesudos comentarios de los invitados al programa, no desata gritos de pánico en el realizador, y ni siquiera hace inmutarse al operador de la cámara.
Ni a mí, de modo que cuando me enteré de la noticia gracias a Alejandro Agostinelli me limité a reírme un poco, dejar mi comentario irónico en el blog, y olvidarme del tema.
Craso error, por lo visto, porque sí que hubo quien se lo tomó en serio. O así. Me refiero al programa de radio La Brújula, de Onda Cero. El miércoles pasado, mientras regresaba a casa después de hacer mi propio programa de radio, sintonicé el programa justo cuando empezaban a hablar del dichoso ovni de Obama.
En honor a la verdad creo que no debían haber visto el vídeo, porque me pareció entender que la noticia se la había facilitado algún oyente. Pero digo yo que tampoco hacía falta que lo vieran; bastaba con hacer un rápido equivalente mental de un "cálculo en el reverso de un sobre" para valorar la noticia como lo que es, o sea, una chorrada como un piano. Y es que estamos hablando de un acontecimiento transmitido en directo a todo el mundo por decenas, quizá cientos de cadenas de televisión, con una asistencia de cerca de un millón de personas que abarrotaban el "mall", y que probablemente llevarían un número parecido de cámaras fotográficas, y con un nivel de vigilancia por tierra, aire y espacio como jamás se ha visto hasta ahora. Sin embargo, resulta que no hay más grabaciones de vídeo del dichoso ovni, no han aparecido fotos, no hubo gritos histéricos o señales de la más mínima alarma por parte de la gente, y desde luego no consta que la Fuerza Aérea de Estados Unidos inundara el aire de F-16 a la caza de lo que sin duda habría sido considerada una potencial amenaza contra su nuevo jefe supremo. Nada de nada.
Naturalmente, un creyente acérrimo en los ovnis podría echar mano de los Hombres de Negro, el contubernio entre los marcianos y los norteamericanos y cualquier otra chorrada por el estilo para seguir sosteniendo que, después de todo, sí que había por allí un platillo volante tomando también sus fotos del juramento de Obama. Al fin y al cabo eso de "I want to believe", "quiero creer", está por algo, ¿verdad? Sin embargo, no creo que ni usted, que sin duda es una persona razonable (como demuestra el hecho de estar leyendo este blog), ni yo, ni desde luego un programa de radio serio le dedicásemos ni un minuto de tiempo a la anécdota.
Pero claro, al fin y al cabo uno es un recalcitrante escéptico, y siempre puede haber alguien que piense que todo esto lo digo porque yo también estoy a sueldo de la Gran Conspiración Que Pretende Ocultar La Verdad Al Mundo Y Todo Eso. Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a levantar el culo del sillón y ponerme el chaleco multibolsillos y hacer mi propia investigación de campo.
(Me refiero a que el chaleco multibolsillos está en el armario del piso de arriba, y para llegar hasta allí tengo que levantar el culo del sillón y salir al jardín que, tras el vendaval y el incendio del fin de semana, está hecho talmente un campo de batalla).
Hala, ya he vuelto. Vamos con la investigación.
Vamos con el vídeo original, el de la CNN, y capturemos un fotograma poco después de que el ovni aparezca en pantalla. Este mismo:

¿Se dan cuenta? En efecto, el platillo volante pasa frente al... bueno, al Washington Memorial. Que es el obelisco que hay a la derecha de la imagen, lo que pasa es que a los norteamericanos, no sé por qué, les cabrea muchísimo que lo llamen obelisco.
Esto ya nos da una primera pista de por dónde pueden ir los tiros: no se trata de un platillo volante grande y lejano que recorre una gran distancia en un par de segundos, sino algo más pequeño y que, por tanto, hace un recorrido también más corto.
Pero claro, pudiera ser que se tratase de un ovni pequeñín, pequeñín. Vaya, incluso eso podría explicar la clamorosa falta de respuesta por parte de los asistentes al acto: seguro que el Servicio Secreto o las Fuerzas Aéreas lo detectaron, pero pocos espectadores no se dieron cuenta. Hipótesis (empleo la palabra en el sentido -o falta de sentido- ufológico del término, no me lo tengan en cuenta) que tiene la ventaja de que reduciría mucho la cantidad de Hombres de Negro necesarios para meter miedo a los testigos.
O a lo mejor era otra cosa. Justo antes, cuando el ovni aparece en pantalla, puede observarse esta secuencia:


Y un poco después esta otra:



Ya sé que la calidad es pésima, y que haría falta una grabación mejor y con todos sus fotogramas para apreciarlo con seguridad, pero... ¿no les parece que cambia sutilmente de forma? ¿No les parece... no les parece que podría ser simplemente un pajarito volando, y los "cambios de forma" se corresponden con el movimiento de las alas?
A mí sí, qué quieren que les diga.
Aunque claro, esa es mi opinión. Siempre cabe la posibilidad de que se tratase de un platillo volante, sí, pero pequeñito y disfrazado de pájaro. Con lo cual seguimos salvando la "hipótesis ovni" y encima nos ahorramos los Hombres de Negro, que ya no harían falta para amedrentar a los testigos (engañados por el ingeniosísimo disfraz) y que, como mucho, sólo tendrían que intervenir en caso de que algún avispado ufólogo diese con esta explicación. Cosa que dudo porque...
Ups, disculpen. Hay unos tipos vestidos de luto riguroso llamando a la puerta. Vuelvo enseguida...
Por si no lo han oído aún, la noticia es eso mismo, que un ovni sobrevoló el “mall” de Washington mientras Obama estaba jurando su cargo. Ovni que fue captado por las cámaras de la CNN, nada menos. Lo pueden ver en este espectacular vídeo de una cadena rival, la Fox:
¿Impresionados? Yo tampoco. Y por lo visto, tampoco los de la CNN. Como pueden ver en el vídeo original, el supuesto platillo volante no interrumpe ni un momento los sesudos comentarios de los invitados al programa, no desata gritos de pánico en el realizador, y ni siquiera hace inmutarse al operador de la cámara.
Ni a mí, de modo que cuando me enteré de la noticia gracias a Alejandro Agostinelli me limité a reírme un poco, dejar mi comentario irónico en el blog, y olvidarme del tema.
Craso error, por lo visto, porque sí que hubo quien se lo tomó en serio. O así. Me refiero al programa de radio La Brújula, de Onda Cero. El miércoles pasado, mientras regresaba a casa después de hacer mi propio programa de radio, sintonicé el programa justo cuando empezaban a hablar del dichoso ovni de Obama.
En honor a la verdad creo que no debían haber visto el vídeo, porque me pareció entender que la noticia se la había facilitado algún oyente. Pero digo yo que tampoco hacía falta que lo vieran; bastaba con hacer un rápido equivalente mental de un "cálculo en el reverso de un sobre" para valorar la noticia como lo que es, o sea, una chorrada como un piano. Y es que estamos hablando de un acontecimiento transmitido en directo a todo el mundo por decenas, quizá cientos de cadenas de televisión, con una asistencia de cerca de un millón de personas que abarrotaban el "mall", y que probablemente llevarían un número parecido de cámaras fotográficas, y con un nivel de vigilancia por tierra, aire y espacio como jamás se ha visto hasta ahora. Sin embargo, resulta que no hay más grabaciones de vídeo del dichoso ovni, no han aparecido fotos, no hubo gritos histéricos o señales de la más mínima alarma por parte de la gente, y desde luego no consta que la Fuerza Aérea de Estados Unidos inundara el aire de F-16 a la caza de lo que sin duda habría sido considerada una potencial amenaza contra su nuevo jefe supremo. Nada de nada.
Naturalmente, un creyente acérrimo en los ovnis podría echar mano de los Hombres de Negro, el contubernio entre los marcianos y los norteamericanos y cualquier otra chorrada por el estilo para seguir sosteniendo que, después de todo, sí que había por allí un platillo volante tomando también sus fotos del juramento de Obama. Al fin y al cabo eso de "I want to believe", "quiero creer", está por algo, ¿verdad? Sin embargo, no creo que ni usted, que sin duda es una persona razonable (como demuestra el hecho de estar leyendo este blog), ni yo, ni desde luego un programa de radio serio le dedicásemos ni un minuto de tiempo a la anécdota.
Pero claro, al fin y al cabo uno es un recalcitrante escéptico, y siempre puede haber alguien que piense que todo esto lo digo porque yo también estoy a sueldo de la Gran Conspiración Que Pretende Ocultar La Verdad Al Mundo Y Todo Eso. Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a levantar el culo del sillón y ponerme el chaleco multibolsillos y hacer mi propia investigación de campo.
(Me refiero a que el chaleco multibolsillos está en el armario del piso de arriba, y para llegar hasta allí tengo que levantar el culo del sillón y salir al jardín que, tras el vendaval y el incendio del fin de semana, está hecho talmente un campo de batalla).
Hala, ya he vuelto. Vamos con la investigación.
Vamos con el vídeo original, el de la CNN, y capturemos un fotograma poco después de que el ovni aparezca en pantalla. Este mismo:

¿Se dan cuenta? En efecto, el platillo volante pasa frente al... bueno, al Washington Memorial. Que es el obelisco que hay a la derecha de la imagen, lo que pasa es que a los norteamericanos, no sé por qué, les cabrea muchísimo que lo llamen obelisco.
Esto ya nos da una primera pista de por dónde pueden ir los tiros: no se trata de un platillo volante grande y lejano que recorre una gran distancia en un par de segundos, sino algo más pequeño y que, por tanto, hace un recorrido también más corto.
Pero claro, pudiera ser que se tratase de un ovni pequeñín, pequeñín. Vaya, incluso eso podría explicar la clamorosa falta de respuesta por parte de los asistentes al acto: seguro que el Servicio Secreto o las Fuerzas Aéreas lo detectaron, pero pocos espectadores no se dieron cuenta. Hipótesis (empleo la palabra en el sentido -o falta de sentido- ufológico del término, no me lo tengan en cuenta) que tiene la ventaja de que reduciría mucho la cantidad de Hombres de Negro necesarios para meter miedo a los testigos.
O a lo mejor era otra cosa. Justo antes, cuando el ovni aparece en pantalla, puede observarse esta secuencia:


Y un poco después esta otra:



Ya sé que la calidad es pésima, y que haría falta una grabación mejor y con todos sus fotogramas para apreciarlo con seguridad, pero... ¿no les parece que cambia sutilmente de forma? ¿No les parece... no les parece que podría ser simplemente un pajarito volando, y los "cambios de forma" se corresponden con el movimiento de las alas?
A mí sí, qué quieren que les diga.
Aunque claro, esa es mi opinión. Siempre cabe la posibilidad de que se tratase de un platillo volante, sí, pero pequeñito y disfrazado de pájaro. Con lo cual seguimos salvando la "hipótesis ovni" y encima nos ahorramos los Hombres de Negro, que ya no harían falta para amedrentar a los testigos (engañados por el ingeniosísimo disfraz) y que, como mucho, sólo tendrían que intervenir en caso de que algún avispado ufólogo diese con esta explicación. Cosa que dudo porque...
Ups, disculpen. Hay unos tipos vestidos de luto riguroso llamando a la puerta. Vuelvo enseguida...
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